Opinión

¿Economía o salud? Evolucionemos en la forma de medir bienestar de un país

¿Economía o salud? Es un dilema que se ha planteado en este contexto. Se toma partido por uno u por otro, cuando lo cierto es que tal dicotomía no existe.

Álvaro Bronstein Roman

03/07/2020

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Fuente: Shutterstock

¿Economía o salud? Evolucionemos en la forma de medir bienestar de un país

¿Economía o salud? Es un dilema que se ha planteado en este contexto. Se toma partido por uno u por otro, cuando lo cierto es que tal dicotomía no existe.

Álvaro Bronstein Roman

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¿Economía o salud? Últimamente es un dilema que se plantean muchos líderes y países. La gente está tomando partido por uno u por otro cuando lo cierto es que tal dicotomía no existe. Por un lado, está la preocupación en cómo la situación de cuarentena aumenta la cantidad de desempleados, de empresas en situación de crisis y de personas sin un ingreso mínimo para sustentarse. Por el otro el relajamiento de la cuarentena que ha generado un colapso de los sistemas de salud, aumento de contagiados y fallecimientos por el coronavirus.

Lo cierto es que no deberíamos ser fanáticos de una u otra postura, ya que no puede existir una sin la otra y el bienestar de los habitantes de un país no depende de una sola variable en exclusiva.

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El debate de cómo medir el bienestar de un país

Esto es algo que, si bien se discute hace años, cada vez está tomando más fuerza y probablemente esta crisis lo esté acelerando. En los últimos 50-60 años se ha mantenido con una aceptación mayoritaria el medirlo principalmente por el desempeño de la economía.

Es común escuchar a políticos y líderes empresariales en los medios diciendo que estamos bien cuando hay un crecimiento de la economía (medido en PIB= Producto Interno Bruto), bajas tasas de desempleo, crecimiento del comercio, entre otras variables.

No cabe duda de que uno de los elementos para medir el bienestar es tener ciertos ingresos que cubran las necesidades básicas mínimas que permitan una buena alimentación, vivienda y servicios básicos entre otras cosas. Pero, mi punto es que midiendo solo estas variables probablemente no logramos el objetivo de saber cómo estamos.

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Ejemplos y errores en la manera de medir este bienestar

Por ejemplo, una realidad es que una vez cubiertas las necesidades básicas el bienestar no sigue aumentando linealmente con cada peso extra que ganamos. De hecho, pasado el punto donde cubrimos las necesidades básicas cada nuevo peso aumenta en menor medida nuestro bienestar o felicidad y llegado a cierto punto ya directamente no influye en la misma.

Otro error de esta manera de medir es que una persona que se encuentra enferma comprando medicamentos y gastando en salud, pagando por un crédito para comprarse su casa, que se abastece de alimentos y productos que vienen de lugares muy lejos genera una economía de mayor crecimiento que alguien que es dueño de su casa, produce parte de sus alimentos y no tiene enfermedades.

Es decir que el primer individuo genera mayor PIB y por ende con muchos de estos individuos tenemos una economía “más sana” que con muchos sanos autoabasteciéndose. ¿Paradójico no?

La búsqueda de otras estrategias para medir el bienestar

Es por esto que se necesita una evolución en la manera de medir el bienestar de las personas en un país que pueda incorporar ciertos elementos que hoy no se miden y comunican regularmente, o con la misma prioridad que los económicos.

Además de sumarle relevancia a los índices relacionados al acceso a servicios de salud y educación de calidad es importante incluir algunos otros que en general no se encuentran presentes en el discurso público. Por ejemplo, ¿cómo podríamos incorporar variables que apunten a la felicidad y autorrealización?

El sentirse querido y querer, tener un trabajo que me apasione, el sentirme parte de una comunidad que me da soporte, sentirse respetado, acceso a espacios naturales y un ambiente limpio, a entretención y cultura, el tener la capacidad de proyectarse a futuro pudiendo tener sueños y tener a disposición la capacidad de lograrlos, en fin, variables que hoy muchas veces no están en la discusión cotidiana.

ECONOMIA O SALUD 5
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El Índice de Desarrollo Humano y el Índice de Progreso Social

Aunque imperfectos, como toda medición que busca simplificar la realidad, algunos de los índices superadores a los actuales que intentan captar esto y que han tomado más fuerza son el Índice de Desarrollo Humano (IDH), el Índice de Progreso Social (SPI) y el Índice de Felicidad.

El Índice de Desarrollo Humano lo usa el PNUD (Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas) desde 1990 e incorpora elementos relacionados a acceso a salud, educación, servicios básicos, distribución de ingresos y medio ambiente aunque carece en la medición de como las personas se sienten (autorrealización, felicidad, pertenencia, entre otros). El último informe de 2019 se puede ver en este link.

Menos adoptado, pero también valioso, es el Índice de Progreso Social (SPI). Es en sí mismo una ONG que en 2014 desarrolló este índice que además de medir los elementos antes mencionados también incluye elementos de integración/inclusión de minorías, libertades y derechos, así como acceso a tecnologías de la información. Por ahora solo disponible en inglés se puede encontrar en este link.

felicidad
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Una nueva variable: el Índice de Felicidad

Finalmente, el Índice de Felicidad es un reporte generado anualmente por un grupo de ONG, universidades y empresas que busca medir el índice de bienestar, satisfacción y felicidad de los habitantes en 156 países del mundo y que fue inspirado por la política de felicidad del gobierno de Bhutan.

Lo interesante de esta medición es que a diferencia de otros, busca deliberadamente medir el cómo se sienten las personas en relación a sus vidas, el ambiente que los rodea, sus comunidades, por mencionar algunos de los aspectos. Para ver los resultados del último informe se puede acceder a este link.

Probablemente, ninguno de estos índices sirve por si solo para medir la compleja realidad, pero a mi parecer no cabe duda de que son superadores a la manera lineal que tenemos hoy de medir bienestar de los habitantes un país.

Ya hay países como Nueva Zelanda, o ciudades como Amsterdam y Barcelona que parecen estar planificando con estos conceptos en mente; por lo que es deber de nosotros como ciudadanos también plantear estas formas de medir a nuestros gobernantes y líderes sociales.

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Como toda evolución puede que vayan surgiendo distintas ramas evolutivas con algunos tropiezos, hasta que una de éstas pase a ser la nueva norma. Lo relevante es que no nos dejemos de preguntar cómo medir de mejor manera lo que consideramos bienestar o felicidad, porque desde ahí surgirán los proyectos comunes que tenemos como sociedad.


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