Opinión

El coronavirus está acelerando el futuro del trabajo hacia una utopía o distopía: ¿a cuál queremos ir?

Nos enfrentamos a grandes cambios en nuestra forma de vivir y debemos tomar una decisión.

Álvaro Bronstein Roman

Actualizada 25/08/2020

Opinión

El coronavirus está acelerando el futuro del trabajo hacia una utopía o distopía: ¿a cuál queremos ir?

Nos enfrentamos a grandes cambios en nuestra forma de vivir y debemos tomar una decisión.

Álvaro Bronstein Roman

El coronavirus está acelerando muchos procesos de cambio en todo ámbito y el mundo del trabajo es probablemente uno de los más afectados. El nivel de desempleo ha aumentado en todos los países por las crisis en industrias de turismo, aviación, comercio y personal doméstico. El antes anhelado “home office” es hoy un cara y sello.

Por una parte, ha traído la gran posibilidad de reconectar a las familias, a tener a los padres y madres más presentes en sus hogares. Pero, por otro, ha generado grandes tensiones por la necesidad de hacer malabares entre nuestros compromisos profesionales y laborales.

La adopción de herramientas digitales de trabajo en línea en muchos casos nos han permitido ser más eficientes ahorrando tiempos y costos de transporte, haciéndonos dudar de si en el futuro será necesario seguir acudiendo a un lugar físico para trabajar.

La contracara es que al mismo tiempo se pierden instancias no formales de compartir con mis compañeros de trabajo como el almuerzo, el café y la conversación de pasillo para poder llegar a conocerlos desde otros prismas que nos ayudan a sentirlos más cerca y aumentar nuestro sentido de pertenencia.

Esta columna busca confrontar una potencial utopía del futuro del mundo del trabajo con una distopía del mismo con el objetivo de reflexionar y generar acciones hacia el futuro que queremos.

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Distopía laboral: La Gran Pausa

Año 2040 y estamos teniendo una charla de sobremesa con mi hija de 22 años.

-“Pero Papá no entiendo. ¿Me dices que sabían que todos estos avances tecnológicos podían traer gran desempleo y no hicieron nada para preparar a las personas?”

-“Sí Luz, lo cierto es que veíamos cómo avanzaban las tecnologías pero no supimos cómo preparar a la población para este cambio”

-“¿Ufff y ahora qué podemos hacer?”

-“Tratar de sobreponernos y generar planes para que las personas puedan actualizar sus conocimientos”

Lo cierto es que lo vimos venir, pero las acciones que realizamos como humanidad no fueron las suficientes. Los grandes avances tecnológicos de automatización trajeron grandes avances productivos generando la destrucción de muchos empleos existentes. Inicialmente fueron las tareas más repetitivas y menos deseadas, pero prontamente la inteligencia artificial comenzó a realizar profesiones más especializadas como abogado, contador y médico mejor que los humanos. En un principio a valores inaccesibles pero con la masificación rápidamente se comenzó a tener asesores virtuales de todo tipo por bajos costos.

Sin duda que con la destrucción de empleo también vino la generación de muchas nuevas áreas de especialización en gran parte relacionadas al ámbito tecnológico. El problema es que como humanidad no supimos preparar a la gran mayoría de personas que venían retrasadas en la adopción de tecnologías dejando a muchas personas sin posibilidad de subir a ese tren. Las personas de mayor edad fueron quedando fuera, así como los de menores recursos que no tenían acceso a los nuevos dispositivos y softwares.

Pero pronto también pasó con las personas que manejaban estas herramientas de manera intuitiva pero no como especialistas. Los nuevos obreros comenzaron a ser los programadores pero el problema es que al requerir de ciertos conocimientos básicos para formarlos y pocos espacios para educarse la transición no se dio de manera solapada.

Hoy nos encontramos en lo que los expertos llamaron “La Gran Pausa” que se estima durará una década. Es un período paradójico de alta producción, pero donde muchas personas no pueden acceder a elementos básicos dado el alto desempleo. Los gobiernos y espacios de educación reaccionaron tarde y se espera que recién pasados unos años la humanidad pueda reacomodarse con la nueva generación por venir.

La generación actual de psicólogos, doctores, arquitectos, contadores, obreros y otros que fueron relegados por la inteligencia artificial así como una gran cantidad de personas de baja calificación nunca lograron recibir la capacitación para entrar en este nuevo mercado. Se llegó al momento de mayor productividad de toda la historia pero con el menor nivel de bienestar en los últimos 40 años. No solo no se generó a tiempo un plan de ocupación laboral.

Tampoco se vio el cómo regular las posiciones monopólicas de las grandes empresas que desarrollaban la tecnología, teniendo estas hoy más peso que los propios gobiernos en las decisiones que influyen sobre las personas. Hoy son tan grandes e influyentes que incluso se hace muy difícil gravar impositivamente o regular ciertas actividades que hace 20 años no existían y por ende no se estipulaban.

La humanidad se enfrenta al dilema de que las personas necesitan seguir “trabajando para vivir” pero al mismo tiempo existe un mercado que no demanda trabajadores.

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Utopía ocupacional: Pasión por sobre función

Es el año 2040 y estamos teniendo una charla de sobremesa con mi hija de 22 años.

-“Pero Papá no entiendo. ¿Me dices que un 85% de las personas hacía durante 5 días a la semana y 8 horas al día algo que no les apasionaba?”.

-“Sí sí Luz, no lo inventé yo, lo decía una encuesta mundial de Gallup el 2017”.

-“Ufff. ¿Y por qué entonces las personas decidían hacer lo que hacían?”

-“Lo cierto es que las personas no siempre veían que esta actividad llamada trabajo debía apasionarles sino que solo lo veían como un medio de sustento”

-“Increíble, por suerte cambió”

-“Sí, no sabes la suerte que tienes”

Parece increíble pero hace 20 años era impensada la situación que estamos viviendo. La incorporación de inteligencia artificial y robots en prácticamente todas las labores de producción han generado una abundancia de productividad que hace que ya nadie se deba preocupar de hacer tareas no deseadas. Las nuevas generaciones no conocen el concepto de trabajo como lo vivíamos nosotros como medio de sustento.

Todas las personas ahora dedican su vida a labores que les apasionan teniendo en algunos casos una remuneración aunque en otros casos prefieren dedicarse a labores no remuneradas directamente. Esto es posible dado que existe una renta básica universal (proveniente de los impuestos que gravan las actividades de inteligencia artificial y robotización) lo que en conjunto con la vivienda y servicios básicos garantizados hacen que no “sea necesario” encontrar una actividad remunerada si no que más bien una que te apasione. Han proliferado las profesiones artísticas, manuales, artesanales y otras que en el pasado eran menos elegidas por sus bajas posibilidades de ingresos.

También surgieron nuevas generaciones de científicos, arqueólogos, historiadores y otras profesiones de personas que se apasionan por investigar en profundidad un tema que es de su interés. Las plazas se han llenado de nuevos filósofos que se juntan a discutir y reflexionar sobre humanismo, formas de gobierno y ética como en la antigua Grecia. Además surgieron nuevas ocupaciones como generadores de comunidad, acompañantes de personas solitarias, observadores de naturaleza que siempre de alguna manera aportan al bienestar general.

Irónicamente el salto tecnológico productivo al mismo tiempo nos hizo conectarnos más con nosotros mismos, con los otros y con el ambiente que nos rodea. Lo que significó empezar a bajar los niveles de consumismo dada nuestra mayor felicidad y satisfacción. La educación cambió de una lógica industrial donde se educaba para conseguir un trabajo a una donde se educa para potenciar los intereses, las herramientas para lograr llevar a cabo los planes propios y las habilidades personales que permiten una mejor humanidad.

Esto hace que las nuevas generaciones de curiosos y curiosas que egresan de las instituciones educativas sigan aportando a través de sus profesiones en avances y bienestar hacia toda la humanidad y el mundo ya que cada persona vive profundamente conectada a su quehacer. De hecho un cambio que trajo este paradigma es que todas las personas deciden continuar aprendiendo de manera interminable aunque de maneras diferentes a como estábamos acostumbrados. Se generan comunidades de práctica e intercambio, espacios abiertos virtuales y físicos de conocimiento, relaciones de mentoreo entre expertos y principiantes, solo por nombrar algunas.

Sin duda que soy un agradecido de cómo en estos últimos 20 años el avance tecnológico exponencial generó un cambio tan sustancial en la humanidad para dejar de trabajar para vivir para poder comenzar a vivir para ocuparnos de lo que nos apasiona.

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Reflexión Final

Ambas situaciones parecen ciencia ficción, pero lo cierto es que en los 100 últimos años hemos aumentado nuestra productividad individual en casi 6 veces (USD2.446 a USD14.574) y desde 1984 el doble.

Al mismo tiempo en estos 36 años la jornada laboral semanal promedio ha bajado de 60 a 40hrs, siendo una tendencia más marcada en los países de mayores ingresos.

Estará en nosotros como humanidad el decidir qué hacer con estas nuevas posibilidades, si seguir corriendo interminablemente en un espiral de mayor producción y consumo o si disfrutar de esta nueva posibilidad y aprovechar de comenzar a vivir de manera conectada y apasionada.

¿qué opinas del futuro que se aproxima?


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