Desde Islandia hasta Taiwán y desde Alemania hasta Nueva Zelanda, las mujeres están dando un paso adelante para mostrarle al mundo cómo manejar efectivamente un panorama de crisis. Así comienza el análisis de la revista Forbes que ha dado la vuelta al mundo, con su artículo: "¿Qué tienen en común los países con las mejores respuestas de coronavirus? Mujeres líderes".

La empatía que estas líderes han comunicado parece provenir de un universo paralelo al que nos hemos acostumbrado. Un polo opuesto a las historias de hombres fuertes que usan la crisis para acelerar un aterrador autoritarismo, culpar a otros y capturar el poder, como son los casos de Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, Obrador en México, Orban en Hungría, entre tantos otros.

Para comprender esta situación, es útil remontarnos a la historia. El modelo de democracia moderna que predomina en gran parte del mundo tiene sus raíces en el experimento estadounidense que comenzó cerca del 1754, el cual se inspiró en la “Confederación Iroquesa”.

Jacinda Ardern
Jacinda Ardern, primer ministro de Nueva Zelanda, el país que venció al COVID-19.

Esta confederación compuesta por seis tribus americanas vivió en un sistema exitoso en reducir conflictos y promover el bienestar colectivo durante más de un siglo. Funcionaban bajo un sistema de gobierno democrático y descentralizado conocido como "la Gran Ley de la Paz’’, la cual, entre otros, se basaba en la armonía de las energías masculina y femenina.

En un comienzo, este experimento de democracia moderna comenzó con muchos elementos saludables de energía masculina, como el amor a la libertad, el coraje, la perseverancia y la orientación al éxito. Sin embargo, desde un inicio obviaron la energía femenina compensatoria, esa energía integradora, flexible, empática y contenedora, volviéndose gradualmente desequilibrados e hipermasculinos.

Así se rompió la armonía, y se fue alimentando una mentalidad de ganar a toda costa por medio de la dominación, agresión y competitividad excesiva. Es por esta razón que los gobiernos hipermasculinos como los de Trump o Bolsonaro parecen incapaces de canalizar el interés colectivo de la sociedad durante la crisis. Son los hombres salvajes liderando.

De forma simplista, podríamos pensar que es un problema de paridad de género, y concluir que la solución es agregar más mujeres en cargos de liderazgo. En parte esto es necesario. Sin embargo, es solo la punta del iceberg. El desafío es más profundo, tiene que ver con comprender que, sin importar nuestro género, todos contamos con energía femenina y masculina.

sanna marin
Sanna Marin, líder de Finlandia, que es otro país que ha mantenido los casos bajo control.

Sabidurías ancestrales lo han estudiado hace siglos, como la medicina China con su conocido Yin y Yang. El Yin se refiere a las energías femeninas y el Yang a las energías masculinas en nosotros. Si queremos estar sanos tanto individual como colectivamente, debemos encontrar el equilibrio. Esto nos permitirá utilizar ambas energías disponibles, recurriendo a ellas cuando las necesitemos.

Bajo este contexto, las mujeres líderes mundiales que menciona Forbes no son simplemente mujeres al mando. Al parecer ellas encontraron la vacuna al coronavirus: son conscientes de sus recursos tanto masculinos como femeninos, y han recurrido a su lado femenino para lograr empatizar con la ciudadanía, contenerla y buscar favorecer el bienestar común.

De esta manera, el coronavirus se nos presenta como un punto de inflexión, un hito crítico en la historia donde debemos despertar nuestra consciencia y encontrar el balance para continuar. Es el momento de reconocer los recursos femeninos y masculinos con los que contamos para afrontar la crisis de nuestros tiempos y crear un futuro más próspero.