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Salud Emocional

La sexualidad

Pare?monos a reflexionar por un momento en nuestro origen ma?s orga?nico, biolo?gico y objetivo, aquel que es mesurable, comprobable y tangible. Cada uno de nosotros venimos de la culminacio?n de una relacio?n sexual entre dos personas. Sin embargo, ¿que? sensacio?n corporal experimentamos si, por un momento, visualizamos la escena en la que surgio? el feno?meno de nuestra existencia?

Salud Emocional

La sexualidad

Pare?monos a reflexionar por un momento en nuestro origen ma?s orga?nico, biolo?gico y objetivo, aquel que es mesurable, comprobable y tangible. Cada uno de nosotros venimos de la culminacio?n de una relacio?n sexual entre dos personas. Sin embargo, ¿que? sensacio?n corporal experimentamos si, por un momento, visualizamos la escena en la que surgio? el feno?meno de nuestra existencia?

02/11/2017

En la mayori?a de los casos desencadenara? una sensacio?n de rechazo, repulsio?n o tal vez lo catalogaremos de pervertido, antinatural o desagradable. En muchas ocasiones, el simple hecho de hablar de sexo resulta motivo de rubor, sorpresa, enfado e incluso censura. La sexualidad pertenece al a?mbito de la intimidad y no debe ser compartida. Pareciera que debe permanecer en la sombra, en el hogar de cada persona, en el inconsciente del individuo... A un ser vivo lo define su capacidad de crecer, alimentarse y reproducirse, siendo un pilar ba?sico y comu?n a todos los seres que pueblan la tierra. Entonces, ¿por que? la necesidad biolo?gica de la reproduccio?n no se aborda de una forma tan natural como la alimentacio?n o el crecimiento? 

Vemos como en la mitologi?a que predomina en nuestro inconsciente social, la judeocristiana, ya se contempla la sexualidad como la primera de las vergu?enzas. Al ser expulsados del parai?so, Ada?n y Eva tomaron conciencia de su desnudez e inmediatamente se taparon, escondiendo su sexualidad al considerarla pecaminosa. Avergonzarse de su sexualidad fue, arqueti?picamente, la primera consecuencia del pecado original. Es fa?cil intuir el simbolismo de este acto reflejo en la sociedad donde habitamos.

Al mismo tiempo, estar desnudos, uno frente a otro, sin culpabilidad, sin vergu?enza, es una forma de volver a nuestra naturaleza ma?s original, visitar aquel parai?so del que nos convencieron que fuimos expulsados.

Todos conocemos creencias limitantes acerca de la sexualidad, “solo puede ser disfrutada cuando se acompan?a de amor”, “tan so?lo debe usarse como medio para reproducirnos”, “quien lo hace mucho es tal cosa...”, “quien lo hace poco es tal otra cosa...”. No hace tantos an?os que en los colegios adverti?an a los nin?os que, si se masturbaban, podri?an quedarse ciegos, les saldri?an pelos en las manos o incluso ofenderi?an al mismo Dios. No podemos pasar por alto que todas estas directrices forman parte del esqueleto e?tico de nuestra sociedad y que, como tal, podemos verla reflejadas en multitud de comportamientos a nivel educativo, social e incluso poli?tico o legal.

A rai?z de esta reflexio?n, surgen varios interrogantes: ¿por que? ha sido tan importante reprimir esta faceta humana en la sociedad en la que vivimos? ¿Que? encierra la sexualidad que la hace tan presente, tan poderosa y tan temida al mismo tiempo?

El desarrollo de la sexualidad adulta se produce en la adolescencia al mismo tiempo que la diferenciacio?n del individuo con respecto al clan.

Podri?amos inferir entonces que la sexualidad esta? asociada con el proceso de individuacio?n de la persona. Por lo tanto, el desarrollo sexual está íntimamente ligado con el crecimiento y desarrollo afectivo y social. Adema?s, es el proceso alqui?mico humano por antonomasia, el medio por el cual dos se hacen uno, la dualidad confluyendo en la unidad. Es por ello que la sexualidad recoge nuestro ma?s genuino instinto biolo?gico de supervivencia y, por otra parte, nuestra ma?s pura aspiracio?n espiritual de trascendencia.

Cuanto ma?s represio?n, ma?s juicios se emplean, es fa?cil identificar co?mo compensamos nuestra represio?n con el mecanismo proyectivo de la sombra. Co?mo, en muchas ocasiones, los que se definen desde el puritanismo ma?s absoluto, son los que ma?s critican las conductas sexuales de los dema?s y, al mismo tiempo, los que ma?s sienten que deben esconder.

Esta tremenda represio?n alimenta dos polaridades. Por un lado, vivimos en una sociedad que expresa una sexualidad cada vez ma?s artificial, en la que la industria pornogra?fica es una de las ma?s poderosas del mundo y, al mismo tiempo, una de las sociedades ma?s punitivas y con mayor juicio hacia el sexo en la que, parado?jicamente, merecen menos censura actos de violencia extrema que la simple exposicio?n de un pecho. Para ilustrar esta desproporcio?n, podemos comprobar que, en muchos lugares, es incluso delito dar de mamar a un bebe? en un lugar pu?blico. Hasta ese punto hacemos tabu? lo natural y se censura la naturaleza ma?s inmaculada.

Es precisamente esta falta de integracio?n de la sexualidad la que se manifiesta en la hipersexualizacio?n, que seri?a la polaridad opuesta de la castidad, ambas conductas excesivas pero con un mismo hilo conductor. El tabu? propicia la educacio?n sexual deficiente, la cual lleva a un porcentaje muy elevado de embarazos no deseados, abusos e incluso ETSs. Este mismo tabu? hace que, cuando alguien manifiesta disfunciones de cara?cter sexual, sea ma?s complicado expresarlo o compartirlo y, por ende, superarlo. Se une el conflicto en si? con el juicio hacia uno mismo, creando una bola de nieve que agrava la situacio?n.

No se puede politizar un hecho psicolo?gico ni psicologizar un hecho poli?tico, es decir, no podemos justificar actos poli?ticos por su implicacio?n psicolo?gica pero tampoco podemos justificar comportamientos psicolo?gicos segu?n su contexto poli?tico, sin embargo, podemos ver co?mo uno ha influido al otro indefectiblemente cuando hablamos de sexualidad. Faucault exponi?a en su “Historia de la sexualidad” co?mo a trave?s de la misma se habi?a establecido incluso una jerarqui?a social en la que habi?an personas ma?s o menos “adecuadas” segu?n su orientacio?n sexual, sus gustos, sus filias... en definitiva, categorizando la vali?a de una persona u otra dependiendo de sus ha?bitos sexuales.

Se castiga y se estigmatiza el mundo del sexo, provocando consecuentemente que se generen mafias que lo controlen desde la sombra y que, lo que podri?a ser un servicio regulado ma?s, pase a ser un nido de violencia, inseguridad y crueldad.

Precisamente, todas estas cualidades han hecho de la sexualidad una reserva de nuestra sombra. La sexualidad se ha convertido en una parte de nuestro ser que no debe ser mostrada y, por lo tanto, una faceta de nuestra personalidad casi desconocida a trave?s de la cual podemos conocernos mejor.

La u?nica forma de vivir una sexualidad inadecuada es usarla sin respeto hacia uno mismo o los dema?s, hacer lo que no se desea por complacer, vivirla como una obligacio?n o como un medio de aceptacio?n o reconocimiento...la sexualidad se creo? para ser disfrutada, disfrute?mosla con la seguridad y la calma de quien sabe que esta? desarrollando una de las facetas ma?s poderosas de su ser.

 

"El sexo so?lo tiene li?mites para quien se los pone y finalidad para el que se la impone."

Valerie Tasso.

 

 


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