*Por Nicolás Xanthopoulos, economista y coordinador del Área de Finanzas Sostenibles del Centro GEO de la FCE de la Universidad de Buenos Aires.

Más desconectados que nunca

Considero que el principal problema actual es que existe una profunda desconexión en nosotros, el "Mundo Social" de la humanidad (el de las instituciones, la ciencia, las creaciones) y el "Mundo Natural" del cual somos parte (el de la Tierra, los océanos y las plantas) y que permite nuestra vida. Como humanidad perdimos la capacidad de vivir en la Tierra y en ese Mundo Natural sin todas nuestras creaciones, sin el apoyo de ese Mundo Social. La innegable desconexión hoy se transformó en un preocupante desequilibrio, que nunca ha sido tan grande como ahora, y que es la raíz del árbol de problemas que se sigue ramificando por todos lados.

Impresoras que fabrican órganos humanos, hamburguesas de laboratorio, drones haciendo deliveries, clonaciones genéticamente perfectas e inteligencia artificial son algunos rápidos ejemplos de los sorprendentes hitos que la humanidad ha llegado a crear hasta el momento. ¿Cómo hacemos para que las instituciones y la tecnología que creamos puedan acoplarse nuevamente a los ciclos naturales y los límites de la Tierra?

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Luego de dos siglos de desarrollo el capitalismo se consolidó hasta el momento como el sistema económico que mejor asignó y distribuyó los recursos. También logró importantes mejoras en la calidad de vida, y en la reducción de la pobreza de determinados países donde se aplicó. Sin embargo, las relaciones humanas quedaron reducidas al intercambio de bienes y servicios. Los agentes económicos se han guiado únicamente por un interés egoísta, indiferentes al prójimo, indiferentes a las externalidades de sus acciones.

El mundo es un inmenso ejemplo de que el interés egoísta reina el sistema y que el interés individualista actualmente no está alineado con el interés de la sociedad en su conjunto. ¿Qué debemos desaprender y qué podemos aprender de nuestro modelo económico?

Un cable a Tierra

En pocos miles de años realizamos innumerables hazañas creativas importantes para nuestro desarrollo. Sin embargo estas también nos han hecho sentir propietarios del Planeta, extrayendo recursos naturales a un ritmo vertiginoso y creyéndolos inagotables. Desafiamos constantemente los ciclos naturales y desatendimos las tasas de regeneración. Estamos ante la sexta extinción masiva de especies. Desde 1950 llevamos el C02 en la atmósfera a niveles desorbitantes que no ha tenido el Planeta en millones de años de existencia, y que hoy explican la principal causa del cambio climático.

Al mismo tiempo, millones de personas no viven dignamente porque carecen de derechos básicos como alimentación, vivienda, educación, energía, entre otros. Así estamos ante un doble desafío y una paradoja preocupante. Necesitamos que millones de personas puedan vivir dignamente pero al mismo tiempo estamos obligados a reducir los límites ecosistémicos, lo que a priori parecería contradictorio.

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El mundo es una pequeña dona, con un límite interior de necesidades sociales y un límite exterior de equilibrios ambientales. Necesitamos ganar consciencia de esos dos tipos de límites. Es hora que los economistas nos preguntemos: ¿Es sostenible el sistema actual en el largo plazo? o en otros términos ¿Existen suficientes recursos para que los ciudadanos del mundo entero mantengan los mismos niveles de consumo y la misma huella ecológica que la de un neoyorkino promedio? ¿Puede el capitalismo reinventarse una vez más para resolver estas tensiones?

Recalculando el capital

El capitalismo debe mutar hacia un sistema más humano, más colaborativo y más ecológico. Tenemos que usar su tremendo poder de transformación para sortear sus mismas contradicciones. La lógica del individualismo egoísta y la competencia debe cambiar a la de la consciencia colectiva y la colaboración. El capitalismo reinventado es ese sistema capaz de re-organizarnos de modo que los intereses individuales y los colectivos se alineen de una vez.

A esta altura existen modelos alternativos que se cuestionan la herencia tradicional del modelo lineal y el crecimiento infinito. Es posible construir una nueva economía, que ponga a las personas y al Planeta en el centro. Si en sus albores la Oikonomia era la ciencia de la administración del hogar, y luego la del Estado Nación ahora debemos convertir a la economía en la ciencia que se encargue de la administración de los recursos planetarios.

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De esta manera, cambiando el paradigma y la forma de hacer las cosas, el mercado se transforma en un poderoso motor que generan un impacto social ambiental y económico positivo, que profundizan la mejora en la calidad de vida y la dignidad de las personas a la vez que trabajan por un ambiente más sano, siendo parte de la solución. Sin embargo es imposible reinventar el capitalismo sin transformar el sistema financiero. Las circunstancias y las personas demandan reorientar el flujo del capital.

Las finanzas éticas nacieron a fines de los 60s, gracias a una comunidad de personas que estaba manifestándose frente a la Guerra de Vietnam. Al indagar en la problemática descubrieron que (sin quererlo o saberlo) ellos mismos estaban siendo parte del problema. ¿Cómo? A través del dinero. Sus ahorros en el banco estaban siendo utilizados para financiar esa misma guerra que estaban intentando frenar.

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La finalidad primordial del sistema financiero debería ser la de canalizar el capital hacia esta nueva economía de impacto positivo que está emergiendo, y no únicamente la de maximizar la rentabilidad. Para lograr esta transformación necesitamos que las evaluaciones financieras no sólo consideren el riesgo sino también el impacto de las inversiones. Ya no podemos permitirnos el lujo de solo preocuparnos por la rentabilidad de los proyectos como hacíamos en el siglo anterior. Las externalidades (negativas y positivas) deben estar contenidas en la ecuación del análisis y por consiguiente dentro de la tasa de interés. Esto es lo único que nos va a permitir comparar dos proyectos de inversión desde una visión integral y nos va a permitir que el capital fluya donde realmente es necesario de manera masiva.

El camino hacia un desarrollo sostenible es la transformación hacia un sistema financiero más humano y justo, que alinee la tasa de interés de las inversiones con el interés colectivo y se encargue de armonizar este profundo desequilibrio Social y Natural en el que estamos metidos.

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