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Tendencias

Estas mujeres de la historia debieron hacerse pasar por hombres para ser respetadas

A lo largo de la historia las mujeres han visto tantos de sus derechos cercenados, que muchas debieron vestirse de hombres para ser respetadas.

Tendencias

Estas mujeres de la historia debieron hacerse pasar por hombres para ser respetadas

A lo largo de la historia las mujeres han visto tantos de sus derechos cercenados, que muchas debieron vestirse de hombres para ser respetadas.

Rocío Belén Suárez

14/12/2018

Seguramente algunas vez has visto la famosa película de Disney Mulan. En ella, una joven oriental se disfraza de hombre para poder ir a luchar al ejército en lugar de su padre enfermo. Realiza grandes hazañas y, finalmente, revela que es una mujer ante la sorpresa de todos los que no lo pueden creer.

Pues no vayas a creer que esa historia es invención de Disney. Ni creas que es un caso aislado en la historia. La verdad es que durante cientos y cientos de años, las mujeres vieron sus derechos vulnerados a tal punto que muchas deciedieron hacerse pasar por hombres para ser respetadas.

La cantidad de mujeres de la historia en esa situación es mucho mayor de lo que se puede creer, y de hecho, hay casos mucho más recientes de lo que imaginas. Estas son solo algunas de ellas.

1. Malinda Blalock

Malinda fue una mujer soldado durante la Guerra de Secesión estadounidense. Aunque no fue la única: se cree que fueron cientos las mujeres que se vistieron de hombre durante esos años para ir al campo de b.

En el caso de Blalock, lo hizo para acompañar a su marido, alistándose en el mismo regimiento.

Juntos, durante los últimos años de la guerra, fueron audaces merodeadores, atormentando la región de los Apalaches. De todas las mujeres que participaron en la Guerra Civil de Estados Unidos, ella es hoy una de las más reconocidas.

2. Margaret Ann Bulkley

Margaret nació en Irlanda y desde niña fue una chica inquieta, muy despierta e inteligente. Quería estudiar medicina, pero en aquella época (principios de 1800), los estudios superiores no eran para mujeres.

Por eso en 1809 viajó con su madre a Escocia y se matriculó en la universidad con el nombre de James Barry. Como el Dr. Barry fue reconocida internacionalmente. Su personaje se convirtió en un reputado médico victoriano, famoso por ser pionero en nuevos tratamientos y por ser uno de los primeros médicos en practicar una cesárea.

Margaret vivió toda la vida bajo su identidad falsa, y la real se descubrió tras su muerte: además de los genitales femeninos, se observaron estrías en el estómago del cadáver, lo que hace suponer que tuvo un embarazo.

3. Isabelle Eberhardt

Isabelle vivió a comienzos de 1900, y cambió su identidad a la de Mahmoud Essadi siendo muy joven: quería viajar, descubrir el mundo y conocer nuevas culturas.

Con su nueva identidad se convirtió al Islam, lo que considera que era otro de sus grandes objetivos, y viajó a África. En sus viajes por el continente se dedicó a ayudar a los pobres y necesitados a través de un grupo de personas que, al mismo tiempo, luchaban contra las injusticias del régimen colonial.

A principios de 1901, fue atacada en Behima por un hombre con un sable, en un aparente intento de asesinarla, dejándola casi sin un brazo. Más tarde perdonó al hombre y le salvó de ser ejecutado.

En el mismo año se casó con Slimane Ehnni, un soldado argelino. Pocos años después, en 1904, murió en una inundación en Aïn Séfra (Argelia), con solo 27 años de edad.

4. Hannah Snell

Hannah Snell nació en Worcester en el año 1723, y se dice que desde niña ya jugaba a ser una soldado. Contrajo matrimonio con James Summs y tuvieron una niña, que lamentablemente murió al año de nacer.

Esto desbastó a la pareja, e hizo que el marido la abandonara. Por eso, Hannah usó el nombre de su cuñado, James Gray, para ir en busca de Summs. Al enterarse que había sido asesinado, decidió seguir portando su identidad masculina y hacer lo que había deseado mucho antes de tener una familia: alistarse en la Marina.

Tras tres años como soldado, Hannah decidió revelar su verdadero sexo a los marinos para poder pedir su pensión. Este hecho la hizo una mujer famosa que aparecía en los periódicos, e incluso tuvo la oportunidad de vender su historia para que se escribiera un libro sobre ella, The Female Soldier.

El resto de su vida se dedicó a llevar una taberna.

5. Elisa Sánchez Loriga

La historia de Elisa es una historia de amor. Ella vivió entre fines del siglo XIX y principios del XX, era maestra y estaba locamente enamorada de otra mujer: Marcela Gracia Ibeas.

Marcela también era maestra, y ambas daban clases en aldeas cercanas en la zona de A Coruña, España. Por las noches, Elisa recorría a pie los kilómetros que la separaban de Marcela para poder estar con ella.

Finalmente, cansadas de la clandestinidad, idearon un plan para oficializar su amor: Elisa se transformó en Mario. Se recortó el pelo, se vistió con ropas masculinas y se inventó toda una historia previa, por la cual su padre ateo no había querido bautizarlo.

El párroco de San Jorge no sospechó nada y, tras bautizar a Mario, los casó el 8 de junio de 1901, a las siete y media de la mañana. Lamentablemente, días después se descubrió el engaño, y la prensa comenzó a acosarlas. Al final, migraron de España hacia Argentina, donde se les perdió el rastro.

6. Kathrine Virginia Switzer

No todas las historias se remontan a tiempos remotos. Por ejemplo, Kathrine nació en 1947, y es conocida por ser la primera mujer en correr la maratón de Boston con un dorsal.

Pero en realidad este logro fue conseguido gracias a que se anotó a la maratón con nombre de hombre: antes de ella, las mujeres no podían correr maratones.

Tanto así que incluso, en medio de la carrera, uno de los comisarios se dio cuenta de que ella en realidad era una mujer y salió corriendo a buscarla: quería echarla de la competencia.

El comisario no logró su objetivo: no solo por la rapidez de Katherine, sino también porque su novio y otros competidores decidieron ayudarla y la escoltaron hasta la meta.

Switzer continuó compitiendo, llegando a quedar primera en la maratón de Nueva York en 1974, y segunda en la de Boston en 1975.

7. Rena Kanokogi

Rena Kanokogi (1935-2009, EEUU) A mediados de los años 50, cuando se esperaba de las mujeres que se quedaran en casa cuidando de sus familias, Rena vivía una juventud dura en las calles de Nueva York. Era miembro de una banda y estuvo metida en numerosas peleas callejeras. Descubrió las artes marciales y enseguida se sintió atraída por el judo, que aprendió en un gimnasio local. En 1959 ganó una medalla en un torneo de judo del YMCA. Después de la entrega de premios, el organizador del evento le preguntó si era una mujer. Ella asintió y le quitaron la medalla sin contemplaciones. Viajó a Japón y fue la primera mujer a la que se le permitió entrenar en el grupo de Kodokan. Llegó al 7oDan y consiguió que el judo femenino compitiera como deporte oficial en Seúl en 1988. Aquello la consagró como la "madre del judo", el sobrenombre que la acompañaría para el resto de su vida. En una entrevista en el diario The New York Times niega rotundamente que se sintiera una mujer con un disfraz de hombre: "Sé que soy una mujer y no me preocupo de tener que demostrárselo a nadie".#renakanokogi #rustykanokogi #mujeresconpercha #judo #dojo #legend #truestory #martialarts #judoworld #mujeres #woman #dones #girlspower #feminism #feminismo #historia #leyenda #rights #womenrights #ilustraciónfeminista #ilustracion #illustration #ilustracio text: @lisapram_ / illustration: @mermagoma

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Un poco antes que Katherine, en 1935, nacía Rena Kanokogi una famosa judoca estadounidense. Ella comenzó a entrenar judo en 1955 a través de un amigo que lo practicaba, aunque mucho antes ya entrenaba con pesas y realizaba boxeo.

Luego de 4 años intentando apuntarse a varias competiciones y siendo rechazada por su género, en 1959 decidió anotarse en el campeonato de judo de YMCA en Utica, Nueva York, haciéndose pasar por hombre. Era tan buena, que ganó el campeonato.

Lamentablemente, cuando se descubrió que era mujer se le retiró la medalla.

Pero a pesar de ello, Rena ya había tomado impulso y demostrado que tenía condiciones de sobra para competir. En 1962, se mudó a Kodokan (Tokio) para seguir con su carrera de judoca. Ese año, se convirtió en la primera mujer en ser autorizada a entrenar con el grupo de los hombres.

Hasta su muerte en 2009, Kanokogi se dedicó enteramente al mundo del judo: competidora, entrenadora e incluso comentarista.

¿Qué crees de estas historias? ¿Son cosa del pasado, o todavía hay muchas cosas que son más fáciles para los hombres?

Fuentes:

Código Espagueti

Genial Gurú


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