Estamos atravesando algo nuevo y desconocido. Nuestros esquemas de seguridad se ven cuestionados y aquello que hace no tanto tiempo considerábamos normal y cotidiano, ha dejado de serlo. Instituciones, líderes y autoridades políticas se encuentran tan desconcertados e inseguros como el ciudadano común. El mundo entero de golpe se siente desnudo y perdido, caminando como un ciego en una guerra que no vio venir.

Tantos cambios, incertidumbre y pérdida de control hacen que nuestras emociones y pensamientos estén más activos que nunca. Es un momento altamente emocional y en definitiva también muy estresante.

A pesar de la mala fama que tiene esta palabrita, el estrés no es algo malo de por sí, ya que es una reacción defensiva de nuestro organismo que se activa frente a una amenaza de peligro para poder anticiparnos y defendernos a través de la lucha o huida de una situación de peligro. Cuando pasa la amenaza, nuestro organismo se relaja y vuelve a funcionar con normalidad.

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El problema aparece cuando el estímulo que dispara esta alerta en nosotros no desaparece y el sistema nervioso simpático continúa hiperactivado, haciendo que una respuesta sana deje de serlo. Dada la compleja situación que estamos viviendo, esto es lo que está pasando con la mayoría de nuestros organismos hoy. La incertidumbre y pérdida de control amenazan nuestro sentido de seguridad, haciendo que liberemos más cortisol y adrenalina de lo que nos hace bien.

Estas hormonas aumentan la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la tensión muscular, la glucosa en sangre y en el cerebro, y disminuyen el funcionamiento del sistema inmunológico, el sistema digestivo y el sistema reproductor, entre otros. Nos sentimos preocupados y en alerta, con dificultad para relajarnos y disfrutar. Pueden aparecer síntomas como ansiedad, depresión, cardiopatías, dolor de cabeza, ataques de pánico, dificultad para dormir, etc.

Es por esta razón que es tan importante encontrar recursos que nos ayuden a contrarrestar esta reacción natural del cuerpo, activando otras respuestas de nuestro organismo que nos ayuden a relajarnos y atravesar este momento con más calma y paz. Fortalecer nuestro organismo y sistema inmunológico por un lado y sentirnos más tranquilos emocionalmente, por otro.

Para esto contamos con una preciosa hormona y neurotransmisor llamado oxitocina que se activa al estimular nuestros sentidos de manera placentera, ya sea a través del contacto con otra persona o mediante pensamientos o sentimientos positivos.

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Fuente: cortesía de @astroilustra

Algunos efectos de esta hormona:

- Inrementa la confianza entre las personas

- Propicia la empatía

- Disminuye el miedo

- Aumenta el control de la ansiedad

- Baja la tensión arterial

- Baja la sensibilidad al dolor

- Aumenta la calma y la relajación

Así como hay cosas que no dependen de nosotros y no podemos controlar, hay otras que sí podemos hacer para enfrentar y hacer algo con lo que estamos viviendo. La meditación, el yoga, el chi kung y la bioenergética son algunas de las herramientas por excelencia con las que contamos para disminuir el estrés en este momento. También reír, compartir, sentirnos reconocidos y hacer cosas que nos generan placer y disfrute.

En tiempos difíciles está en nosotros encontrar el camino que conduzca a nuestro mayor bienestar.