Hay una pregunta que los ingenieros de la NASA resolvieron hace años y que las ciudades del mundo todavía no terminan de responder: ¿qué hacemos cuando el agua no alcanza?
En la Estación Espacial Internacional (ISS), la respuesta no admite vaguedades. Cada gota de agua que sube al espacio cuesta miles de dólares en combustible. Antes de que la NASA desarrollara su sistema de reciclaje avanzado, el agua representaba casi la mitad de la carga útil de los transbordadores que viajaban a la estación. Con ese contexto, desperdiciar simplemente no era una opción.
La solución que encontraron tiene nombre: ECLSS, el Sistema de Control Ambiental y Soporte Vital. Este sistema recolecta y recicla casi toda el agua utilizada o generada a bordo (incluyendo la humedad del aire, el sudor y la orina de los astronautas) y la purifica hasta obtener un líquido que supera muchos estándares de agua potable en la Tierra. La tasa de recuperación alcanzada es del 98%. Como lo explica el equipo de Johnson Space Center: "De cada 100 libras de agua, se pierden dos. El otro 98% sigue circulando una y otra vez."
La pregunta incómoda es por qué esa lógica no se aplica con la misma urgencia en la Tierra.

El problema que ya está acá
No hace falta proyectarse décadas al futuro para encontrar la crisis. Según UNESCO, el uso del agua a nivel global se multiplicó por seis durante el siglo pasado y, de mantenerse esa tendencia, el mundo enfrentará un déficit del 40% para 2040. Entre 2.000 y 3.000 millones de personas ya sufren escasez de agua durante al menos un mes al año, con consecuencias directas sobre su seguridad alimentaria y acceso a la electricidad.
Las ciudades son el epicentro del problema. Se prevé que la población urbana mundial que enfrenta escasez de agua se duplique entre 2016 y 2050, pasando de 930 millones a entre 1.700 y 2.400 millones de personas. Y hay un detalle que agrava todo: la infraestructura. En muchas ciudades latinoamericanas, parte del agua potable que se inyecta a la red se pierde antes de llegar a los hogares, por tuberías viejas y fugas sin atender. En la ISS, una fuga así sería una emergencia de máxima prioridad. En las ciudades, muchas veces ni se registra.
Lo que el espacio le enseña a las ciudades
Lo que ocurre a bordo de la ISS no es ciencia ficción aplicable solo a astronautas. Es una demostración de que gestionar el agua como un recurso finito produce resultados concretos. Hay al menos tres principios que las ciudades podrían adoptar hoy.
Las fugas no son aceptables. En el espacio, cualquier pérdida activa una respuesta inmediata. Reparar y modernizar la infraestructura de distribución urbana es la intervención con mayor retorno: menos agua perdida significa más agua disponible sin aumentar la extracción.
Filtrar y reutilizar es posible. La reutilización de aguas grises (las que provienen de lavado y ducha) para riego o cisternas es una práctica viable incluso a escala doméstica. Muchos de los avances en purificación desarrollados por la NASA ya se aplican en tecnologías terrestres para zonas con escasez.
El agua puede hacer más de una cosa. En la ISS se usa también para regular la temperatura. En la Tierra, sistemas de climatización por agua recirculada son mucho más eficientes que el aire acondicionado convencional, una ventaja que cobra cada vez más relevancia con el aumento de temperaturas en las ciudades.
Algunas empresas de infraestructura hídrica vienen trabajando en trasladar esta lógica a escala urbana. Amanco Wavin, por ejemplo, señala que el diseño de sistemas con mayor vida útil es clave para reducir pérdidas estructurales: una infraestructura que dura más es una infraestructura que desperdicia menos.

El cambio de mirada
Todo esto requiere un paso previo: dejar de tratar el agua como si fuera infinita. Las canillas abiertas, los jardines inundados, las pérdidas silenciosas en cañerías viejas existen porque la abundancia percibida no obliga a pensar en el límite.
Si los astronautas de la ISS piensan dos veces antes de desperdiciar una gota es porque entienden con precisión lo que tienen y lo que no. Nosotros también vivimos en un sistema cerrado. Solo que la canilla todavía cierra sola, y eso hace más fácil olvidarlo.
Global
