Cuando se habla de crisis climática, la atención suele centrarse en autos, industrias petroleras o emisiones de dióxido de carbono. Pero existe otro contaminante mucho más potente y silencioso que está creciendo a niveles alarmantes: el metano.
Un reciente informe del proyecto Stop Methane, desarrollado por el Instituto Emmett de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), ubicó a tres rellenos sanitarios chilenos entre los diez vertederos con mayores emisiones de metano del planeta. Se trata de los rellenos de Tiltil, operado por KDM; Talagante, perteneciente al Consorcio Santa Marta; y Penco, administrado por el Grupo EBI.
El ranking fue elaborado utilizando observaciones satelitales de Carbon Mapper y tecnología de la NASA capaz de detectar grandes fugas de gases desde el espacio. Los resultados encendieron alarmas internacionales: Tiltil apareció en el quinto lugar mundial, Talagante en el sexto y Penco en el noveno.
Pero el problema va mucho más allá de Chile.
El metano es un gas de efecto invernadero generado principalmente por la descomposición de residuos orgánicos como restos de comida, vegetales y basura enterrada sin tratamiento.
Aunque suele recibir menos atención que el CO₂, su impacto climático es muchísimo más agresivo en el corto plazo. Según Naciones Unidas y el Programa de Medio Ambiente de la ONU (PNUMA), el metano puede calentar la atmósfera hasta 80 veces más que el dióxido de carbono durante un período de 20 años. Además, ya es responsable de aproximadamente una cuarta parte del calentamiento global actual.
Por eso, reducir estas emisiones es considerado una de las maneras más rápidas de desacelerar la crisis climática. El problema es que gran parte del metano liberado proviene justamente de vertederos y rellenos sanitarios.

Chile y el avance de los “superemisores”
El informe de UCLA mostró además algo preocupante: la presencia chilena en el ranking aumentó respecto del año anterior.
En una edición previa del monitoreo, Talagante y Penco ya aparecían entre los mayores emisores del planeta. Ahora se sumó Tiltil, cuyo relleno sanitario Loma Los Colorados incluso llegó a ser identificado por Naciones Unidas como el sitio de origen humano que más metano emite en el mundo. Según el reporte, el vertedero ubicado al norte de Santiago emitiría más de 100 mil toneladas de metano por año.
Las imágenes satelitales mostraron enormes “plumas” de emisiones invisibles escapando desde los rellenos sanitarios. Y aunque las empresas operadoras aseguran contar con sistemas de captura de biogás y generación energética, expertos sostienen que las fugas siguen siendo extremadamente altas.
El caso también reabrió una discusión ambiental histórica en Chile: la concentración de infraestructura contaminante en ciertas comunas y el impacto que eso tiene sobre las comunidades locales.
Otros vertederos altamente contaminantes en América Latina
Aunque el caso chileno generó impacto global, América Latina arrastra desde hace décadas graves problemas vinculados a vertederos y basurales a cielo abierto.
Uno de los casos más emblemáticos fue Jardim Gramacho, en Río de Janeiro, Brasil. Durante años fue considerado el vertedero más grande de América Latina y uno de los mayores del mundo. Funcionaba sobre humedales ecológicamente sensibles junto a la Bahía de Guanabara y recibía miles de toneladas de residuos por día antes de su cierre en 2012.
Otro caso crítico fue Bordo Poniente, en Ciudad de México, un gigantesco basural que acumuló cerca de 70 millones de toneladas de residuos y durante años liberó enormes cantidades de gases contaminantes derivados de la descomposición de basura orgánica.
En Nicaragua, La Chureca, ubicado en Managua, también se convirtió en símbolo de contaminación extrema y exclusión social. Fue durante décadas el mayor basural a cielo abierto de Centroamérica y cientos de familias vivían y trabajaban directamente entre los residuos.
Todos estos casos muestran un patrón común: sistemas de gestión de residuos colapsados, escasa separación de basura orgánica y enormes emisiones de gases contaminantes.

La basura orgánica, el gran problema invisible
Especialistas sostienen que buena parte del problema podría reducirse drásticamente si menos residuos orgánicos terminaran enterrados en vertederos.
Cuando restos de comida, vegetales o podas quedan atrapados sin oxígeno bajo toneladas de basura, comienzan a producir grandes cantidades de metano. Por eso, cada vez más países avanzan en políticas de compostaje, reciclaje y valorización de residuos orgánicos.
En Chile, por ejemplo, ya existe una Estrategia Nacional de Residuos Orgánicos (ENRO) que busca valorizar el 66% de los residuos municipales hacia 2040. Además, se discuten nuevas regulaciones para limitar el envío de basura orgánica a rellenos sanitarios y aumentar la captura de biogás.
Uno de los cambios más importantes de los últimos años es que las emisiones de metano ya no pasan desapercibidas. Gracias a nuevas tecnologías satelitales desarrolladas por organismos científicos y ambientales, hoy es posible detectar “superemisores” desde el espacio casi en tiempo real.
Naciones Unidas incluso creó un sistema internacional de alerta para avisar rápidamente a gobiernos y empresas cuando se detectan grandes fugas de metano. Según la ONU, algunas de estas intervenciones ya permitieron reducir emisiones equivalentes a millones de autos funcionando durante un año.
El caso de los vertederos chilenos volvió a dejar algo en evidencia: la basura no desaparece cuando se tira. Y en tiempos de crisis climática, lo que ocurre bajo tierra en los rellenos sanitarios puede tener consecuencias globales invisibles, pero enormes.
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