El debate ya no es si El Niño llega, sino con qué intensidad. Los modelos climáticos globales apuntan con una claridad inusual a un evento para la segunda mitad de 2026, pero la discusión sobre su fuerza (moderado, fuerte o muy fuerte) sigue abierta. En ese contexto, Leo De Benedictis, meteorólogo especializado en pronóstico del tiempo y clima aplicado al agro, ayuda a separar lo que la ciencia ya sabe de lo que todavía está en construcción. Y agrega una capa que suele quedar fuera del debate mediático: el cambio climático no solo calienta el planeta de fondo, también redefine qué significa hablar de "un Niño fuerte" hoy versus hace cien años.

— Los modelos climáticos llevan meses señalando un evento El Niño para 2026. ¿Hay consenso sobre eso, o todavía hay dudas?
El pronóstico del evento está bastante consolidado. Prácticamente no hay dudas: de los tres posibles escenarios —El Niño, neutro o La Niña—, prácticamente el 100% se lo lleva el pronóstico hacia un evento El Niño.
Lo que hoy está en discusión es la intensidad del fenómeno, qué intensidad puede llegar a alcanzar. Hay algunos modelos que están indicando que la posibilidad de la intensidad sea muy fuerte, hay otros que están marcando que va a ser fuerte y otros que están marcando que va a ser un evento moderado. Eso está bastante bien dividido en cuanto a los diferentes modelos, podríamos decir que hay prácticamente un 33% de probabilidades para cada uno de los escenarios. El tema es que la situación fuerte o muy fuerte se lo está llevando alrededor del 60%, el 66% de los pronósticos, con lo cual lo que estamos apuntando es que fundamentalmente es probable que sea un evento El Niño de consideración.
— ¿Por qué es tan difícil predecir hoy si el Niño va a ser fuerte o no? ¿Cuándo los modelos van a tener más certeza?
Hay dos cuestiones que son importantes. Una es lo que se llama la barrera de la primavera, que para nosotros es el otoño, para el hemisferio norte es la primavera, que es un periodo en el cual se empiezan a establecer ciertos patrones de circulación, que empiezan a tener ciertas características y se empiezan a afianzar una vez finalizado ese periodo. Con respecto a los meses, en realidad es a partir de ahora, del mes de mayo, en los cuales ya esa barrera de incertidumbre se empieza a disipar y empezamos a tener pronósticos más concretos.
Y la otra es la lejanía. Siempre que estamos hablando de un periodo prolongado de tiempo, la incertidumbre crece. Y en este caso estamos hablando de que las proyecciones para el evento Niño que podría llegar a alcanzar intensidades importantes sería para prácticamente fin de año, noviembre, diciembre, con lo cual la lejanía temporal también es otro factor que aumenta la incertidumbre.
Entonces son variaciones muy pequeñas: recordemos que para pasar de un evento El Niño fuerte a muy fuerte, estamos hablando de décimas de grado. No es una diferencia extremadamente significativa, con lo cual lo que están apuntando los modelos son, insisto, a décimas de grado. Es un pronóstico que comúnmente se consolida de manera bastante rápida, salvo cuando hablamos de algo que está lejano en el tiempo como explicamos recién.

— ¿Qué regiones de Latinoamérica estás mirando con más atención de cara al segundo semestre, y qué variables más allá de las lluvias están en juego?
En general es todo el sudeste de Sudamérica, es decir, toda la porción del litoral en Argentina, provincia de Buenos Aires, parte del NEA, Uruguay, Paraguay, Brasil, sobre todo el sudeste de Brasil, que son los sectores que siempre tienen mayor influencia, es decir, una mayor correlación con los diferentes tipos de eventos y sus intensidades. Los eventos del Niño lo que generan es un aumento sustancial de las lluvias en esa región.
Pero este tipo de impacto no es para todos los lugares de la misma manera. Por ejemplo, si nos vamos al otro lado del hemisferio sur, nos vamos a Australia, se da una situación opuesta: el evento del Niño le genera sequías y el evento de La Niña le genera lluvias por encima de los promedios, con lo cual hay una situación de mucha variabilidad dependiendo la región del mundo que estemos observando.
También hay influencia en las temperaturas, en los riesgos de heladas, en la frecuencia de las heladas, las ventanas de heladas. Por ahí lo simplificamos a lluvias, pero en realidad muchas variables están implícitas en el evento del Niño.
— El Niño costero ya está activo en Perú y Ecuador con impactos serios. ¿Es un anticipo de lo que puede venir, o es un fenómeno separado?
El Niño costero en las zonas de Perú y Ecuador ya está activo, ya está bien vigente, está teniendo unas temperaturas realmente significativas, pero no siempre es condición que sí o sí nos genera una consecuencia en el Niño no costero, digamos, en la zona del Pacífico Central.
Hemos tenido años en los cuales el Niño costero ha sido muy importante y no ha repercutido en situaciones del famoso Niño 3.4, y también se ha dado la inversa: que un Niño costero no demasiado significativo fue igualmente un año Niño importante. Con lo cual no es un parámetro que sea predictor. El tema del Niño costero no es un muy buen predictor; sí a veces da ciertas señales, pero no garantiza que tener un Niño costero fuerte genere un evento El Niño fuerte a nivel global.
— Hay investigadores que plantean que el cambio climático está alterando cómo impacta El Niño, no porque el fenómeno sea más fuerte, sino porque la temperatura de base ya subió. ¿Cómo lo ves?
El Niño y La Niña analizan la anomalía de temperatura del Pacífico Central. ¿Qué quiere decir esto? Que lo que tiene en cuenta El Niño es qué tan cálido o qué tan frío está el Pacífico Central respecto de los valores promedio. La gran pregunta es: ¿qué vamos a tomar como valor promedio? Una cosa es tomar un valor promedio de los últimos 10 años, de los últimos 30 años o de los últimos 100 años como promedio histórico.
Si nosotros comparamos las temperaturas de comienzo del siglo pasado, las temperaturas del océano promedio eran diferentes a los valores promedio que tenemos hoy en día. El famoso tema del cambio climático, el aumento en las temperaturas a nivel global, ha generado que hoy el promedio de temperatura del océano Pacífico esté un escalón por encima.
Entonces, hoy en día cuando hablamos de un evento El Niño, estamos haciendo referencia a tener una temperatura más cálida que los promedios actuales, con lo cual en términos de temperatura real medible, son temperaturas que son mucho más altas que las que teníamos cuando hablábamos de un Niño a principios del siglo pasado. Si la temperatura real está 3 o 4 grados más de lo que teníamos a principio del siglo pasado, entonces hoy un evento El Niño tiene que estar medio grado por encima de eso. Ahí es donde empiezan a aparecer algunas circunstancias en las cuales uno dice: el evento El Niño actual tiene mayor temperatura real, aunque la anomalía sea prácticamente la misma. Eso es lo que está hoy en día en tela de juicio para ver cómo son los impactos.
— Para cerrar: ¿qué mensaje le darías a productores agropecuarios y comunidades que ya están mirando con preocupación lo que viene?
Lo que se puede decir es que este tipo de eventos hay que monitorearlos, hay que seguir de cerca los pronósticos, hay que ver las evoluciones y fundamentalmente ver cuáles son los impactos más probables de exceso de lluvia o de sequías prolongadas. Hay que ir mirando bien, estudiando el comportamiento típico y cuánto se puede alejar de ese comportamiento típico para estar preparado.
Uno siempre lo que apunta cuando hace un pronóstico meteorológico es poder prepararse con anticipación. Eso es lo que uno busca, no busca ni asustar ni alarmar ni generar pánico ni nada por el estilo, simplemente tratar de encontrar una situación en la cual haya un escenario de cuál es el riesgo y frente a ese riesgo tratar de prevenir cualquier tipo de situación adversa hacia la sociedad.
El mensaje final sería ese: monitoreo constante de los pronósticos a nivel global y después analizar impactos posibles a nivel regional. Con eso es como vamos a ir generando una adaptabilidad a los cambios bruscos del clima que estamos teniendo.
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