No se ve desde la orilla, no aparece en el agua. Pero bajo la superficie, el ruido generado por el tráfico marítimo, la sísmica petrolera y el sonar militar está alterando la forma en que cientos de especies se comunican, se orientan y sobreviven.n
Cuatro animales traídos como capricho de un narco se convirtieron en la mayor invasión de hipopótamos fuera de África. Cuarenta años después, Colombia tomó una decisión drástica y un magnate indio apareció con una propuesta que divide a los expertos.
Una pequeña nutria marina rehabilitada y liberada en las costas de Chile volvió a ser vista después de siete años sin registros. Su reaparición no es solo una buena noticia: es una lección sobre conservación, resiliencia y lo que puede pasar cuando la ciencia y el cuidado van de la mano
Mientras el mundo sigue mirando al Estrecho de Ormuz por la tensión entre Irán y Estados Unidos y el impacto que cualquier bloqueo puede tener sobre el petróleo global, bajo la superficie se desarrolla otra crisis mucho menos visible. Aun con una tregua en marcha, ballenas, dugongos, tortugas y corales continúan expuestos al ruido militar, el tráfico marítimo y la contaminación en uno de los ecosistemas más frágiles y estratégicos del planeta.
En Irlanda, España y Estados Unidos, comunidades organizadas frenaron data centers por su consumo descontrolado de agua y energía. ¿Qué puede aprender América Latina antes de que sea tarde?
En la Amazonía ecuatoriana, un grupo de niños y adolescentes convirtió el kayak en una herramienta para cuidar el río que forma parte de su vida cotidiana. A través del proyecto Yaku Churis, combinan deporte, educación ambiental y trabajo comunitario para enfrentar amenazas como la contaminación y la minería, y construir una nueva generación comprometida con la defensa de su territorio.
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