Cada noviembre, la agenda ambiental internacional converge en un mismo lugar. Este año el destino es Antalya, en la costa mediterránea de Turquía, donde se celebra la COP31, la conferencia anual de Naciones Unidas sobre cambio climático. Llega con una estructura de conducción que no tiene antecedentes, metas voluntarias recién estrenadas y una deuda pendiente de la edición anterior.
Qué es la COP
COP es la sigla de Conferencia de las Partes, el órgano máximo de decisión de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). La Convención se abrió a la firma en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, en 1992, y sus Partes se reúnen todos los años desde 1995. Participan prácticamente todos los países del mundo.
En la misma sede sesionan además los órganos del Protocolo de Kioto y del Acuerdo de París. Cada uno toma sus propias decisiones, pero todo ocurre durante las mismas dos semanas.
Qué se hace ahí
La actividad central es la negociación. Las delegaciones discuten textos que después se adoptan como decisiones. La regla que explica buena parte de los finales a contrarreloj es que todo se aprueba por consenso, palabra por palabra. Un solo país puede trabar un párrafo, y por eso las COP suelen terminar de madrugada y uno o dos días después de lo previsto.
En paralelo funciona lo que se conoce como Agenda de Acción, con iniciativas voluntarias que no requieren consenso. A la conferencia asisten también observadores de la sociedad civil, pueblos indígenas, científicos, juventudes y empresas, que siguen las negociaciones y organizan eventos propios. Entre el 11 y el 12 de noviembre se realiza la Cumbre de Líderes, con jefes de Estado y de Gobierno.
Dónde y cuándo
La COP31 se desarrolla del lunes 9 al viernes 20 de noviembre en el Antalya EXPO Center. La presidencia anticipa alrededor de 100.000 participantes. La información oficial está disponible en el sitio de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Una presidencia partida en dos
Australia y Turquía compitieron durante meses por la sede. Australia proponía Adelaida y ninguno de los dos cedía. La salida se acordó en la COP30 de Belém. Turquía es anfitriona, ejerce la presidencia formal y lidera la Agenda de Acción, con su ministro de Ambiente, Murat Kurum, como presidente de la COP. Australia conduce las negociaciones a través de su ministro de Cambio Climático y Energía, Chris Bowen, que tiene autoridad exclusiva sobre los textos.
En términos prácticos, la vidriera queda en manos de Turquía y la redacción de las decisiones, en manos de Australia.

Qué hay sobre la mesa
La agenda formal incluye los planes climáticos nacionales, el financiamiento, la adaptación, las pérdidas y daños, la transición fuera de los combustibles fósiles y las reglas de los mercados de carbono.
Por su parte, la presidencia eligió la electrificación como tema insignia. En junio, durante las sesiones intermedias de Bonn, anunció una meta voluntaria para que la electricidad pase de cubrir algo más del 20% de la demanda final de energía a cubrir el 35% en 2035. También propuso reducir a la mitad el crecimiento de los residuos globales para esa misma fecha. La Agencia Internacional de Energía recibió el encargo de elaborar informes sobre cómo alcanzar ambos objetivos.
Para América Latina, el tema más sensible viene de Belém. La COP30 no logró incluir en su texto final una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles. Brasil se comprometió entonces a elaborarla por fuera de la negociación formal y la presentará en Antalya. No se votará y ningún país estará obligado a adoptarla. En junio, además, una coalición de 46 organizaciones latinoamericanas y caribeñas presentó en Bonn su propia hoja de ruta regional, con plazos diferenciados según el perfil de cada país.
Analistas del proceso señalan una tensión de fondo. La presidencia turca no puso la salida de los fósiles entre sus prioridades y concentró su agenda en la electrificación, una meta que no especifica de qué fuentes debería provenir esa electricidad adicional.
Ediciones anteriores: lo que dejaron
En tres décadas de cumbres, algunas ediciones marcaron hitos y otras, decepciones memorables.
Berlín, 1995 (COP1). Inauguró el ciclo con el Mandato de Berlín, que abrió el camino a los primeros compromisos de reducción.
Kioto, 1997 (COP3). Se adoptó el Protocolo de Kioto, primer acuerdo con metas obligatorias de reducción de emisiones para países desarrollados. Entró en vigor en 2005.
Copenhague, 2009 (COP15). Se esperaba un nuevo tratado y no llegó. Quedó como saldo el compromiso de los países desarrollados de movilizar 100.000 millones de dólares anuales para los países en desarrollo.
París, 2015 (COP21). El Acuerdo de París fijó el objetivo de mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de 2 °C y hacer esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C.
Sharm el-Sheikh, 2022 (COP27). Se creó el fondo de pérdidas y daños, reclamado durante décadas por los países más vulnerables. Se puso en funcionamiento al año siguiente.
Dubái, 2023 (COP28). Por primera vez un texto de la COP llamó a una transición fuera de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos, en el marco del primer Balance Mundial del Acuerdo de París.
Bakú, 2024 (COP29). Se aprobó una nueva meta de financiamiento climático de al menos 300.000 millones de dólares anuales hacia 2035. Varios países en desarrollo la consideraron insuficiente frente a sus necesidades reales.
Belém, 2025 (COP30). Cerró con la decisión “Mutirão”, palabra de origen tupí-guaraní que alude al esfuerzo colectivo. Las hojas de ruta sobre fósiles y deforestación quedaron fuera del texto oficial, aunque reunieron el apoyo de más de 80 países.
La región fue anfitriona varias veces. Buenos Aires recibió la COP4 en 1998 y la COP10 en 2004, Cancún la COP16 en 2010 y Lima la COP20 en 2014. Santiago de Chile debía organizar la COP25 en 2019, pero el estallido social obligó a trasladarla a Madrid. Belém devolvió la cumbre a América Latina después de más de una década.
Después de Antalya
La COP32 se realizará en 2027 en Etiopía. Antes de eso, la conferencia de Turquía deberá mostrar si las metas voluntarias de la presidencia pueden avanzar en paralelo a las discusiones que siguen trabadas en la negociación formal. Paradójicamente, el documento más esperado por la región en Antalya será uno que ningún país tiene obligación de firmar.
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