Los pueblos indígenas son protagonistas fundamentales de la protección de la naturaleza. Durante generaciones, sus comunidades desarrollaron conocimientos, prácticas y formas de organización vinculadas con los territorios que habitan. Esa relación con los ecosistemas les permitió preservar especies, gestionar recursos naturales y transmitir saberes que hoy resultan cada vez más importantes frente a la crisis climática.

Sin embargo, su contribución no siempre recibe el reconocimiento que merece. Mientras los debates ambientales internacionales buscan respuestas a la pérdida de biodiversidad, la contaminación y el calentamiento global, muchas comunidades indígenas continúan enfrentando la vulneración de sus derechos, la presión sobre sus tierras y las amenazas contra quienes denuncian la destrucción ambiental.

Un mensaje publicado por Naciones Unidas volvió a poner el foco sobre esta contradicción: los pueblos indígenas se encuentran entre los principales protectores de la Tierra, pero siguen expuestos a la marginación y a las amenazas contra sus formas de vida.

La advertencia coincide con las conclusiones de un informe de 2025 del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, que destaca el papel de estas comunidades en la protección de la biodiversidad y su importancia para desarrollar respuestas frente a la crisis climática.

Pueblos indígenas/ Pexels
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Por qué los pueblos indígenas son fundamentales para proteger la biodiversidad

De acuerdo con la publicación State of the World's Indigenous Peoples, difundida por Naciones Unidas en abril de 2025, los pueblos indígenas representan alrededor del 5% de la población mundial, pero gestionan y protegen aproximadamente el 80% de la biodiversidad del planeta.

El dato permite dimensionar la importancia de sus conocimientos y prácticas para la conservación de la naturaleza. Además, según el mismo informe, sus territorios abarcan cerca del 40% de las áreas protegidas y los paisajes terrestres que conservan su integridad ecológica.

La relación entre estas comunidades y el ambiente se construye a lo largo de generaciones. La observación de los ciclos naturales, el conocimiento de las especies y la transmisión de experiencias permiten reconocer cambios en los ecosistemas y desarrollar formas de aprovechamiento de los recursos que tienen en cuenta su disponibilidad y regeneración.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) explica que estos saberes pueden contribuir a la evaluación ambiental, la gestión sostenible de los ecosistemas y la restauración de áreas degradadas. También destaca el valor de las prácticas tradicionales vinculadas con la alimentación, los cultivos y el manejo de los paisajes.

Estos conocimientos no reemplazan la investigación científica, sino que pueden complementarla. La combinación de información científica, experiencia territorial y participación comunitaria permite comprender mejor los cambios ambientales y diseñar medidas adaptadas a las características de cada región.

En un contexto marcado por el aumento de las temperaturas, la degradación de los suelos, la contaminación y la pérdida de especies, reconocer esa experiencia resulta clave para ampliar las herramientas disponibles frente a los desafíos ambientales.

Pueblos indígenas/ Pexels
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Conocimientos ancestrales frente a la crisis climática

Los pueblos indígenas no solo contribuyen a conservar la biodiversidad, también tienen un papel relevante en las estrategias de adaptación y respuesta al cambio climático.

Sus conocimientos sobre los ciclos del agua, los suelos, los bosques y las especies permiten identificar transformaciones en el ambiente y responder a las condiciones de cada territorio. Las prácticas tradicionales de producción de alimentos y el manejo de los recursos pueden contribuir, además, a mantener ecosistemas saludables y reducir determinadas presiones sobre la naturaleza.

Los pueblos indígenas son diversos, habitan regiones muy diferentes y cuentan con sistemas propios de organización, conocimientos y prioridades. Su aporte ambiental está relacionado con esa diversidad y con la posibilidad de decidir sobre sus territorios.

El PNUMA señala que proteger sus derechos, especialmente los relacionados con la tierra y los recursos naturales, beneficia tanto a las comunidades como a los ecosistemas. Por el contrario, la deforestación, la minería, la explotación de recursos, los residuos tóxicos y otros impactos ambientales pueden comprometer sus medios de vida, su salud y la continuidad de sus conocimientos.

El cambio climático agrava esas dificultades. Las modificaciones en las lluvias, las sequías, los incendios y otros fenómenos extremos afectan a comunidades que dependen directamente de los ecosistemas para obtener alimentos, agua y otros recursos esenciales.

Por eso, las políticas climáticas también necesitan contemplar sus necesidades y garantizar su participación. Una medida diseñada para reducir emisiones o impulsar una actividad considerada sostenible puede generar nuevos impactos si avanza sobre territorios indígenas sin una evaluación adecuada ni el respeto de sus derechos.

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Defensores ambientales expuestos a amenazas y violencia

La protección de los territorios también tiene un costo humano. En diferentes regiones del mundo, integrantes de comunidades indígenas y otros defensores ambientales denuncian actividades que amenazan los bosques, los ríos, la biodiversidad y las formas de vida locales. En muchos casos, esas acciones los exponen a hostigamientos, amenazas, procesos de criminalización, agresiones y asesinatos.

Las cifras de Global Witness muestran la gravedad del problema. Su informe publicado en septiembre de 2025 documentó que al menos 146 defensores de la tierra y el ambiente fueron asesinados o desaparecieron durante 2024. De ese total, 117 casos, el 82%, ocurrieron en América Latina.

La organización también señaló que alrededor de un tercio de las víctimas de ataques letales en todo el mundo eran integrantes de pueblos indígenas, a pesar de que representan aproximadamente el 6% de la población global según la estimación utilizada en ese informe.

Colombia registró 48 asesinatos de defensores ambientales durante 2024, mientras que Guatemala contabilizó 20, México al menos 18 y Brasil al menos 12. Global Witness advierte, además, que las cifras podrían ser inferiores a la magnitud real del problema debido a las dificultades para documentar y verificar todos los casos.

Detrás de estas agresiones aparecen conflictos por la tierra, la expansión de actividades extractivas, la tala y los intereses vinculados con el uso de los recursos naturales. La falta de protección estatal y la impunidad también contribuyen a que las amenazas persistan.

Frente a este escenario, el PNUMA promueve medidas para fortalecer la protección de los defensores de los derechos humanos ambientales, denunciar los ataques y reclamar que los responsables rindan cuentas. El organismo considera que garantizar la seguridad de quienes defienden sus territorios es parte de una política ambiental efectiva.

Proteger sus derechos también es proteger el planeta

El reconocimiento de los pueblos indígenas no puede limitarse a destacar su conocimiento sobre la naturaleza. También requiere garantizar sus derechos territoriales, su participación en las decisiones que afectan sus comunidades y la posibilidad de mantener sus lenguas, culturas y formas de organización.

La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas establece principios para proteger sus derechos individuales y colectivos. Entre ellos se encuentra el derecho a participar en las decisiones que puedan afectar sus intereses y la importancia del consentimiento libre, previo e informado en las cuestiones fundamentales para sus derechos, su supervivencia y su bienestar.

Esto implica que los proyectos que puedan afectar sus territorios deben contemplar procesos de consulta adecuados, respetar sus formas de organización y evitar la coerción. También exige que los gobiernos garanticen mecanismos de protección y acceso a la justicia.

La conservación de la biodiversidad necesita políticas públicas, recursos, investigación científica y cooperación internacional. Pero también requiere escuchar a quienes mantienen una relación histórica con los ecosistemas y reconocer su capacidad para participar en las soluciones.

Los pueblos indígenas no son únicamente comunidades afectadas por la crisis ambiental ni actores a los que se deba consultar una vez tomadas las decisiones. Son titulares de derechos y protagonistas de la protección de sus territorios, con conocimientos y experiencias que pueden enriquecer las respuestas frente a los desafíos globales.