Vivir viajando es el sueño de muchas personas, y formar una familia, el de otras; pero en el imaginario popular, a veces combinarlas parece imposible.

Ése es un mito que quienes deseen viajar con sus niños pueden derribar: hay muchos casos que lo demuestran, como el de la familia que recorre el mundo con sus 4 hijos hace 15 años en un automóvil de 1929; el de la madre que recorre con su hija de 3 años las montañas más altas de América, o el de la familia que demuestra que viajar con un niño es posible

A estas historias, se suma la de Esmé Bayes, una niña que, con solo dos años se convirtió en otro ejemplo de que viajar con pequeños no es tan difícil, y que, en los primeros años, el mundo puede ser la mejor escuela. 

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Sus padres, Karen Edwards y Shaun Bayes, londinenses de 31 años, tenían el plan de dejar sus empleos para emprender juntos la aventura de recorrer el mundo. Pero algo cambió en sus planes cuando se enteraron de que esperaban una hija.

Sin embargo, cuando lo pensaron bien, decidieron que no cambiarían los planes del todo. Finalmente, emprendieron el viaje, ¡junto a la pequeña Esmé!

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La pequeña tenía tan solo 10 semanas cuando abandonaron Londres para explorar Asia, Australia y Nueva Zelanda en un viaje de 10 meses. Empacaron su maleta, vendieron su automóvil, rentaron su casa y dejaron sus empleos para embarcarse los tres en la aventura juntos. 

En los primeros meses del viaje, Esmé aun tomaba leche materna, y en el viaje forjó un vínculo muy especial con sus papás. En total, la familia recorrió 12 países. 

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Karen fue documentando todo el viaje con su cámara fotográfica y compartió las mejores tomas en Instagram, y así se encontraron con que más de 44 mil personas se unieron para seguir la aventura de cerca.

Después de 10 meses de viaje, volvieron a Londres, cuando la niña ya tenía 17 meses. Así como para algunos padres que viven de un modo más tradicional es un reto lograr que los niños se acostumbren a un nuevo hogar durante pocos días de vacaciones; para ellos fue un desafío que la niña adopte los hábitos de vivir en un lugar fijo.

 “La parte más rara del viaje fue volver a casa. Esmé no había vivido en un lugar estable por mucho tiempo porque siempre estábamos cambiando de hoteles y cuartos. Es también duro encontrar cosas para ella en Londres”, cuenta la pareja.  

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Esta historia, como muchas otras, ¡demuestra que es posible vivir de una manera diferente!

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