Durante años la recomendación fue vaga: pasar más tiempo en la naturaleza. Nadie decía cuánto, con qué frecuencia ni dónde. Un equipo del Laboratorio de Entornos Urbanos y Salud Humana de la Universidad de Hong Kong quiso convertir ese consejo general en algo que las personas pudieran aplicar en su vida diaria. El estudio lo dirigió Bin Jiang y tiene como primera autora a Jiali Li. Participaron también especialistas en planificación urbana y en psiquiatría de Hong Kong, China, Alemania y el Reino Unido.
Cuarenta y cinco años de evidencia en una curva
El equipo analizó investigaciones publicadas entre 1980 y 2025. Se concentraron en dos variables: cuántas veces por semana se visitan espacios verdes y cuánto tiempo se acumula en ellos. Después las relacionaron con indicadores de salud mental como el estrés, la ansiedad, la depresión y el estado de ánimo.
El trabajo encontró que la frecuencia y la duración se asocian de manera significativa con la salud mental, y tradujo esa relación en tres puntos de referencia:
Una visita y una hora por semana alcanzan el 50 % del efecto máximo estimado.
Cuatro visitas y cuatro horas llegan al 90 %.
Seis visitas y ocho horas, al 99 %.
La forma de la curva importa tanto como los números. La exposición inicial, pequeña y manejable, aporta las ganancias más grandes, mientras que las visitas extra o las estadías más largas suman cada vez menos. Es la lógica de los rendimientos decrecientes: el salto más importante está en pasar de cero a algo.
Chris Webster, profesor de planificación urbana y coautor, explicó que lo sorprendente no es que la naturaleza ayude ni que exista una relación entre dosis y respuesta. Lo llamativo para el equipo fue que el patrón se repitiera de forma consistente en estudios de distintas épocas, y que la dosis necesaria para lograr beneficios medibles fuera relativamente pequeña. Bin Jiang fue más lejos y planteó que esa regularidad podría indicar la existencia de una ley científica objetiva.

Cómo leer los números
Los autores piden interpretar los resultados con cuidado. Los tres umbrales son puntos de referencia redondeados que salen de modelos estadísticos separados, no un cronograma combinado. La duración es el tiempo acumulado en la semana, no el de una sola visita. Y los porcentajes indican qué parte del beneficio máximo del modelo se alcanza, no una mejora directa de los síntomas clínicos.
Hay otra advertencia importante. Gunter Schumann, psiquiatra del equipo, señaló que los umbrales surgen de estudios observacionales y reflejan promedios de población, por lo que complementan el tratamiento clínico y no lo reemplazan. Desde su mirada, el hallazgo más relevante es que las mayores ganancias aparecen con dosis bajas. Una hora o una visita semanal ya consiguen la mitad del efecto, un umbral realista para personas que atraviesan un estado de ánimo bajo o tienen poca energía.
El parque también cuenta
Cuando se habla de naturaleza, muchas personas imaginan una montaña lejana o un bosque al que se llega después de horas de ruta. Los propios investigadores de Hong Kong proponen algo mucho más cercano. Para el público general, sugieren incorporar hábitos simples a la rutina, como una caminata semanal por un parque o elegir un camino más verde para ir al trabajo o al lugar de estudio.
Esa idea coincide con un estudio de 2019 de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, que analizó datos de casi 20.000 personas. Allí, la mayoría de las visitas a la naturaleza ocurrieron a menos de unos tres kilómetros de casa, lo que llevó a los autores a concluir que incluso los espacios verdes urbanos del barrio parecen ser beneficiosos. Tampoco importó si el tiempo se acumulaba en una visita larga o en varias cortas a lo largo de la semana.
En la práctica, la plaza de la esquina, el parque del barrio o una calle con árboles forman parte de la dosis. No hace falta una gran escapada de fin de semana para empezar a sumar tiempo.

Una región de ciudades
Para América Latina, el dato tiene un peso especial. Con el 80 % de su población en ciudades, es la región más urbanizada del planeta. Para la mayoría de sus habitantes, la naturaleza disponible un martes cualquiera no es un parque nacional. Es el espacio verde que tienen a mano.
Por eso el estudio no habla solo a las personas, sino también a quienes diseñan las ciudades. Los autores destacan la importancia de espacios verdes accesibles y atractivos, con asientos a la sombra, senderos peatonales continuos y vegetación bien mantenida, para fomentar un uso regular. También sugieren que las ciudades no midan solo cuánta vegetación tienen, sino cuánto pueden usarla y la usan realmente sus habitantes.
El trabajo forma parte de un marco más amplio que el mismo equipo llama “dosis de naturaleza”. Evalúa el contacto con espacios verdes en cuatro dimensiones: la intensidad, la frecuencia, la duración y la accesibilidad, es decir, qué tan fácil es llegar. Sobre esta última, los investigadores reconocen que la evidencia todavía es limitada. Señalan que falta estudiar cómo influyen la calidad de los espacios, las actividades que se hacen en ellos y las circunstancias de cada persona.
Un punto de partida, no una receta
Jiali Li resume el espíritu del trabajo con un consejo práctico: empezar con una rutina que se pueda sostener, como una caminata semanal por el parque, y ajustarla a las propias necesidades y circunstancias. Para la autora, estos umbrales son un punto de partida alcanzable y no una prescripción fija para todo el mundo.
El hallazgo tiene algo de paradójico. Después de 45 años de investigación, la dosis que más rinde resulta ser la más modesta. Una hora a la semana entre árboles parece poco. Para quien vive en una ciudad sin plazas cerca, puede ser lo más difícil de conseguir.
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