Cuando salimos a la calle, por ejemplo, cuando hablamos con un amigo, o -más aún- cuando tenemos intimidad con nuestra pareja, se producen intercambios de energía. Aunque esto puede ser muy sutil, hay personas que pueden llegar a percibirlo muy intensamente. Esa sensibilidad puede convertirlos en seres muy especiales. Porque esa intensidad bien direccionada puede transformarse en energía sanadora.
Me fui aunque lo amaba, o mejor dicho, también porque lo amaba. Porque me reconocí sumergida en una inercia que no me hacía feliz, que me hacía sentir como anestesiada. Me fui porque quise que los dos fuéramos más felices de lo que éramos juntos. Pero aunque lo elegí, no fue fácil.
Dentro de mí se despertó una curiosidad como de niña por probar lo que siempre aprendí que "no era para mí". Creo que forma parte de un proceso de deconstrucción en el que estoy desde hace unos años; proceso que siento, además, que tiene un eco social en la fuerza femenina que estamos mostrando al mundo.
Comportamientos e ideas como ésas las tomábamos como naturales o hasta nos generaban risa. Hoy, no lo permitiríamos porque rebaja a la mujer a un nivel extremo.
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