Liberar millones de mosquitos para reducir enfermedades que los mosquitos transmiten suena, a primera vista, como una contradicción. Pero esa es exactamente la lógica detrás de Debug, una iniciativa vinculada a Google que acaba de presentar dos solicitudes ante la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) para liberar hasta 96 millones de mosquitos machos en California, Florida y Nueva Jersey entre 2026 y 2028.

La EPA todavía no tomó una decisión.

La bacteria que bloquea la reproducción

El programa opera sobre un principio simple: los mosquitos que se liberan son machos criados con una bacteria de origen natural llamada Wolbachia, que los hace incapaces de tener descendencia con hembras silvestres. Los machos no pican ni transmiten enfermedades. Cuando se aparean con hembras en el entorno, los huevos no llegan a desarrollarse. Con el tiempo, la población de mosquitos portadores de enfermedades disminuye. El Aedes aegypti es vector no solo de dengue sino también de zika y chikungunya, aunque la evidencia de campo de Wolbachia está concentrada hasta ahora en la reducción del dengue

La técnica no usa químicos, ni toxinas, y no implica modificación genética. Wolbachia es una bacteria que en condiciones naturales ya está presente en aproximadamente la mitad de todas las especies de insectos y artrópodos del planeta. La apuesta frente a los insecticidas tradicionales es la precisión: en lugar de afectar a una amplia gama de insectos, actúa principalmente sobre una especie específica. Los mosquitos objetivo, como el Aedes aegypti, no son nativos de California ni de Florida, lo que significa que ningún animal depende de ellos como fuente de alimento.

1

Por qué el momento importa

El contexto no es menor. En 2024 se alcanzó un récord histórico de más de 13 millones de casos de dengue en América Latina y el Caribe. En 2025 los números bajaron considerablemente, pero la OPS advirtió que la circulación simultánea de los cuatro serotipos del virus mantiene el riesgo de brotes y formas graves. La enfermedad ya no se comporta como un problema estacional: se expande hacia zonas donde antes no llegaba, impulsada por el cambio climático y la urbanización acelerada.

En ese marco, la búsqueda de herramientas más precisas y sostenibles que los insecticidas químicos gana urgencia. Wolbachia es, hasta ahora, la más avanzada en términos de evidencia de campo.

Lo que ya pasó en el Valle de Aburrá

El caso de referencia más sólido está en Colombia. Después de liberaciones piloto en 2015-2016, se realizaron despliegues a escala urbana en Bello, Medellín e Itagüí, cubriendo 3,3 millones de personas. Un análisis de series de tiempo interrumpidas mostró que la incidencia de dengue notificada se redujo entre un 95% y un 97% en esas tres ciudades, comparado con la década anterior a la intervención. El programa se extendió luego a Cali con liberaciones escalonadas desde 2020.

La estrategia también opera en Singapur desde 2018, donde el programa reporta una supresión del 80 al 90% de la población de Aedes aegypti y una reducción de más del 70% en los casos de dengue en los sitios tratados.

 rea Metropolitana del Valle de Aburr

Hawái: mosquitos para salvar aves

La aplicación más reciente antes de la solicitud para el continente tuvo un objetivo distinto al de salud pública humana. En 2023, la EPA otorgó una exención de emergencia para el uso de mosquitos con Wolbachia en Hawái, con el fin de controlar una especie invasora que propaga malaria aviar y está contribuyendo al declive de aves en peligro de extinción. La exención permitió tratar hasta 20.000 acres de áreas de conservación para proteger especies como el petrel hawaiano, el ʻIʻiwi y el Nēnē. El permiso permanente para ese programa fue aprobado en abril de 2026.

El debate que no se cierra

La propuesta no está exenta de cuestionamientos. Grupos ambientalistas y vecinos de las zonas afectadas han pedido más estudios sobre los efectos a largo plazo antes de avanzar. El argumento central no es que la tecnología sea peligrosa, sino que los ecosistemas urbanos son complejos y que los efectos en cadena de reducir drásticamente una especie, aunque invasora, no siempre son predecibles. Algunos señalan también que las comunidades que vivirán con las liberaciones deberían tener más peso en la decisión.

Los científicos que respaldan la tecnología responden con la acumulación de evidencia: más de una década de programas en múltiples países, una evaluación de impacto ambiental federal en Estados Unidos que concluyó que las liberaciones no generan efectos significativos sobre el ambiente, y el hecho de que Wolbachia ya habita de forma natural en la mayoría de los insectos del planeta.

El debate de fondo no es solo técnico. Implica decidir qué nivel de certeza se exige antes de implementar intervenciones biológicas a gran escala en entornos urbanos, y quién tiene la autoridad para tomar esa decisión. Estados Unidos todavía no dio una respuesta definitiva.