Cuando pensamos en las principales causas del cambio climático solemos imaginar autos, industrias o centrales eléctricas. Sin embargo, un nuevo informe internacional acaba de poner el foco sobre otra fuente de contaminación a la que muchas veces dejamos de prestarle atención como es la basura.

Según un relevamiento realizado por el proyecto STOP Methane, impulsado por el Instituto Emmett de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), el lugar que más metano emitió durante 2025 fue un relleno sanitario ubicado en Argentina. Se trata del Complejo Ambiental Norte III de la CEAMSE, en Campo de Mayo, una instalación que recibe residuos de la Ciudad de Buenos Aires y más de 40 municipios del conurbano bonaerense.

La noticia volvió a encender las alarmas sobre el impacto climático de los residuos urbanos y sobre un gas que, aunque permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, tiene una capacidad mucho mayor para atrapar calor.

Cada día, miles de toneladas de residuos orgánicos terminan enterradas en rellenos sanitarios. Restos de comida, poda, papel, cartón y otros materiales biodegradables comienzan entonces un proceso de descomposición en ausencia de oxígeno.

Como resultado, generan metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes conocidos.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), durante los primeros veinte años después de ser liberado, el metano tiene un poder de calentamiento superior al del dióxido de carbono. Diversos estudios estiman que puede ser hasta 80 veces más potente en el corto plazo.

Por esa razón, numerosos especialistas consideran que reducir las emisiones de metano es una de las estrategias más rápidas para desacelerar el calentamiento global durante las próximas décadas.

Actualmente, este gas es responsable de cerca de la mitad del aumento de temperatura registrado desde la Revolución Industrial.

Basurales a cielo abierto/ Pexels
Basurales a cielo abierto/ Pexels

El caso de Campo de Mayo

El informe de UCLA utilizó imágenes satelitales y datos públicos de Carbon Mapper, una plataforma internacional dedicada al monitoreo de emisiones contaminantes.

A través de esta tecnología, los investigadores pudieron identificar los puntos de emisión más intensos registrados en rellenos sanitarios de todo el planeta y ubicaron al Complejo Ambiental Norte III de la CEAMSE en el primer puesto del ranking mundial.

El predio recibe en promedio más de 436.000 toneladas de residuos por mes provenientes de la Ciudad de Buenos Aires y municipios como Quilmes, Lanús, Lomas de Zamora, Tigre, Vicente López, Pilar, San Isidro, Merlo, Moreno y Tres de Febrero, entre muchos otros.

La magnitud del volumen gestionado explica en parte la enorme cantidad de biogás que se genera diariamente en el sitio.

Para dimensionar el impacto, los investigadores señalan que un relleno sanitario que emite apenas cuatro toneladas de metano por hora puede tener un efecto climático comparable al de un millón de camionetas circulando durante un año o al funcionamiento de una central eléctrica a carbón de 500 megavatios.

Aunque el informe aclara que las mediciones satelitales presentan limitaciones y no representan una fotografía permanente de las emisiones, los datos muestran una tendencia suficientemente consistente como para ubicar al complejo argentino entre los principales focos de metano detectados a nivel global.

Desde la CEAMSE señalan que el complejo cuenta con sistemas de captación y tratamiento de biogás. Según informa la empresa en su sitio oficial, parte de los gases generados por los residuos son capturados y utilizados para producir electricidad.

La organización asegura que la energía generada equivale al consumo de aproximadamente 200.000 personas. Sin embargo, especialistas en gestión de residuos advierten que incluso los mejores sistemas de captura no logran recuperar la totalidad del metano producido.

Por eso, cada vez más expertos sostienen que la verdadera solución pasa por reducir la cantidad de residuos orgánicos que llegan a la disposición final.

Más allá de Argentina: otros basurales preocupan en América Latina

El caso argentino no es aislado. El mismo monitoreo internacional detectó importantes emisiones en otros países latinoamericanos.

Chile apareció recientemente en los primeros puestos del ranking global con rellenos sanitarios ubicados en Tiltil, Talagante y Penco. En algunos casos, las emisiones registradas fueron comparables a las observadas en grandes instalaciones industriales.

Brasil también figura regularmente entre los países con mayores emisiones provenientes de residuos urbanos debido al enorme volumen de basura generado por sus principales áreas metropolitanas.

Según el Banco Mundial, América Latina produce más de 230 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos cada año, y una proporción significativa termina en rellenos sanitarios o basurales donde los residuos orgánicos continúan generando metano durante décadas.

Además, la región enfrenta otro desafío: la persistencia de miles de basurales a cielo abierto.

Solo en Argentina se estima que existen más de 5.000 sitios de disposición informal de residuos, muchos de ellos sin ningún sistema de control ambiental.

Los residuos plásticos mundiales mal administrados podrían duplicarse de aquí a 2050
Basurales a cielo abierto

Una oportunidad climática poco explorada

Paradójicamente, el metano es también una de las áreas donde existen mayores oportunidades de reducción inmediata.

A diferencia de otros sectores difíciles de transformar, las emisiones provenientes de residuos pueden disminuir mediante acciones relativamente conocidas como el compostaje, la separación de orgánicos en origen, la digestión anaeróbica para producir biogás y la mejoras en la captura de gases de los rellenos sanitarios.

Cada tonelada de residuos orgánicos que se composta evita que se transforme en metano dentro de un vertedero.

Por eso, organismos internacionales consideran que mejorar la gestión de residuos podría convertirse en una de las herramientas más efectivas para reducir emisiones durante los próximos años.

La basura suele desaparecer de nuestra vista apenas la sacamos de casa. Pero los nuevos mapas satelitales muestran que sus efectos permanecen mucho tiempo después y que, en plena crisis climática, lo que enterramos hoy puede seguir calentando el planeta durante décadas.