Seguramente sabes lo que son las relaciones o personas tóxicas. Son aquellas personas que ponen tu vida de cabeza cada vez que hablas o interactúas con ellas. Es un tema bastante difundido y estamos acostumbrados a leer sobre cómo lidiar con ellos e intentar cortar esos vínculos que no nos hacen bien.

Sin embargo, exagerar ese concepto nos lleva a una idealización peligrosa. Como si hubiera personas buenas y malas, y las últimas no tuvieran remedio. Los definimos como personas tóxicas, los imaginamos como personas con ciertos rasgos capaces de promover la tensión, el conflicto y el caos. Pero estas características pueden estar presentes en cualquiera. Incluso en nosotros mismos. ¿Qué hacer entonces? Y sobre todo, ¿cómo darnos cuenta?

 Estos son 3 de los indicadores más importantes.

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Frialdad y prepotencia

El cerebro humano está diseñado para identificar y percibir posibles situaciones de riesgo, por eso, al momento de conocer a una persona, estudiamos sus acciones, su físico. Según Heidi Grant, psicóloga de la Universidad de Yale, cuando se es cálido, las personas reciben nuestras demandas o consejos como “una ayuda”. Las personas suelen ver nuestras intenciones como acciones de buena fe cuando somos personas cálidas.

Sin embargo, “las personas tienden a perder la cualidad de calidez en las áreas profesionales”, con tal de parecer competente agregó Grant. De esta manera, las personas, con el afán de parecer competitivas y capaces suelen gritar a sus compañeros o hablarles con tono desagradable, volviéndose tóxicas.

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Egoísmo

La despreocupación de los problemas propios e imposiciones de éstas a terceros son unos de los rasgos más claros de estas personas. Estas personas siempre están al tanto de lo que hacen los demás para dar una crítica, que casi nunca resulta constructiva.

Grant dice que: “la mayoría de las personas egocéntricas ni siquiera se dan cuenta de que lo son, y algunos de ellos ni siquiera quieren serlo. Excepto por los narcisistas”. La psicóloga asegura que para no caer en esta categoría de la toxicidad, las personas deberían tomarse un tiempo y tratar de ponerse en los zapatos de los demás para tener otras perspectivas. Una frase sería suficiente: “Me imagino lo que debiste sentir”.

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“El sabelotodo” y su intransigencia

Según varios estudios psicológicos realizados, los compañeros tóxicos suelen tener una excesiva confianza en sí mismos, llegando a considerarse superiores a sus semejantes, cuando en realidad en la mayoría de las ocasiones, no tienen un manejo del conocimiento necesario. Este tipo de personas con frecuencia usan el maltrato para demostrar su supuesta superioridad.

Es bien sabido que este nivel de confianza excesiva va de la mano con resultados de desempeño menores a los esperados, pues estas personas sobrevaloran sus capacidades al no poder valorarse correctamente.

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Si fuiste capaz de reconocer alguno de estos aspectos en tu personalidad, no deberías sentirte mal contigo mismo, acudir a un profesional o reflexionar sobre tu comportamiento te ayudará a mejorar.

La autocrítica es necesaria y nos ayuda a crecer como personas a lo largo de nuestra vida. Aplícala para reconocer los comportamientos indeseables en los que puedes estar incurriendo sin darte cuenta.