Las mujeres han sido, a diferencia de lo que nos hicieron pensar hasta ahora, un género fuerte. Seguramente las privaciones, la marginalidad o las situaciones de violencia a las que se las ha sometido hayan quedado grabadas en ellas a través de las generaciones, generando un impulso de vida aun más fuerte.

Berta Cáceres fue una de las que han sabido llevar adelante esta lucha intensa más allá de las dificultades, teniendo un horizonte bien definido y portando alta su bandera. Durante su vida se convirtió en la líder de la comunidad originaria “Lenca”, la mayor etnia del oriente de El Salvador y Honduras, su tierra natal. Además, luchó por su género e intensamente por el medio ambiente.

Fue la cofundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), donde llevó a cabo una intensa defensa de los derechos territoriales, culturales, y especialmente también de las mujeres, impulsando un proceso de transformación junto con las comunidades para empoderlas. Gracias a ese trabajo, lograron expulsar 30 industrias, 15 mega proyectos hidroeléctricos y otros de explotación minera, defendiendo su tierra de la concesión a empresas privadas trasnacionales.

Por esa causa, fue reconocida en el 2015 con el Premio Goldman, que se otorga todos los años a destacados defensores de la naturaleza.

Sin embargo, la lucha de ella como la de otras miles de mujeres y hombres que eligen tomar el camino de seguir adelante con la bandera de sus demandas históricas ha sido silenciada. Berta fue asesinada recientemente en su casa, una semana después de haber brindado una conferencia de prensa donde denunció la muerte de cuatro dirigentes de su comunidad. Sin embargo, según fuentes locales, el hecho fue solo un intento de asalto. Claramente, ni sus familiares ni la comunidad sostienen lo mismo.

“Sabemos con certera claridad que los motivos de su vil asesinato fueron su resistencia y lucha en contra de la explotación de los bienes comunes de la naturaleza y en defensa del pueblo Ienca”, señalaron sus hijos en un comunicado.

De hecho, esto sucedió en medio de la disputa que ella encabezaba por la instalación del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca en el río Gualcarque. Su campaña logró que la compañía de propiedad estatal china Sinohydro y la Corporación Financiera Internacional, institución del Banco Mundial, abandonaran su respaldo al proyecto que comprometía ese río, sagrado para las comunidades y vital para su vida.

Su muerte es muy alarmante, ya que nos habla de una tendencia que continúa en ascenso: según el último informe de Global Witness, 116 activistas ambientales fueron asesinados en 17 países en 2014; y el 40% de las muertes corresponden a miembros de pueblos originarios. Esta situación, muy característica de América Latina y los países más pobres del mundo, donde las corporaciones internacionales llegan con proyectos que comprometen los recursos de la región y, con ellos, muchas veces ponen en riesgo no solo la cultura sino incluso también la vida de sus habitantes. 

Berta sabía muy bien a qué y a quiénes se enfrentaba, cuál era el poder real que estaba combatiendo, y que este la amenazaba constantemente. Pero ella siguió adelante, con alegría, con música, con ceremonias, defendiendo lo que le pertenecía a su pueblo, y a su familia que formó con el dirigente indígena Salvador Zúniga. Sin duda, sus 4 hijos llevarán siempre en su sangre el legado de una lucha que continuará y buscará esclarecer su muerte.

En el mes de la mujer, ésta tiene que ser, además, una triste lección para el mundo entero, ya que, retomando sus palabras: “No es fácil ser mujer dirigiendo procesos de resistencias indígenas. En una sociedad increíblemente patriarcal, las mujeres estamos muy expuestas, tenemos que enfrentar circunstancias de mucho riesgo, campañas machistas y misóginas. No es tanto la transnacional sino la agresión machista por todos lados”.

Conoce más sobre su valiente lucha en el siguiente video: