En 2023 nuestras vidas se volvieron un poco más rosa gracias al éxito rotundo de la película Barbie. Pero, ¿sabías que el rosa en realidad, en la naturaleza, no existe? Esto se debe a que no existe una longitud de onda asociada al rosa en el espectro de luz visible.

Los colores que percibimos son el resultado de las ondas electromagnéticas que conforman la luz visible. Cuando la luz blanca del sol, que es una mezcla de todos los colores, se descompone, como en un arcoíris, revela este espectro de colores. Los objetos reflejan ciertas longitudes de onda, que nuestros ojos captan y el cerebro interpreta como colores.

Dentro del espectro visible, que ocupa solo una pequeña franja de frecuencias, no se encuentra el rosa. Este color es, en realidad, una percepción visual que resulta de la combinación del rojo y el violeta o el azul puro. Los objetos rosas no reflejan fotones de longitud de onda rosa, sino una mezcla que el cerebro humano interpreta como tal.

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Lo que nuestros ojos no ven

La luz violeta se encuentra en el extremo inferior (400 nanómetros), y la luz roja en el superior (700 nanómetros). Las frecuencias más allá de estos límites son invisibles al ojo humano. Por debajo del rojo, tenemos la luz infrarroja, seguida de microondas y ondas de radio, utilizadas en comunicaciones y tecnología de radar. Por encima del violeta, se encuentra la luz ultravioleta, utilizada en desinfección y bronceado, y aún más allá, los rayos X y gamma, importantes en medicina para diagnóstico por imágenes y tratamientos como la radioterapia. La frontera entre cada tipo de luz no es fija, sino que varía según su aplicación práctica.

Aunque el rosa no es un color del espectro electromagnético, es indudablemente real en nuestra percepción. Decir que el rosa no existe sería como negar la existencia del negro o el blanco, que también son percepciones creadas por la combinación de colores. El color es tanto un fenómeno físico como una experiencia perceptiva humana.

Fuente: DW.