Imagina un mundo en el que todos fueran iguales. Ninguno tendría más que otro. Pero además, ninguno sería pobre. Todos tendrían lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas, pero también las que no lo son tanto, como poder pasear, disfrutar de sus actividades favoritas, viajar o darse gustos con las comidas.

Y eso no sería todo. Además, el planeta no saldría perdiendo, sino ganando. Todo eso no se lograría a costa de extraer lo máximo posible de la naturaleza, sino de respetarla y aprender de ella. ¿Parece imposible? Algunos economistas creen que no lo es. El concepto de Economía Azul, desarrollado por Gunter Pauli, apunta a eso. 

La premisa de la economía azul es sencilla: imitar a la naturaleza, que es sabia y utiliza sus recursos de forma perfecta, sin desechos ni desempleo.

La economía azul no es el primer modelo económico que piensa en el ambiente: ya existía el concepto de economía verde o ecológica. Pero su principal problema era que las innovaciones que proponía para no dañar al planeta, como las energías alternativas o los cultivos orgánicos, no eran del todo una solución.  A veces necesitaban de enormes inversiones iniciales que no se encontraron, y otras veces daban como resultado productos saludables y ecológicos pero extremadamente costosos, que eran para unos pocos, porque la mayor parte de las personas no los podría costear.

También existen modelos económicos que piensan en poner la igualdad económica entre todas las personas y los valores éticos y morales por delante del beneficio económico, como la Economía Social o la Economía del bien común.

Pero lo innovador de la Economía Azul es que combina ambas, comprendiendo que ningún beneficio tiene sentido si no se cuida el planeta que se dejará a las próximas generaciones, pero tampoco tiene sentido cuidarlo de una manera que no sea viable para todas las personas que viven hoy en él.

¿Por qué azul?

El cielo es azul, el mar es azul, nuestro planeta es azul: de allí viene el nombre de esta economía que imita al azul naturaleza.

Según Gunter Pauli, principal exponente de esta corriente, la economía actual es incapaz de responder a las necesidades básicas de todas las personas. En cambio, la naturaleza es perfectamente capaz de sostener a todos los seres vivos, sin generar ningún desecho, porque en un ecosistema sin intervención humana todo se recupera. Además, todos y todo en la naturaleza tiene una función: "No hay desempleo en ella".

Aprovechar todo, sin considerar que nada es un desecho, lleva directamente a la abundancia: tendremos recursos donde antes no los había. Cuánta más abundancia haya, más fácil será repartirla entre todos sin que nadie salga perjudicado.

La principal propuesta de la economía azul, por eso, es la biomímesis, que busca la solución de problemas a través de la observación y aplicación de soluciones provenientes de la naturaleza. Se busca generar innovaciones pensando de esa manera.

Los cuatro principios del océano azul

La economía azul tiene cuatro "principios del océano" que son necesarios para que tenga éxito:

Además, hay al menos 6 características que debería tener una empresa, proyecto o innovación pensado desde la economía azul:

¿Te gustaría que más economistas en el mundo pensaran de esta manera?