No hay persona que no haya sentido alguna vez el amor, en cualquiera de sus formas: pareja, amistad, familia, amor propio, animales, o cualquier otra. Por eso, seguramente todos sepan que cuando realmente sentimos un vínculo profundo y sincero con alguien queremos compartir tiempo con ella/él, y cuidarlo como su fuera un tesoro. 

Pero el amor tiene sus matices. No todo es color de rosas. Hay vínculos que pueden mantenerse en el tiempo por costumbre, por miedo, o por dependencia emocional. Y eso, al fin de cuentas, deja de ser amor. Apego es el nombre de esa relación que se sostiene solo por miedo y costumbre. Porque el más sincero y maduro es aquel que puede trascender estas barreras, especialmente la del apego, y seguir evolucionando de una forma más verdadera y profunda. 

[Lee también: Estos son los 3 tipos de amor que experimentarás una vez en la vida]

¿Cómo aprender a diferenciarlo? Chequea estos consejos para que tu relación se base en un amor real, y no en el de las películas que aunque se ve bonito puede quitarte libertad y no hacerte tan feliz como deseas.

1. El apego es egoísta. El amor, desinteresado. 

Si realmente amas a alguien, quieres que el otro sea feliz, aunque eso implique tomar decisiones, o un camino que tú no quieres para ti. Si amas, no quieres guardar al otro en un cofre secreto, deseas de corazón que despliegue todo su potencial, crezca y alcance sus sueños. El apego egoísta solo busca conservar al otro cueste lo que cueste porque "lo necesita"; aunque eso implique "cortarle las alas" para que no se aleje.

[Lee también: Cómo diferenciar amor propio de egoísmo]

2. El apego controla; el amor, libera 

A diferencia de lo que muchas veces suele pasar, el amor es por definición libre. Eso quiere decir que nadie puede amarrar al otro para siempre; el vínculo es una elección que solo puede hacerse en libertad. Pero suele suceder que por inseguridades o por miedo al abandono o al fracaso, el amor se convierte en control, y eso puede llevar a un vínculo tóxico difícil de romper. 

[Lee también: 5 descubrimientos científicos sobre el amor y las parejas]

3. El apego obstaculiza; el amor, favorece el crecimiento 

Ser emocionalmente dependiente del otro hace que todas las decisiones que queramos tomar, incluso las más cotidianas y pequeñas, estén condicionadas por lo que diga o haga el otro. Y eso, en el tiempo, puede frenar el crecimiento o incluso servirnos de excusa para no animarnos a dar el paso que queremos para crecer. Un amor verdadero es el que acompaña en el crecimiento, apoya y deja el espacio libre para que el otro haga su propio camino. Porque la clave para mantener un vínculo sano en el tiempo es acompañarse, no ahogarse. 

[Lee también: 7 señales de que tu alma gemela está a punto de aparecer]

4. El amor puede ser eterno; el apego, pasajero

Decir que hay "amores para siempre" no quiere decir que lo que conocemos como enamoramiento se mantenga para siempre en el tiempo. Si no que el verdadero amor, el más profundo sentimiento hacia otro, puede mantenerse en el tiempo. Hay amigos, hermanos o incluso ex parejas que aunque no se vean o estén separados físicamente, desean que el otro sea feliz, y aún pueden amarlo, en un sentido muy distinto al apego. Por el contrario, la dependencia emocional lleva a rencores, enojos, frustraciones. Y ésas, al fin y al cabo, son emociones que tienen una fecha de vencimiento.

5. El amor disminuye el ego; el apego, lo potencia

Si tenemos un apego con alguien, lo queremos para nosotros solos, queremos conservarlo, no perderlo; o bien, le echamos encima la responsabilidad de nuestros propios miedos o frustraciones. Eso, a fin de cuentas, lo que hace es impulsar nuestro ego, y potenciar nuestra inseguridad. Por el contrario, el amor es reconocer los errores, aprender a ser menos egoísta y crecer dejando también libre al otro.

[Lee también: Hay 7 tipos de ego: ¿Cuál tienes tú?]


Frases de alarma para detectar el apego: