Siempre pareceque el mundo está apunto de acabarse. Los medios siempre nos están bombardeandocon promesas de guerras, tratados que llegan a su fin, una nueva cepa de unaenfermedad y claro, asteroides que pueden llegar a impactar la Tierra si su órbita cambia sólo un poco. Sin embargo, parece que una de las cosas que másnos debería preocupar, es algo que no vemos hasta que es demasiado tarde.  

Los asteroidesque se aproximan al planeta y que los científicos creen que pueden representarun peligro para la humanidad, no son tan peligrosos (ni comunes) como unos máspequeños y rápidos, como el que acaba de pasar realmente cerca del planeta hacesólo unos días.  

Hoy bautizado como 2018 GE3, el asteroide que mide entre 47 y 100 metros de diámetro representó un peligro crítico para el planeta y nadie se dio cuenta hasta poco antes de su paso por la órbita terrestre. Se dice que pasó tan cerca como la mitad de la distancia que hay entre nuestro planeta y la Luna, por lo que el riesgo de impacto fue bastante real.

Sin embargo, los científicos usualmente no tienen mucho conocimiento de estos pequeños asteroides debido a su composición química y a que se pierden entre el infinito universo, por lo que no es tan fácil detectarlos como a masas más grandes llamadas “asteroides potencialmente peligrosos”.  

Estos asteroides también son peligrosos, tal vez no implican un Apocalipsis instantáneo, pero de impactar con la superficie, o antes de desintegrarse en la atmósfera, podría causar un grave daño a esa zona. O algo así como la gran serie de cambios que acabó con los dinosaurios.   

El fenómeno de Tunguska

El 30 de junio de 1908 una explosión conmocionó a miles de personas en Rusia y Europa. Un fenómeno que luego se compararía con el de las bombas nucleares había sucedido en la remota e inhabitada región de Tunguska, Rusia.  

Aunque no se encontró un cráter, el resto de los árboles, todos muertos y viendo a una misma dirección, llevó a los científicos al sitio en el que todo sucedió, y determinaron que había una zona de devastación de 60 kilómetros de diámetro y que el efecto aplanó dos mil kilómetros cuadrados de tierra.  

De haber impactado en una gran ciudad habría sido similar al efecto de una bomba nuclear, por lo que lo que sucedió el 18 de abril de 2018 es verdadera suerte, pues nadie está preparado para una catástrofe de tales dimensiones.

Esto además de obligarnos a ver hacia los cielos preguntándonos qué hay fuera del planeta es una llamada de atención para las agencias espaciales, pues nunca sabemos cuándo puede ser el inicio del fin.