Más allá de lo que digan las canciones, los cuentos o las películas románticas, la verdad es que en una pareja el amor no lo puede todo. Si bien el cariño es esencial para que una pareja dure en el tiempo, ésta también puede romperse aunque haya amor.

Según el psicólogo Sebastián Girona, la principal causa de ruptura en la pareja es el “síndrome de la asimetría”.

Tiene que ver con la distribución del poder en la pareja y es muy importante tenerlo en cuenta si queremos evitar conflictos y mantener nuestra relación en el tiempo.

Un contrato asimétrico, una pareja enferma

Un síndrome es un conjunto de síntomas que se presentan juntos y son característicos de una enfermedad.

El síndrome de la asimetría es llamado así porque es una suerte de enfermedad de la pareja, que tiene sus síntomas, causas y consecuencias. Pero, también como una enfermedad, se puede cuidar y curar.

Al momento de comenzar una pareja, se firma un contrato tácito, en el que ambos miembros de la relación aceptan derechos y obligaciones.

El síndrome de la asimetría comienza cuando en ese contrato, una de las personas de la pareja tiene más derechos y menos obligaciones que la otra y viceversa.

Si bien en las relaciones largas este contrato se va modificando y actualizando con el tiempo, hay cuestiones estructurales que son difíciles de cambiar, y por eso cuanto antes se detecten, más fácil será acomodarlas.

Equilibrio en el flujo de poder

En todo vínculo humano, desde la familia hasta la amistad, existe un flujo de poder. El desafío cuando se trata de relaciones de pareja, es que este poder fluya de manera equilibrada.

Es decir, que no haya un miembro que impone y otro que acepta, sino que las decisiones se tomen de manera compartida.

Esto no quiere decir que una pareja sea perfectamente equitativa, porque es algo muy difícil. La personalidad de los individuos es diversa, y en todas las relaciones suele haber una persona que tenga un carácter más fuerte que el otro.

Pero es importante que haya alternancia, y que las personas de una relación se escuchen, se acepten y estén dispuestas a dejarle lugar a los deseos del otro.

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Síntomas del síndrome de asimetría

Como dijimos, el síndrome de asimetría funciona como una enfermedad, y como tal tiene sus síntomas específicos.

Presta atención si crees que en tu relación se manifiesta alguna de estas características:

Prevalencia de uno de los integrantes de la pareja en las decisiones

Como dijimos, esto sucede cuando uno de los miembros de la relación toma todas las decisiones, mientras que el otro sólo obedece, sin dar su opinión ni tener derecho a elegir.

Falta de diálogo

El diálogo es el oxígeno de la pareja, y el que la hace funcionar. En las parejas asimétricas, cuesta mucho hablar de los pilares centrales del vínculo, y justamente eso hace difícil cambiar el orden de las cosas.

Desenganche emocional

También se llama a esto “asimetría horizontal”. Sucede cuando a uno de los miembros de la pareja (o a ambos) no le importa lo que le pasa al otro. Ya sea algo bueno o algo malo, lo que le pase a su pareja no le resulta importante.

No se toleran las diferencias, críticas constantes

Otro síntoma claro es que la pareja comienza a criticarse permanentemente, porque no aceptan las diferencias. No son capaces de encontrar términos medios o ponerse de acuerdo.

Ausencia de espacios compartidos

Finalmente, se nota el síndrome de la asimetría cuando la pareja no tiene espacios compartidos, o situaciones para pasar tiempo juntos. Esto hace que no existan los momentos de intimidad, y la pareja se debilite.

Curar el síndrome

Para terminar con esta enfermedad de la pareja, es muy importante que, para empezar, se abra el diálogo y se “revise el contrato”. Es decir, que se vuelva a encontrar un equilibro de poder, y que la decisiones comiencen a ser compartidas.

Para que cualquier relación funcione, es indispensable que ambos miembros de la pareja estén dispuestos a aceptar al otro con sus diferencias, y a entender que no siempre las cosas de a dos son exactamente como uno las quiere.

Hay que aprender a negociar, y buscar momentos para compartir en la intimidad. Momentos elegidos de a dos y disfrutados de a dos.

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