Qué mejor ejemplopara enfatizar el problema de la lectura en el mundo que Donald Trump. Así comolos expertos de mercadotecnia, Trump enfatiza que el futuro no está en laspalabras, le gustan los medios audiovisuales, quiere que la información lleguea él masticada y digerida, es fanático de los bullets y se dice que sus subordinados escriben su nombre cadaciertos renglones para mantenerlo interesado. Acerca de Trump, Michael Wolffescribe:  

 “No procesa la informaciónen ningún sentido convencional (..) No lee, ni siquiera lee sobre líneas.Algunos creían que en sentidos prácticos, no es más que semianalfabeto”.  

Todos podemos reír de Trump, o temer, después de todo esa persona que apenas lee puede activar códigos nucleares sin leer el memo, pero la realidad es que muchas personas que cursaron niveles superiores de educación, tampoco leen, y si lo hacen, son tuits, citas y pequeños artículos en Internet.  

“No importa lo que leas, mientras leas” dejó de ser algo aceptable con la llegada del mundo virtual. Aunque no lo parezca, los libros son una herramienta indispensable para mejorar nuestra capacidad lectora.  

Desde hace más de 100 años la neurolingüística se ha enfocado en entender la relación entre el lenguaje y el cerebro, esta ciencia ha determinado que incluso antes de que existiera la escritura, ya teníamos en nuestros genes la capacidad de entender símbolos y letras, una herencia genética que, según especialistas, se remonta al concepto platónico de que el conocimiento de la cosa existe en nuestra mente antes de percibirla en la realidad.  

Entonces, si tenemos la capacidad lectora incluso antes de empezar a leer, significa que mientras más leamos, mejor entenderemos nuestra realidad y que así podremos comunicarnos de forma mucho más eficiente. Pero si dejamos la lectura en un nivel básico, nos convertiremos en autómatas, leeremos algo y lo supondremos como verdad, dejaremos fuera la crítica, duda y retroalimentación de lo que nuestros ojos captan.  

Esa pasividad no sólo es mala para el individuo, sino para la sociedad. El mensaje es importante y las palabras carentes de significado o con un mensaje totalmente explícito reducen la capacidad de análisis, poco a poco nos convertimos en frascos vacíos.  

Según el doctor Merlin C. Wittrock:  

“Para comprender un texto no sólo leemos en el sentido literal de la palabra, sino que le construimos un complejo significado. En este complejo proceso los lectores sirven al texto. Crean imágenes y realizan transformaciones verbales para representar su significado. Y, lo que es todavía más impresionante, generan significado mientras leen, por medio de la construcción de las relaciones entre sus conocimientos, el recuerdo de sus experiencias, y las frases, párrafos y pasajes escritos”.  

Así que leer es más que pasar los ojos sobre palabras, se trata de retar a nuestra mente y poco a poco entender que sí podemos leer lo que queramos, siempre y cuando eso deje algo en nosotros, nos rete y nos obligue a cuestionar; sólo así la lectura realmente se vuelve útil ante nuestra vida.