Muchos añosdespués de crecer seguimos creyendo las mentiras de nuestos padres. Muchasveces es porque al ser tan pequeños, creíamos todo lo que nos decían y haycosas que se han olvidado o que simplemente nunca cuestionamos. Un ejemplo esalgo que al parecer nunca pasará de moda: creer que los perros pueden oler elmiedo.  
 

Seguramente a ti también te lo dijeron: “No tengas miedo porque ellos lo pueden oler”, seguramente eso sólo te hizo más nervioso ante los perros, pero tal vez tardaste años en decidir que eso sonaba un poco raro, y una simple búsqueda en páginas de veterinarios te demostraron que no, los perros se guían más en tus movimientos que en su olfato para saber si les tienes miedo.  

La mayoría de las mentiras que nos dijeron fueron para protegernos, para mantener nuestra infancia intacta y feliz y otras, simplemente porque les daba risa nuestra incredulidad. Lo curioso es que mientras ellos nos contaron mentiras que sus padres también les contaron, la brecha generacional los obligó a inventar nuevas mentiras, unas que tal vez incluso ellos se creían.  

¿Te han dicho estas mentiras de pequeño?

Cuidado, pueden regalarte drogas sin que lo sepas

Tal vez te contaron que había gente fuera de tu escuela que regalaba estampas con drogas, o tal vez siempre estuvieron preocupados de los dulces que comías en Halloween porque seguramente podían contener drogas. Claro, la gente mala siempre ha existido, pero la excusa era que esas personas querían engancharte para que te volvieras adicto y pensándolo bien, años después, nadie buscaría a un niño para volverlo adicto.  Además que las drogas no son baratas en general.

Estudiar solucionará tus problemas

Una mentira que ellos no sabían que decían era que con estudiar tus problemas se solucionarían. Tal vez ellos vieron que bastaba tener educación universitaria para vivir bien, pero la realidad se ha deformado que hoy esos sueños rotos son un problema generacional.  

La guerra generará trabajo

Por ejemplo, en Finlandia a los jóvenes se les decía que cuando las personas que nacieron después de la Segunda Guerra Mundial se retirara, los empleos aumentarían. Vivieron y crecieron con esa idea, y cuando llegó el día, las tazas de desempleo eran las más altas en la historia.  

Internet está lleno de gente muy rara

Por nuestra seguridad, cuando el acceso a internet aún era muy poco regulado (no es que las cosas hayan cambiado mucho) nos dijeron que todos en Internet eran extraños que querían hacerte daño. La realidad es que la mayoría de la gente en Internet es realmente ordinaria.  

A los adultos nadie les cae mal

Si alguna vez pensaste que no le caías bien a una maestra y se lo dijiste a tus padres, lo más probable es que te dijeran que los adultos no tenían ese problema, que estabas exagerando. Si tienes amigas o amigos que sean maestros ahora pregúntales, incluso tienen listas de todos los niños que no les agradan.  

A los 25 tendrás la vida resuelta

Así como te dijeron que ese no era un problema de adultos, también mintieron al decir que un día todo tendría sentido y que sabrías qué hacer. Incluso de niños pensábamos que a los 25 años tendríamos la vida resuelta. Ahora que hablas con tus padres seguramente te dicen que en ese momento ni siquiera ellos sabían qué es lo que hacían.  

"Cuando yo era pequeño el mundo no tenía color"

También hay mentiras que ahora sólo nos hacen reír, como cuando nuestros padres (o abuelos) nos decían que antes las cosas sí eran en blanco y negro o color sepia, tal como en las fotografías y las películas.  

A los 18 tendrás que arreglarte solo

Finalmente, a muchos nos dijeron que a los 18 años era momento de hacer todo por nosotros, que ellos no podrían seguir cuidando de nuestra vida. Tal vez para ellos tampoco era una mentira, pero la economía se encargó de convertir esas palabras en la mentira más grande, pues hoy pocas personas pueden cumplir 18 años y mudarse, conseguir trabajo y seguir pagando por su educación.  

Estas “mentiras millennial” fueron recopiladas de testimonios verdaderos de gente alrededor del mundo que vive nostálgica por el pasado, pero que a pesar de todo, es entusiasta por el futuro.