Jean-Paul Sartre dijo que el infierno eran los otros. A su manera, el filósofo francés tenía razón, pero no podemos olvidar que muchas veces nosotros somos nuestra propia perdición. Ya sea por las decisiones que tomamos, las personas con las que decidimos continuar a pesar de saber que nos hacen daño o los pensamientos que constantemente invaden nuestra mente y no nos dejan en paz.

Ser felices no es algo fácil, pero sí comienza con una decisión: el cambio. Mientras no aceptemos que las cosas están mal y busquemos un cambio, seguiremos siendo tan desdichados como siempre.

Tengo que agradarle a todos

Hemos crecido para ser cada vez más empáticos y comprensivos, pero esa fortaleza viene acompañada de desventajas. También nos hemos vuelto más sensibles a la opinión ajena. Al querer ser una mejor persona, saber que alguien no nos soporta puede hacernos caer en un vórtices de pensamientos negativos y ansiedad.

Tal vez no puedas dejarlo pasar tan fácil como otras personas que realmente no les importa lo que piensen de ellas, pero sí tienes que dejar de sentirte presionado por la necesidad de que todos opinen algo bueno de ti. En la vida siempre habrá detractores y necesitas ocuparte de tu tiempo y tu vida, no de la de ellos.

Tengo que ser el mejor… en todo

La necesidad de brillar sobre los demás, ya sea para tener mejores oportunidades o simplemente para demostrar que nos esforzamos como nadie, puede carcomer tu vida desde muy pequeño. Recordarás tu vida en momentos, pero si cada uno de ellos estuvo lleno de prácticas, esfuerzo por estudiar, mejorar en uno o dos deportes, practicar idiomas, trabajar y más, nunca tendrás tiempo para divertirte.

Tengo que mantener esta amistad

Las relaciones tóxicas se aferran a nosotros como las adicciones a las drogas, sabemos que son malas para nosotros, pero cuando están cerca es inevitable no sucumbir ante ellas. Dejarlas poco a poco a veces es un placebo que nos hace pensar que realmente las cosas cambiaran y que tenemos el control, pero cuando esa persona vuelve a herirnos –o peor, nos damos cuenta que nosotros somos la persona tóxica de la relación– es momento de cortar lazos y pensar en nuestra propia felicidad.

Si algo puede salir mal, saldrá mal

Claro, la misma ley de Murphy lo dice, sin embargo, preocuparse por las cosas que no podemos controlar sólo provoca un estrés muchas veces imperceptible en nosotros. No recomendamos ser pasivos ante las cosas, si la injusticia y el abuso ocurren en tu país o incluso en tu hogar, es importante enfrentarlo, pero siempre con la mentalidad de que el cambio llega eventualmente. Por otra parte, si es un problema personal que se resolverá días o meses después, debes dejar la ansiedad de lado, pues la idea de saber qué sucederá en el futuro no te deja disfrutar el presente.

Ya no puedo tener la felicidad de antes

¿Perdiste a un ser amado, a quien creías que era el amor de tu vida o tal vez te alejaste de un grupo de buenos amigos y crees que ahora la felicidad es un lujo externo a ti? Creer que no merecemos felicidad es el primer paso a una vida de decepciones. Todos merecemos amor a pesar de las cosas que hemos vivido y aunque parezca imposible, siempre es posible volver a sentirse pleno. Tal vez nunca de la manera en que lo fuimos, pero sí de una forma distinta, que no se tiene que comparar, sólo disfrutar.

Sí, la gente puede ser el infierno, pero también necesitamos hacer un examen de conciencia y entender que nos sólo son ellos, que las ideas negativas son las que muchas veces nos mantienen al margen de la verdadera felicidad.

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