Generalmente en la escuela, e incluso en la Universidad, hay una distinción muy clara: los alumnos aplicados y los que no lo son. Los primeros son los que sacan muy buenas calificaciones, los preferidos de los docentes, a quienes se les augura un mejor destino.

Los segundos son los que obtienen calificaciones malas o que aprueban con lo justo, y sobre quienes los adultos suelen creer que están mal encaminados en la vida.

Sin embargo, hay opiniones divergentes al respecto, y distintos estudios han dado cuenta de que no es tan así.


Esto no quiere decir que nada les salga bien; pero sí que no son los más preparados para alcanzar el éxito, la fama, la gloria y el dinero. En realidad, se trata de un problema que tiene que ver con cómo está planteada la educación formal.

Dificultades para afrontar la vida

Según el escritor y periodista inglés John Haltiwanger, las personas que destacan académicamente no son las más afortunadas en el mundo laboral.

Esto, según el criterio de Haltiwanger, tiene que ver con que la educación formal motiva el cumplimiento de reglas, pero no da todas las herramientas necesarias para enfrentarse al mundo laboral, e incluso para desarrollarse en la vida personal.

Los mejores alumnos, que estaban acostumbrados a que con cumplir lo que en la escuela les pedían que aprendieran era suficiente, se encontrarán con que esa fórmula no funciona en el "mundo real". 

En otras palabras, quienes se atienen a las normas de la educación no tienen problemas en sacar buenas calificaciones, pero difícilmente consigan grandes logros.

Romper los límites

En esta línea, otra razón por la cual los buenos alumnos no siempre destacan luego, es porque no van más allá de lo establecido.

Es normal: en el colegio, las reglas son claras. Quien mejor respeta las reglas, mejores beneficios obtiene. Pero la vida real no es así: no tiene reglas claras, y hay que saber moverse más allá de los límites.

Las personas verdaderamente exitosas son aquellas que rompen los esquemas, que se animan a avanzar incluso por donde les dicen que no se puede.

En este sentido, Karen Arnold, líder de la investigación en la Universidad de Boston, asegura que el sistema educativo premia el conformismo de sus alumnos.

En el colegio, se siguen las instrucciones del profesor, y con eso basta: se alcanzan las buenas calificaciones, y todo el mundo parece estar conforme. Pero las personas que se logran salir de ese orden, sobrepasan las limitaciones y llegan mucho más lejos.

Muchos pequeños saberes vs. una gran pasión

Finalmente, hay otro motivo por el que los buenos alumnos no están bien preparados para el éxito.

Es que la escuela nos enseña a saber un poco de todo. Piénsalo: cuando vas al colegio, tienes que aprobar a veces más de 10 materias. Entonces, si una te gusta más que el resto, tienes poco tiempo de prestarle atención.

Al final, terminas teniendo bastante conocimiento general, pero no puedes dedicarte a tu verdadera pasión. En cambio, los que triunfan en el mundo son los verdaderos apasionados.

Karen Arnold también asegura que quienes fueron excelentes en el colegio apoyan el sistema, se vuelven parte de él, pero no lo cambian”.

Sólo los que tienen pasión por algo, y van hasta las últimas consecuencias, logran grandes cambios.

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¿Sacabas buenas calificaciones en el colegio? ¿Estás de acuerdo con estas opiniones?