Nos encontramos inmersos en un mundo en el que el cambio climático ya ha comenzado a mostrar sus consecuencias en el ambiente. Sumado a la falta de empatía y crecimiento del consumismo por parte de las personas, estas parecen empeorar cada vez más.

Otra cuestión que nos condiciona como sociedad es la crisis energética, efecto directo del abuso de recursos naturales como fuentes de energía. Estos no solo comienzan a terminarse, sino que las fuentes energéticas tradicionales suben sus precios y ya dejan de ser accesibles para todos.

En este contexto se vuelve necesario buscar alternativas sostenibles y responsables con el ambiente. En este marco, comenzó a crecer el mercado de las casas bioclimáticas o “pasivas”, ques surgieron en Estados Unidos como alternativa a la crisis del petróleo de los años 70.

Se las denomina casas pasivas por su carácter receptor, es decir, porque reciben energía externa natural en vez de generarla por sí mismas. Una casa bioclimática aprovecha la radiación solar, el aislamiento, la ventilación e incluso el terreno. También completa sus fuentes de energía mediante las renovables, con placas fotovoltaicas entre otros métodos.

La arquitectura bioclimática se basa en el diseño de viviendas que se adapten al ambiente, mediante la optimización del consumo de recursos naturales. Por eso, buscan alimentarse de energías renovables, como el sol o el viento. En 2010, se registraron alrededor de 25.000 viviendas de este tipo, con especial presencia en Escandinavia.

¿Cómo construir una casa bioclimática?

Para conseguir una vivienda con estas características, hay varios aspectos a tener en cuenta:

- La necesidad de la ventilación correcta y aislamiento de las paredes para conseguir que se mantenga correctamente la temperatura.

- Es fundamental tener en cuenta la orientación de la construcción, para aprovechar al máximo las horas de luz.

- Utilizar materiales naturales y locales tanto como sea posible.

- Reciclar todos los residuos que se pueda: la basura orgánica, por ejemplo, realizando compost, o el agua de la ducha que dejamos perder hasta que se calienta, para usarla en el riego o para lavar.

- El color de los techos y de las paredes también influye: mientras que los claros reflejan la luz, los oscuros absorben la luz y, por lo tanto, el calor. Un tejado claro, frente a uno oscuro, reduce la absorción de calor en un 50%

Es nuestra responsabilidad para con nosotros mismos, la naturaleza y las generaciones futuras, cuidar nuestro planeta y sus recursos naturales. Por eso, es importante prestar atención e implementar estas propuestas más sustentables que nos impulsan hacia un lugar de más cuidado y empatía.

Fuentes

Ecoportal