El miércoles 24 de junio a las 18:04 hora local, un primer sismo de magnitud 7,2 sacudió el estado de Yaracuy, en el noroeste de Venezuela, con epicentro a 21 kilómetros de profundidad cerca de la ciudad de San Felipe, a unos 200 kilómetros de Caracas. Treinta y nueve segundos después, un segundo movimiento de magnitud 7,5 golpeó la misma zona, esta vez a 10 kilómetros de profundidad. La secuencia generó pánico generalizado, edificios derrumbados y una alerta de tsunami para Puerto Rico y las Islas Vírgenes estadounidenses, que luego fue levantada.

Las autoridades venezolanas reportaron 164 muertos y cerca de 1.000 heridos, además de al menos 30 réplicas registradas en las primeras horas. Las cifras, en actualización permanente, posicionan este evento entre los más devastadores de la historia sísmica del país.

Un fenómeno poco habitual: qué es el doblete sísmico

Lo que ocurrió en Venezuela tiene nombre técnico. El Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos identificó la secuencia como un "doblete sísmico", un fenómeno en el que dos terremotos de gran magnitud ocurren con pocos segundos de diferencia en la misma zona. No es el patrón habitual: lo más frecuente es que un solo sismo libere toda la tensión acumulada en una falla. En un doblete, la rotura de un segmento desencadena la de otro cercano, generando dos eventos casi simultáneos de magnitud comparable. Para terremotos de estas características, las zonas de ruptura pueden alcanzar 150 kilómetros de longitud por 20 o 40 kilómetros de ancho, lo que explica por qué quienes lo vivieron sintieron una sacudida continua, casi imposible de distinguir como dos eventos separados.

Por qué Venezuela es un país de alto riesgo sísmico

El evento del 24 de junio no fue un accidente geológico. Venezuela se encuentra sobre el límite entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, dos grandes bloques de la corteza terrestre cuya interacción genera actividad sísmica constante a lo largo del norte del país.

Ese límite atraviesa Venezuela de oeste a este, desde la frontera con Colombia hasta el litoral central, pasando por el occidente venezolano. En esa franja se concentra la mayor parte de la sismicidad del país, y en ella opera la falla de Boconó, una fractura geológica de unos 500 kilómetros de longitud que cruza los Andes venezolanos desde el estado de Táchira, en el suroeste, hasta las costas del Caribe cerca de Morón, en Carabobo.

Junto a la falla de Boconó, el país cuenta con otros sistemas activos igualmente significativos: la falla de San Sebastián, que recorre paralela a la costa norte desde el estado Falcón hasta Miranda y afecta especialmente a ciudades costeras y a Caracas; y la falla de El Pilar, que atraviesa el oriente entre Sucre y Monagas. También existen estructuras menores pero capaces de generar sismos de consideración, como las fallas Oca-Ancón, Valera, La Victoria y Urica.

El resultado de esta configuración es un riesgo concentrado donde vive más gente. Aproximadamente el 80% de la población venezolana reside en zonas de alta amenaza sísmica, y la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) lleva años advirtiendo que el crecimiento urbano sobre áreas críticas agrava la exposición.

El historial lo confirma: el terremoto de 1812 destruyó Caracas con una magnitud estimada en 7,7 y dejó entre 15.000 y 20.000 víctimas; el de Caracas de 1967, de magnitud 6,7, provocó el colapso de edificios y causó más de 236 muertos; y el de Cariaco en 1997, de magnitud 7,0, dejó 73 fallecidos.

Venezuela no está en el Cinturón de Fuego, pero la coincidencia no es casual

El mismo día, California, Perú y Japón registraron movimientos de magnitud moderada a fuerte vinculados al Cinturón de Fuego del Pacífico, la región que concentra cerca del 90% de la actividad sísmica mundial. La coincidencia temporal generó inquietud, pero los organismos sismológicos son precisos al respecto: los terremotos venezolanos corresponden a sistemas tectónicos distintos, separados por miles de kilómetros, y no existe evidencia de una relación directa.

El Cinturón de Fuego rodea las costas del océano Pacífico y se extiende por las costas occidentales de América, Alaska, Rusia, Japón, Filipinas e Indonesia, entre otros territorios. Venezuela, en el norte de Sudamérica sobre el Mar Caribe, opera bajo una dinámica tectónica propia. El USGS recuerda que la Tierra registra alrededor de 20.000 terremotos por año, unos 55 diarios, y que las variaciones temporales en la actividad forman parte de la dinámica habitual del planeta.

Cómo ayudar a reconectar familias

Tras la emergencia, surgieron dos herramientas concretas para quienes buscan dar o recibir información sobre personas sin contacto.

La plataforma desaparecidosterremotovenezuela.com es una iniciativa civil que permite reportar personas sin localizar y registrar a quienes ya fueron encontrados con vida. Al momento de publicación, el sitio registraba más de 3.000 personas reportadas, con 106 ya localizadas. Solo se necesita el nombre y el último lugar donde fue vista la persona.

La aplicación Ven App es la herramienta oficial del Estado venezolano para reportar daños y desaparecidos. Está disponible en tiendas de aplicaciones para iOS y Android.