De acuerdo con investigaciones científicas se ha establecido que aproximadamente hace unos ciento veinte mil años surgió una variedad de seres humanos que hoy denominamos homo sapiens-sapiens. Los investigadores estiman que su aceleración evolutiva fue causada por varios factores, entre los cuales se destacan el efecto generado por el desarrollo tecnológico y la progresiva y constante avidez de conocer, enseñar, descubrir y trabajar en grupos colaborativos.

Es difícil imaginar cómo funcionaba la primitiva conciencia que tenía aquel ser humano, que debía enfrentar peligros y tomar decisiones rápidas ante situaciones de las cuales no siempre poseía conocimiento previo.

Siguiendo la línea con que Immanuel Kant define el conocimiento en su Crítica de la razón pura, es fácil suponer que aquel antiguo habitante poseía menos conceptos a priori que lo condicionaran y, por lo tanto, observaba los fenómenos y tomaba decisiones veloces por vía de la intuición pura, sin intervención del conocimiento anterior, que actúa como un condicionante en la interpretación de los hechos y las acciones inmediatas.

Su instinto de supervivencia, aguzado por la necesidad y el uso constante, le indicaba que debía actuar siguiendo su intuición, mecanismo diferente y más rápido que recurrir a un conocimiento basado en análisis surgidos de una razón que observa y procesa, comparando con datos del intelecto.

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No tenemos documentos que permitan comprender con certeza cómo funcionaba ese mecanismo en aquella conciencia de nuestros antecesores y, además, si los tuviéramos seguramente los interpretaríamos en forma equivocada, al observarlos a través del prisma de la cultura e inteligencia actuales. Sin embargo, lo que no podemos negar es que el uso de la intuición les permitió aprender de cada experiencia y sobrevivir como especie.

Con el paso del tiempo, conscientes de esta capacidad humana que es la intuición, filósofos y pensadores fueron elaborando y codificando técnicas de concentración y meditación para entrenarla y desarrollarla de manera efectiva y metódica, especialmente en escuelas filosóficas surgidas hace aproximadamente unos cinco mil años.

El estado de meditación se alcanza al detener la fluctuación de las ondas mentales o, para expresarlo en forma más simple, al parar de pensar. Cuando permanece en estado de concentración profunda, la mente llega a un nivel de saturación y pasa al siguiente estado, la superconciencia, que podríamos denominar también intuición expandida o intuición lineal.

En cierta forma, ponemos en uso aquella capacidad que hace tantos siglos el ser humano ya utilizaba de manera natural y espontánea. Durante mucho tiempo hemos dejado de usarla y la razón se impuso al punto que, si alguien fundamentara sus decisiones en la intuición, su opinión no sería tomada en cuenta con seriedad. Se considera más valioso el proceso lento, menos creativo y transformador, de la razón y el intelecto.

Todo lo que oprime reduce capacidades y resultados. Si la razón oprime a la conciencia y no le permite liberarse y expandirse como superconciencia, se dificulta el proceso de acceder a la meditación y al autoconocimiento.

Coincido plenamente con el Profesor DeRose cuando señala en su libro Mindfulness y meditación: “la conquista de mindfulness y meditación es un proceso de autoconocimiento que constituye una de las tareas más nobles y gratificantes y uno de los mayores desafíos que un ser humano puede enfrentar durante su existencia”.

Por mi experiencia puedo asegurarles que vale la pena poner en práctica esta capacidad tan valiosa y humana.