El suelo es la pieza central de la salud de los ecosistemas y la seguridad alimentaria. Si las características que componen el suelo se ven afectadas, es altamente probable que tanto el medioambiente como las personas tengamos problemas. Aunque mucha gente no es consciente de ello, el cambio climático afecta al suelo de forma directa e indirecta.

Los cambios de forma directa tienen que ver con la temperatura, los niveles de humedad y de nutrientes. Los cambios de forma indirecta surgen como consecuencia de las modificaciones en materia de riego, labranza o cultivos. Cuando se piensa en intentar aumentar el rendimiento del campo, es necesario compensar los problemas surgidos de forma directa.

Erosión del suelo

La erosión del suelo es un proceso geológico en el que el material situado en la capa superficial se desgasta progresivamente por fuerzas naturales como el viento y el agua y cuyo material se ve desplazado por dichas fuerzas. A ello hay que sumarle el impacto humano sobre el propio suelo, como, por ejemplo, el fruto de una mala gestión. En general, la erosión será más o menos severa en función de la intensidad de la naturaleza y de las actividades humanas y afecta principalmente a la capa superior de la tierra, la que contiene más materia fértil.

El cambio climático está acelerando este proceso en muchas partes del mundo, debido a factores extremos como lluvias muy intensas y frecuentes, que además provocan una mayor sedimentación en las masas de agua cercanas; días soleados más calurosos, que secan el suelo y lo hacen vulnerable al viento; o incendios forestales cada vez más comunes y devastadores, pues el fuego destruye por completo las propiedades del suelo. Estos problemas, a su vez, impulsan el cambio climático, pues el suelo almacena una gran cantidad de dióxido de carbono que, liberado, acaba de nuevo en la atmósfera.

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Control de la erosión

La erosión del suelo puede evitarse o, al menos, reducir su impacto gracias a la labranza de conservación y otros métodos diseñados para tal fin. Normalmente, cuanto mejor se trabaje el suelo, mayor estabilidad habrá y menor será el efecto erosivo. La mayoría de las siguientes prácticas forman parte de la agricultura regenerativa. Hay que tener en cuenta que cada tipo de suelo requiere un tratamiento específico.

Existen diferentes tipos de labranza, como labranza mínima, labranza de conservación o labranza cero, también conocida como siembra directa. Al labrar, las capas del suelo del suelo se destruyen y pierden sus propiedades, por lo que las ventajas de la labranza de conservación son evidentes. Los principios de la labranza de conservación están en línea con intentar alterar lo menos posible el suelo, de modo que se reduzca la erosión y las escorrentías, además de evitar las pérdidas de nitrógeno y dióxido de carbono del suelo. En esa misma línea va la idea de aumentar la materia orgánica del suelo, como material animal y vegetal en descomposición, para mantener el suelo “pegado” entre sí y con la cantidad necesaria de nutrientes.

Otras técnicas también usadas para reducir la erosión son las prácticas de pastoreo rotativo, para permitir que la vegetación crezca lo suficiente sin perturbaciones o plantar vegetación como árboles, arbustos y setos para que las raíces fijen el suelo y, además, sirvan como pantalla ante el viento.

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Informe de la ONU

Un estudio del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas reveló el alarmante problema que sufre el planeta en la actualidad: se pierde suelo por medio de la erosión varias veces más rápido de lo que se “crea” de forma natural.

La mala gestión de la tierra y los efectos del cambio climático dificultan y limitan la capacidad de regeneración del suelo y los ecosistemas que habitan en él. La falta de regeneración repercute en la capacidad de producir alimentos. De hecho, en Estados Unidos la mitad de las tierras de cultivo y un tercio de los bosques tiene el suelo degradado.

Cómo prevenir la erosión del suelo

Más allá de las técnicas de agricultura mencionadas anteriormente, la erosión es algo que afecta a zonas que, aunque no se usen para ninguna actividad empresarial, su deterioro puede conducir a problemas que sí afecten a zonas con actividad empresarial a modo de cadena. Revegetar las zonas pobres en vegetación es una de las soluciones más simples y usadas, bien plantando nuevas unidades de árboles y arbustos o colocando mantillo sobre el suelo.

Otras actividades de apoyo a una menor erosión del suelo son el apoyo a organizaciones ecologistas que trabajan para cuidar el medioambiente o apoyar a las explotaciones agrícolas y ganaderas locales que trabajan de acuerdo a principios como deforestación cero o pastoreo sostenible.

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