El origen: un zoológico para el “capo”
Todo empieza en los años 80, cuando Pablo Escobar construyó la Hacienda Nápoles, una propiedad de 2.000 hectáreas a unos 250 kilómetros de Bogotá, en Antioquia. Parte del proyecto fue un zoológico privado que albergó cientos de animales exóticos traídos de distintas partes del mundo.
Los primeros hipopótamos que llegaron eran machos, traídos desde África. Pero Escobar quería que se reprodujeran y ordenó conseguir una hembra. Esa hipopótama arribó desde un zoológico en Texas y se convirtió en el origen genético de todos los que hoy habitan Colombia.
Cuando Escobar fue abatido por la policía en diciembre de 1993, la hacienda pasó al Estado colombiano. Los animales fueron trasladados a zoológicos o murieron, pero los hipopótamos eran otra historia: su peso y su agresividad territorial hacían casi imposible capturarlos. Las autoridades optaron por dejarlos ahí. Ese fue el error que lo desencadenó todo.
La expansión: sin depredadores, sin frenos
El río Magdalena resultó ser un ecosistema ideal: les ofrece agua permanente, pastizales con los 35 a 50 kilos de hierba que consumen a diario, y ningún depredador que los amenace. Según un estudio de la Universidad de Florida, la población crece al 9,6% anual, una tasa sin parangón en el continente de origen de la especie.
Los números cuentan la historia por sí solos:
1993: cuatro ejemplares quedan libres tras la muerte de Escobar
2009: ya son 27; ese mismo año, la agencia ambiental Cornare abate a uno apodado "Pepe"
2023: la población estimada llega a 168 individuos
2024: el conteo oficial del Ministerio de Ambiente registra entre 180 y 200 individuos en más de 43.000 kilómetros cuadrados de cuenca hídrica. El Guinness World Records los reconoce ese año como la especie invasora más grande del planeta
El impacto ecológico: más allá de la foto simpática
Los hipopótamos depositan grandes volúmenes de materia orgánica en ríos y humedales, lo que altera la composición química del agua, dispara la proliferación de cianobacterias y se vuelve inhabitable para peces y otras especies acuáticas. Desplazan al manatí, la nutria neotropical, el chigüiro y el caimán de anteojos. El Ministerio de Ambiente identificó que su dieta incluye al menos tres especies de flora endémica cuyo riesgo de extinción todavía no ha sido evaluado.
A esto se suma el riesgo directo para las comunidades ribereñas y pesqueras, que a lo largo del río Magdalena han sufrido ataques, y los machos adultos pueden llegar a pesar hasta tres toneladas.
El hipopótamo fue incluido en la lista de especies exóticas invasoras de Colombia recién en marzo de 2022, lo que permitió al gobierno diseñar medidas concretas para controlar la especie.
La decisión del gobierno Petro: eutanasia para 80 ejemplares
En abril de 2026, el Ministerio de Ambiente colombiano anunció la medida más polémica hasta ahora: autorizar un protocolo para sacrificar a 80 hipopótamos. La ministra Irene Vélez justificó la decisión afirmando que era lo técnicamente recomendado, avalado por un comité de expertos.
La advertencia era clara: sin intervención, para 2030 habría al menos 500 hipopótamos afectando ecosistemas y especies nativas como el manatí y la tortuga de río. Las estimaciones más largas del propio ministerio proyectan que la cifra podría superar los mil animales en 2035.
El programa de esterilización que venía desarrollándose resultó insuficiente frente al ritmo reproductivo de la especie. La ministra también señaló que los animales presentan una mutación genética producto de la endogamia, lo que habría llevado a varios países a rechazar previamente la posibilidad de recibirlos.
La propuesta desde India: Anant Ambani y el centro Vantara
El 28 de abril pasado, un nombre inesperado entró al debate. Anant Ambani, hijo del millonario Mukesh Ambani —considerado el hombre más rico de Asia—, solicitó formalmente al gobierno colombiano suspender la decisión y permitir el traslado de los 80 animales a su centro de conservación Vantara, en el estado de Gujarat, India.
En sus propias palabras: "Estos 80 hipopótamos no eligieron dónde nacer ni crearon las circunstancias que ahora enfrentan". Ambani, fundador de Vantara, define su proyecto así: "En los animales veo a Dios y Vantara es un templo". El centro fue inaugurado oficialmente en marzo de 2025 por el primer ministro Narendra Modi y se extiende sobre más de 1.400 hectáreas.
Las sombras sobre Vantara
La propuesta llegó con sus propias preguntas. Expertos en conservación han advertido sobre la cantidad masiva de animales que alberga el centro, incluida la importación de especies en peligro crítico, lo que genera dudas sobre las condiciones reales de bienestar.
La Secretaría de CITES, tras una misión de verificación en septiembre de 2025, advirtió deficiencias en los procesos de importación de fauna silvestre hacia Vantara y recomendó suspender las importaciones de especies del Apéndice I —las más amenazadas— hasta fortalecer los controles.
A la dimensión ética se suma la logística: operaciones similares han estimado costos cercanos a los 3,5 millones de dólares para mover a estos animales a otros países. Hasta el cierre de esta nota, el gobierno colombiano no había confirmado si evaluará formalmente la propuesta.
Un problema sin solución fácil
Cuatro décadas después del capricho de un narcotraficante, Colombia enfrenta una de las situaciones de gestión de especies invasoras más complejas del mundo. El dilema condensa tensiones que la conservación conoce bien: el peso del bienestar individual frente al impacto colectivo sobre el ecosistema, la soberanía ambiental frente a la presión internacional, y la diferencia entre conservación real y coleccionismo privado.
Lo que empezó en la Hacienda Nápoles hace 40 años sigue sin tener un final claro.