La deforestación podría estar guiando la próxima pandemia: ¿cómo la pérdida de bosques favorece la expansión de enfermedades?.
La relación entre la deforestación y el surgimiento de nuevas enfermedades ya no es una hipótesis lejana. Cada vez más estudios científicos advierten que la destrucción de ecosistemas naturales está creando las condiciones ideales para que virus y bacterias salten de los animales a los humanos, aumentando el riesgo de futuras pandemias.
La expansión de la frontera agrícola, la urbanización descontrolada y la tala ilegal están modificando el equilibrio entre especies, acercando a las personas a patógenos que antes circulaban únicamente en la vida silvestre.
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Mosquitos, deforestación y enfermedades emergentes: una conexión directa
Cuando los bosques se fragmentan o desaparecen, muchas especies pierden su hábitat natural. En ese proceso, animales, insectos y humanos comienzan a compartir espacios que antes estaban separados. Los mosquitos, en particular, se adaptan con rapidez a estos entornos alterados.
Diversas investigaciones muestran que la deforestación favorece la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como dengue, zika, chikungunya y malaria. Los claros en los bosques, el aumento de la temperatura y el agua estancada generada por actividades humanas crean un ambiente perfecto para su reproducción.
El salto de los virus: cuando el equilibrio natural se rompe
Los ecosistemas saludables funcionan como una barrera natural frente a muchas enfermedades. La biodiversidad actúa diluyendo la transmisión de patógenos. Sin embargo, cuando se eliminan especies y se degradan los hábitats, ese efecto protector desaparece.
La pérdida de biodiversidad aumenta la probabilidad de zoonosis, es decir, enfermedades que pasan de animales a humanos. La pandemia de COVID-19 reforzó la preocupación global sobre este fenómeno, que ya había sido advertido por la ciencia desde hace décadas.
Deforestación y salud humana: un problema ambiental y sanitario
La Organización Mundial de la Salud y distintos organismos ambientales coinciden en que la crisis climática y la crisis sanitaria están profundamente conectadas. La deforestación no solo contribuye al cambio climático, sino que también debilita las defensas naturales del planeta frente a brotes epidémicos.
Regiones con alta pérdida de bosques tropicales muestran un aumento en enfermedades transmitidas por vectores, afectando especialmente a comunidades vulnerables con menor acceso a sistemas de salud.