A pocos días de la competencia, pautada para el 29 y 30 de agosto, la postal en las playas de Pinamar, provincia de Buenos Aires, es desoladora. Palas mecánicas y retroexcavadoras avanzan a paso firme sobre la arena para construir un circuito de 3,2 kilómetros paralelo a la Avenida del Mar (entre los balnearios El Pájaro y Rada Beach). El objetivo: preparar el terreno para que unos 350 pilotos de motos y cuatriciclos aceleren frente al mar.

Sin embargo, el evento chocó de frente con un masivo rechazo comunitario. El pasado sábado 22 de agosto, cientos de vecinos y especialistas en ambiente de Pinamar se congregaron en las inmediaciones del balneario Cocodrilo en una fuerte protesta para alzar la voz contra el uso de la playa como pista de carreras. El frente de esta lucha cuenta con la activa participación de la @fundacionecologicapinamar, quienes vienen documentando y denunciando cómo se vulnera un espacio natural que debería estar protegido.

La postura de los vecinos es clara: no se oponen al deporte, ni a la generación de movimiento turístico o económico. Lo que consideran inadmisible es que el beneficio económico a corto plazo de un fin de semana justifique la degradación de los bienes naturales que sostienen la identidad y el futuro de Pinamar.

Un ecosistema frágil convertido en pista

El corazón del reclamo es el gravísimo impacto ambiental directo. Los médanos y la playa no son simples montículos de arena que se pueden mover a capricho; son un ecosistema vivo y la principal barrera natural para mitigar la erosión costera.

El despliegue de maquinaria pesada y la inminente carrera generan daños alarmantes:

La falsa promesa de la "reparación exprés"

Ante las críticas, los organizadores aseguran que el diseño buscó evitar áreas de recuperación dunícola y prometen que, una vez finalizada la carrera, la fisonomía de la playa será "recompuesta en 72 horas". No obstante, ambientalistas y expertos advierten que la restitución superficial de la arena no revierte el impacto ecológico producido. Un ecosistema degradado, compactado y expuesto a fluidos mecánicos no se regenera en tres días.

A esta situación se suma la denuncia impulsada por los propios vecinos autoconvocados y la @fundacionecologicapinamar, quienes señalaron que los movimientos de suelo comenzaron sin contar con los estudios de impacto ambiental completos y vulnerando normativas municipales clave que restringen la circulación de vehículos y protegen el frente costero.

Desarrollar un evento de motocross de esta magnitud sobre uno de los ecosistemas más delicados es un retroceso ambiental. La verdadera riqueza de la costa no radica en ser el escenario de un espectáculo efímero, sino en su preservación natural para las futuras generaciones. La playa pública, definitivamente, no es un circuito.