Durante décadas, una de las preguntas más fascinantes de la ciencia no tuvo respuesta: ¿de dónde provinieron las primeras moléculas que hicieron posible la vida en la Tierra? Ahora, un descubrimiento publicado en la revista Nature Astronomy aporta una pieza fundamental para resolver ese rompecabezas. Por primera vez, un equipo internacional de investigadores logró detectar una molécula de azúcar en el espacio interestelar, demostrando que algunos de los ingredientes esenciales para la vida pueden formarse mucho antes de la existencia de planetas.

El hallazgo se produjo en una nube molecular cercana al centro de la Vía Láctea, una vasta región compuesta por gas y polvo donde nacen nuevas estrellas. Aunque estos ambientes parecen hostiles por sus bajas temperaturas y la intensa radiación, desde hace años los científicos saben que funcionan como verdaderos laboratorios químicos naturales, capaces de producir una enorme diversidad de moléculas orgánicas.

Hasta ahora se habían identificado cientos de compuestos diferentes en estas nubes, incluidos algunos considerados precursores de aminoácidos y otros componentes fundamentales para la biología. Sin embargo, nunca se había encontrado una molécula de azúcar de manera inequívoca.

ESA/Hubble & NASA, A. Sarajedini, G. Piotto

La protagonista de este descubrimiento es la eritrulosa, un azúcar simple formado por cuatro átomos de carbono, ocho de hidrógeno y cuatro de oxígeno. Aunque en nuestro planeta puede encontrarse de forma natural en frutas como las frambuesas, su presencia en el espacio representa una evidencia de que la química necesaria para producir compuestos biológicamente relevantes comienza mucho antes del nacimiento de los sistemas planetarios.

Para detectar esta molécula, el equipo utilizó dos radiotelescopios de alta sensibilidad que observaron durante largos períodos las regiones más densas del medio interestelar. Cada molécula gira y vibra de una manera particular, emitiendo señales de radio con frecuencias características. Esas emisiones funcionan como una especie de huella digital. Al comparar las señales registradas en el espacio con las obtenidas previamente en experimentos de laboratorio, los investigadores pudieron confirmar la presencia de la eritrulosa.

El proceso no fue sencillo. Debido a la enorme cantidad de moléculas presentes en estas nubes, muchas señales pueden superponerse o confundirse. Por eso, el equipo verificó repetidamente los datos para descartar errores o falsas identificaciones. Tras múltiples comprobaciones, la coincidencia resultó concluyente.

La importancia del hallazgo va mucho más allá de la detección de una nueva molécula. Durante años, los científicos intentaron recrear en laboratorio las condiciones de la Tierra primitiva para explicar cómo pudieron originarse los primeros azúcares necesarios para la aparición de la vida. Sin embargo, muchos de esos experimentos no lograban producir estas moléculas en cantidades suficientes, dejando abierta la posibilidad de que parte de esos compuestos hubiera llegado desde el espacio.

Esa hipótesis ganó fuerza en las últimas décadas gracias al análisis de meteoritos y asteroides, donde se detectaron diversos azúcares, entre ellos ribosa y glucosa. La misión japonesa Hayabusa2 y la misión estadounidense OSIRIS-REx, que estudió el asteroide Bennu, encontraron compuestos orgánicos complejos que demostraban que estas moléculas podían sobrevivir durante millones de años en cuerpos rocosos del Sistema Solar.

Sin embargo, seguía faltando una pieza esencial: demostrar que esos azúcares podían formarse originalmente en el medio interestelar, antes incluso de que existieran los asteroides que luego los transportarían.

NASA, CSA, ESA, F. Belfiore (European Southern Observatory – Germany), J. Lee (Space Telescope Science Institute), A. Leroy (The Ohio State University), and D. Thilker (The Johns Hopkins University); Processing: Gladys Kober (NASA/Catholic University of America)

La detección de la eritrulosa aporta precisamente esa evidencia. Según los investigadores, este azúcar podría generarse mediante reacciones químicas que ocurren sobre diminutos granos de hielo presentes en las nubes moleculares. Con el tiempo, esos materiales pasan a formar parte de los discos donde nacen estrellas y planetas, incorporándose luego a cometas, meteoritos y asteroides.

Los científicos incluso estiman que, durante los primeros cientos de millones de años de la historia terrestre, entre cientos de miles y decenas de millones de toneladas de este tipo de azúcar pudieron haber llegado al planeta transportadas por impactos extraterrestres. Si bien esa cantidad todavía presenta un amplio margen de incertidumbre, sugiere que el aporte de materia orgánica desde el espacio pudo haber sido mucho mayor de lo que se pensaba.

El descubrimiento también tiene profundas implicancias para la búsqueda de vida fuera de la Tierra. Si los procesos químicos capaces de generar azúcares ocurren de forma natural en distintas regiones de la galaxia, entonces los ingredientes básicos necesarios para construir ARN y ADN podrían estar mucho más distribuidos de lo imaginado.

Eso no significa que exista vida en todas partes. La aparición de organismos requiere una larga cadena de procesos físicos, químicos y biológicos que todavía no comprendemos por completo. Sin embargo, sí refuerza la idea de que algunos de los componentes esenciales para que la vida surja podrían ser relativamente comunes en el universo.

Como suele ocurrir en ciencia, el hallazgo también abrió nuevas preguntas. Una de las mayores sorpresas fue que los investigadores no encontraron una molécula de azúcar más simple, formada por tres átomos de carbono, cuya presencia parecía mucho más probable según los modelos químicos actuales. Esta ausencia desafía las teorías existentes y obliga a revisar cómo se forman estos compuestos en el espacio.

NASA, ESA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI)

El próximo objetivo del equipo será buscar moléculas todavía más complejas, como la ribosa y la desoxirribosa, los azúcares que forman parte de la estructura del ARN y el ADN. Si algún día logran detectarlas en el medio interestelar, el escenario sobre el origen de la vida podría cambiar aún más profundamente.

Cada nuevo avance en astrobiología demuestra que el universo no es solo un escenario donde nacen estrellas y galaxias, sino también un inmenso laboratorio químico. Las mismas moléculas que hoy forman parte de todos los seres vivos podrían haberse originado hace miles de millones de años en las frías nubes de polvo que flotan entre las estrellas.

Comprender cómo se ensamblaron esos primeros ingredientes no solo ayuda a reconstruir nuestro propio pasado. También amplía las posibilidades de responder una de las preguntas más antiguas de la humanidad y si la química de la vida puede surgir de manera natural en distintos rincones de la galaxia, quizás la Tierra no sea el único lugar donde esa historia logró escribirse.