“En algún lugar del universo dos agujeros negros colisionan —tan pesados como estrellas, tan pequeños como ciudades, literalmente agujeros (huecos vacíos) negros (la completa ausencia de luz). Ligados por la gravedad, en sus últimos segundos juntos los agujeros giran miles de veces sobre el punto en el que acabarán tocándose, agitando el espacio y el tiempo hasta que chocan y se funden en un agujero negro más grande. Los agujeros negros colisionan en completa oscuridad. Ningún telescopio podrá ver tal suceso. Una astronauta flotando cerca de ellos no verá nada, pero su sistema auditivo se pondrá a vibrar. Ella podría oír la onda. En la más absoluta oscuridad, ella podría oír el timbre del tiempoespacio. Cuando los agujeros negros colisionan producen un sonido”.

El inicio del libro "Black Hole Blues" es una muestra perfecta de cómo la divulgación científica y la literatura pueden crear obras maestras. La poesía es mucho más de lo que la gente cree. Estrellas, hoyos negros, billones de años luz que nos separan de supernovas, meteoritos y sobre todo, un vacío inexplicable que nos obliga a preguntarnos lo mismo que se cuestionaron los primeros humanos al ver las estrellas: ¿Quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos? 

Nuestro lugar en el espacio y tiempo es limitado, efímero e insignificante ante la inmensidad del universo. Somos diminutos, pero en esa pequeñez sobresalimos al ser capaces de preguntarnos, imaginar, investigar y hasta teorizar acerca de los misterios del universo. 

Grandes filósofos y poetas han cuestionado nuestro lugar en el mundo, pero personajes como Carl Sagan, Stephen Hawking o Albert Einstein han sido los verdaderos poetas de las estrellas y el cosmos. Sus frases pretenden despertar nuestra curiosidad acerca de lo que hay más allá de nuestras narices. 














Por último, Un punto azul pálido, una hermosa reflexión de Carl Sagan sobre nuestro planeta.

"Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez oíste hablar, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

 La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido".

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