Nadie podría negar la importancia de las mujeres a la hora de dar la vida. Sin embargo, en lugar de ser protegidas y respetadas, aun hoy continúan siendo un género muy golpeado por la pobreza, la vulneración de derechos, la violencia y la desigualdad en todos los planos de su vida. Lo más grave de esta situación es que se ha vuelto tan naturalizada que hasta resulta difícil percibirla; por eso hay formas de cosificación en las cuales posiblemente ni hayas reparado hasta ahora. 

Pero las mujeres no solo tienen la posibilidad natural de dar vida, sino que además tienen en sus manos la clave para lograr un mundo sin hambre ni pobreza. No resulta casual entonces que sea un género tan golpeado. Quizá en esa crítica situación se esconda su fortaleza. 

Así lo explicó José Graziano da Silva, Director General de la  FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura): “Alcanzar la igualdad de género y empoderar a las mujeres no sólo es lo correcto, sino que es un ingrediente fundamental en la lucha contra la pobreza extrema, el hambre y la malnutrición”. 

Ellas representan el 45% de los trabajadores agrícolas en los países de desarrollo, llegando al 60% en zonas de África y Asia. Por eso, mejorar las condiciones de igualdad para las mujeres rurales se vuelve central. 

"Todo es cuestión de oportunidades. Las evidencias demuestran que cuando las mujeres cuentan con oportunidades, los rendimientos en sus explotaciones aumentan y también sus ingresos. Los recursos naturales se gestionan mejor. Mejora la nutrición. Y los medios de subsistencia están más protegidos”, explicó José, enfatizando en el poder multiplicador de la mejoría en los derechos de las mujeres. 

Esto va unido, a su vez, a la idea de que la agricultura ecológica es la mejor forma de alimentar al mundo, como señalaba un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). 

El cuidado de la naturaleza, la consideración de los ciclos naturales y la actividad biológica del suelo, el uso responsable de los insumos, y el evitar recurrir a fertilizantes y plaguicidas artificiales, hace de este tipo de agricultura,  la posibilidad de aportar grandes ventajas sociales, económicas y ambientales que, si son fomentadas a nivel político, podrían ampliarse y garantizar la seguridad alimentaria, un modelo libre de transgénicos y diversificado.

Un ejemplo de este trabajo es el Movimiento Cinturón Verde, mediante el cual las mujeres pueden generar ingresos a través de la silvicultura y la apicultura.

Según señalaron, si un tercio de las mujeres realmente tuvieran el mismo acceso a los recursos que los hombres, habría 150 millones menos de personas hambrientas en el mundo. Y esto, a su vez, tiene un "efecto dominó", ya que los niños con madres sanas, con recursos económicos y de formación, tienen mejores perspectivas de futuro.  Y este efecto, asimismo, llega a todas las comunidades y sigue expandiéndose. 

Porque, aunque casi la mitad de los trabajadores agrícolas del mundo son mujeres, ellas tienen menos del 20% de la propiedad de las tierras que trabajan. Y, a su vez, el 60% de las personas que sufren hambre en el planeta son mujeres o niñas. 

"Si queremos de verdad poner fin a la pobreza y al hambre de una vez por todas, necesitamos ampliar todos nuestro apoyo a las mujeres de las zonas rurales. Como forma de invertir en las familias, en nuestras comunidades, en nuestras sociedades y en el futuro de nuestro planeta", dijo el Comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo.   

Por eso, hay que poder ver en ellas un motor de crecimiento, y trabajar por su empoderamiento para tener una sociedad con menos inequidad, pobreza y hambre.