Hace algunos meses Emma Morosini soplaba noventa y un velas de su torta de cumpleaños. No estaba rodeada de su familia, pero sí de nuevos amigos. Es que, en realidad, su casa natal está en Castiglione delle Stiviere, en la provincia de Mantua, al norte de Italia. Sin embargo, en esta ocasión se encontraba en camino hacia la Basílica de Luján, en Buenos Aires, Argentina.Emma lleva recorridos en su vida varios miles de kilómetros y va por más. Ha caminado los suelos de Polonia, Israel, México, en donde peregrinó al Santuario de Guadalupe; y Brasil, en donde caminó hasta el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Aparecida desde la ciudad de Salvador. Esta vez su recorrido comenzó en Tucumán y piensa terminarlo cerca de 1000 kilómetros después, en la Basílica de Luján.

Lo que hace, explica, es un “sacrificio para la Virgen por la paz en el mundo, la juventud y por todas esas familias que hoy están divididas”. Emma sale a la ruta a las 6 de la mañana, camina cuatro o cinco horas todos los días y el resto del tiempo descansa. “Soy feliz caminando”, dice Emma, que comenzó su travesía el 27 de diciembre pasado.

Viste un chaleco naranja para que los automovilistas la puedan ver a lo lejos y trae consigo una valija donde simplemente lleva pan, agua y leche en polvo. El resto lo recibe del apoyo de las personas que va conociendo en el camino. “Los policías tucumanos me decían que no podía hacerlo porque voy sola y estoy muy anciana; y por la inseguridad y la droga, pero en el camino sólo encontré amistad y buena voluntad de la gente”, declara la intrépida abuelita.La pequeña mujer lleva anteojos, gorro para el sol y zapatillas deportivas. Sin embargo, no hay nada pequeño en lo que hace esta valiente mujer: el año pasado sufrió un accidente automovilístico que le afectó el andar. “Los médicos me dijeron que no iba a poder seguir caminando, sin embargo estoy aquí”, dice con su sonrisa, entre italiano y español. Emma no piensa frenar el paso; sigue caminando con un ritmo que sorprende y una sonrisa en su rostro, según han dicho los que la han visto pasar.

No sólo eso, de regreso a Italia, quiere conocer al Papa Francisco. Emma explica que es “muy devota de la Virgen, que es una, pero tiene diversas advocaciones. El Papa Francisco despertó mi amor por la Virgen del Luján, entonces decidí que ése sería el próximo santuario”.
Mientras llega a destino, se muestra sorprendida por el cariño de la gente: “Nunca pensé recibir tanta gracia”.Emma Morosini es pura vitalidad y fe. Camina gracias a la fuerza del amor y la firme convicción en la caridad de las personas. Quienes cruzan su camino dicen quedarse con el mejor recuerdo de esta increíble mujer que contagia su espíritu joven y sin pretextos. Un ejemplo de vida, de amor y de que ninguna excusa es válida para no cumplir los objetivos que uno se plantea.

Fuentes:http://www.lagaceta.com.ar/https://www.aciprensa.comhttp://www.nuevodialeones.com/www.facebook.com/paginaaregntinosalerta