Todo empezó con una pregunta que, en cualquier otro contexto, sonaría absurda. A principios de mayo, en medio de las tensiones entre Irán y Estados Unidos por el control del estrecho de Ormuz, una periodista le consultó al secretario Pete Hegseth si Irán podría estar usando delfines con fines militares. Hegseth respondió que podía confirmar que Irán no tiene delfines para desplegar, pero que no confirmaría ni negaría si Estados Unidos los tiene. Con esa frase, el tema explotó en redes y medios de todo el mundo. El nombre que empezó a circular, "delfines kamikaze", mezcla en dos palabras décadas de historia real con especulación sin respaldo.
El Programa de Mamíferos Marinos de la Marina de Estados Unidos entrena principalmente delfines nariz de botella y leones marinos de California para tareas como protección de puertos, detección y limpieza de minas, y recuperación de equipos submarinos. Veterinarios militares están vinculados al programa desde su inicio formal en 1959. No es un proyecto experimental ni marginal: está integrado al Naval Information Warfare Center Pacific, con sede en San Diego, y opera de forma continua hasta hoy.
El fundamento es biológico, no caprichoso. Los delfines poseen un biosonar altamente evolucionado, sin parangón en la tecnología artificial para detectar objetos en la columna de agua y en el fondo del mar. Los leones marinos aportan visión excepcional en condiciones de poca luz y audición direccional bajo el agua. Ningún sistema artificial ha logrado replicar del todo esas capacidades en entornos de aguas oscuras o con fondo irregular. Los propios líderes del programa reconocen que trabajan hacia un futuro en que la tecnología permita prescindir de los animales, y señalan que los delfines ya fueron reemplazados por drones en al menos una de sus misiones históricas.
El historial operativo es extenso. Los delfines militares fueron utilizados por la Marina durante la Guerra de Vietnam y en las dos guerras del Golfo. En 2003, durante la invasión a Iraq, animales entrenados detectaron minas en las inmediaciones del puerto de Umm Qasr antes de que las tropas desembarcaran. El perfil histórico del programa es posconflicto: los animales entran cuando los combates activos ya cedieron, para limpiar corredores seguros de minas.
Lo que hay detrás del nombre
El término "kamikaze" generó morbo, pero también distorsionó el debate. Lo que existe, documentado desde 1959, es un programa militar que usa animales silvestres entrenados para detectar minas y proteger instalaciones navales. Que eso no sea una misión suicida no lo hace menos cuestionable: sigue siendo fauna marina al servicio de conflictos humanos, bajo condiciones que ningún océano puede replicar.
La conexión con Irán, por su parte, nunca pasó de versiones sin confirmación pública. Irán compró delfines entrenados en el año 2000, aunque probablemente sean demasiado viejos para ser utilizados hoy, y no hay indicios de que el país tenga un programa activo. Lo que sí existe, y opera, es el programa estadounidense.
La pregunta que el debate dejó sin responder
Cada vez que la geopolítica hace visible este programa, el foco va al mito y no a lo que implica para los animales. Una revisión reciente publicada en PMC/National Institutes of Health sobre bienestar de cetáceos en cautiverio concluye que, pese a mejoras en algunas instalaciones, persisten desafíos serios: el contraste entre el cautiverio y la complejidad del ambiente natural es estructural. El Animal Welfare Institute es más directo: ningún tanque ni recinto marino puede proveer ni remotamente la complejidad de los hábitats costeros o del mar abierto.
La Marina responde que sus animales reciben atención veterinaria permanente y que el programa avanza hacia reemplazarlos con tecnología cuando sea posible. Es un argumento que existe, y también uno que esquiva la pregunta central.
Porque al final, el debate no es sobre si los delfines son o no kamikazes. Es sobre si tiene sentido seguir entrenando animales para resolver guerras que los humanos eligen pelear. Una pregunta que la viralización del término enterró justo cuando más valía hacerla.