El 1 de octubre de 2025, en Castel Gandolfo, en las afueras de Roma, el Papa León XIV hizo algo que ningún pontífice había hecho antes. Apoyó la mano sobre un bloque de hielo que goteaba en el escenario y lo bendijo. La imagen dio la vuelta al mundo y, para algunos, quedó como una rareza. Vista con más atención, resume bastante bien hacia dónde va la agenda ambiental del Vaticano bajo su pontificado.
Un hielo con historia
El gesto ocurrió en la apertura de la conferencia Raising Hope on Climate Change, organizada por el Movimiento Laudato Si’ junto con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, para celebrar los diez años de la encíclica ambiental del Papa Francisco. Participaron más de mil representantes de organizaciones ambientales e indígenas, además de figuras como Marina Silva, ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil.
El bloque venía del fiordo Nuup Kangerlua, en Groenlandia, y tenía unos 20.000 años. Se había desprendido de la capa de hielo y lo trasladó a Italia el artista danés-islandés Olafur Eliasson, con el apoyo del geólogo Minik Rosing, como parte de Ice Watch, el proyecto con el que Eliasson lleva bloques de hielo glaciar a espacios públicos para que la gente vea, toque y escuche cómo se derriten. Ya lo había hecho en París durante la COP21.
Mientras el agua corría, León XIV pidió que esa agua «despierte nuestros corazones, purifique nuestra indiferencia». En el discurso, además, fue concreto. Planteó que hay que pasar de la recopilación de datos al cuidado y de los discursos ambientales a una conversión que transforme los estilos de vida personales y comunitarios. También animó a la sociedad a presionar a los gobiernos para que aprueben normas más estrictas.
El gesto tuvo críticos. Desde sectores tradicionalistas de la Iglesia lo leyeron como una distracción frente a otras urgencias religiosas, y en Estados Unidos hubo voces conservadoras que volvieron a la etiqueta de “Papa woke”. El primer Papa estadounidense quedaba así en medio de una discusión que en su país sigue muy polarizada.
La herencia de Francisco
Para entender por qué un Papa bendice un hielo hay que volver a 2015. Ese año, Francisco publicó Laudato Si’, la primera encíclica dedicada por completo a la crisis ambiental. Su aporte central fue la idea de ecología integral, que une la degradación del planeta con la desigualdad social bajo una fórmula que se volvió célebre, escuchar a la vez el grito de la Tierra y el grito de los pobres. Salió meses antes del Acuerdo de París y tuvo eco mucho más allá de la Iglesia católica.
Ocho años después, en 2023, Francisco publicó la exhortación Laudate Deum, un texto más breve y más duro. Constataba que la respuesta internacional había sido insuficiente, cuestionaba el negacionismo climático y apuntaba directamente a los países con mayores emisiones.
León XIV, elegido en mayo de 2025, eligió no romper con esa línea. Su primera gran aparición ambiental fue justamente el aniversario de Laudato Si’, y la frase “cuidar la casa común” sigue apareciendo en casi todos sus mensajes sobre el tema.
“Pecado contra la Creación”: el documento que va más allá
El paso más reciente llegó el 2 de septiembre de 2026. Con autorización de León XIV, la Comisión Teológica Internacional publicó Cuidar nuestra Casa común. Respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario, fruto de reflexiones desarrolladas entre 2022 y 2025.
El texto parte de un diagnóstico sin rodeos. Repasa la pérdida de biodiversidad, que define como un factor clave para la seguridad alimentaria y no como un lujo exótico, la contaminación del aire, el deterioro del agua y el impacto de la guerra sobre los ecosistemas. Y sostiene que, frente a una crisis sin precedentes, no alcanzan los cambios técnicos en producción, consumo, transporte y energía. Hace falta un cambio en los valores culturales, una conversión ecológica en la forma de vivir.
La parte más novedosa es lingüística. El documento propone hablar de “pecado contra la Creación y contra el Creador” para el daño ambiental. La Comisión explica que eligió esa fórmula para evitar dos cosas, un lenguaje puramente científico o jurídico, como el término “ecocidio”, y la dispersión de responsabilidades que suele diluir quién es culpable de qué. Es una decisión interesante en un momento en que el ecocidio se discute como posible crimen internacional. La Iglesia no se suma a ese vocabulario, pero eleva el daño ambiental a la categoría moral más grave que tiene a mano.
El texto también descarta dos extremos. Por un lado, el antropocentrismo depredador que trata al ser humano como dueño absoluto de la naturaleza. Por otro, el biocentrismo que absolutiza la naturaleza. En el medio ubica un “antropocentrismo situado”, donde las personas son administradoras y no propietarias. Y baja a lo cotidiano con frases como «cada acto de compra es un acto moral», además de reclamar una responsabilidad diferenciada según el peso de cada país, con un llamado a la austeridad especialmente dirigido a las naciones ricas.
Rumbo a la Amazonía
Ahora el Papa recorre Sudamérica. Según el programa oficial del viaje, estará en Uruguay del 6 al 8 de noviembre, en Argentina del 8 al 11, con actividades en Buenos Aires, Claypole, Córdoba y Luján, y en Perú desde el 11, antes de regresar a Roma el 17.
Perú es el tramo más personal. León XIV fue misionero en ese país durante décadas, obispo de Chiclayo y tiene la ciudadanía peruana. El 15 de noviembre llegará a Pucallpa, capital de Ucayali, donde tiene previsto un encuentro con misioneros y representantes de los pueblos amazónicos a orillas del río, seguido de una misa.
La parada no es menor. La Amazonía ocupa un lugar especial en el pensamiento ambiental de la Iglesia desde el Sínodo de 2019 y la exhortación Querida Amazonia que Francisco publicó en 2020, donde los pueblos indígenas aparecen como interlocutores y no solo como destinatarios de ayuda.
En Castel Gandolfo, el símbolo de la crisis fue un bloque de hielo traído por un artista para que mil personas lo vieran derretirse. En Pucallpa no hará falta escenografía. Las personas con las que se va a reunir conocen el cambio climático sin mediación, en los ríos que bajan de nivel, en los incendios y en la presión sobre sus territorios. Habrá que ver si el Papa que pidió pasar de los datos al cuidado encuentra ahí algo más que una foto.