La Amazonía brasileña registró su menor tasa anual de deforestación desde que comenzaron los registros oficiales, en 1988. Los datos, presentados por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, muestran que entre agosto de 2025 y julio de 2026 se destruyeron 3.335 kilómetros cuadrados de bosque, un 41,8% menos que en el período anterior.

El anuncio representa una noticia alentadora para la conservación de uno de los ecosistemas más importantes del planeta y un respaldo a la política ambiental impulsada por Lula desde su regreso a la presidencia en enero de 2023. En cuatro años, la deforestación acumuló una caída del 71,2%, según las cifras oficiales del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE).

Brasil alberga cerca del 60% de la Amazonía, la mayor selva tropical del mundo. Su conservación es fundamental para la biodiversidad, la regulación de los ciclos del agua y la absorción de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global.

“Es una caída absolutamente estratosférica, es como un sueño”, celebró el ministro brasileño de Medio Ambiente, João Paulo Capobianco, al presentar los resultados en Brasilia.

El presidente también destacó los avances y reiteró su compromiso de alcanzar la deforestación ilegal cero para 2030, una de las metas ambientales de su administración.

Amazonía /Pexels

Qué permitió reducir la destrucción de la selva

Las cifras oficiales se obtienen mediante Prodes, el sistema de monitoreo satelital del INPE que mide la superficie deforestada durante el período comprendido entre agosto y julio del año siguiente. Esta metodología permite comparar los resultados anuales y evaluar la evolución de la pérdida de vegetación nativa.

Uno de los factores centrales detrás de la reducción fue la reactivación de las políticas de prevención y control de la deforestación. Al asumir su tercer mandato, Lula recuperó el Plan de Acción para la Prevención y el Control de la Deforestación en la Amazonía Legal, conocido como PPCDAm, una estrategia creada durante su primer gobierno y que había sido desactivada durante la presidencia de Jair Bolsonaro, entre 2019 y 2022.

El plan contempla el fortalecimiento de la vigilancia y la fiscalización, la gestión de áreas protegidas, el control de las actividades ilegales y el impulso de alternativas económicas que permitan generar ingresos sin destruir el bosque. También se recuperó el protagonismo de organismos ambientales encargados de combatir los delitos contra la naturaleza.

El contraste con la administración anterior es significativo: durante el gobierno de Bolsonaro, la deforestación amazónica aumentó alrededor de un 60%. Con Lula, la tendencia se revirtió y alcanzó ahora su mínimo histórico.

La mejora también se observó en el Cerrado, la sabana tropical situada al sur de la Amazonía y reconocida por su extraordinaria biodiversidad. Entre agosto de 2025 y julio de 2026, la superficie de vegetación nativa destruida en este bioma fue de 5.517 kilómetros cuadrados, casi un 24% menos que en el período anterior. También se trata del nivel más bajo desde que comenzaron las mediciones, en 2001.

Para Márcio Astrini, secretario ejecutivo de la red ambientalista Observatorio do Clima, los resultados representan una conquista histórica y demuestran que la voluntad política puede contribuir a frenar la destrucción de los bosques y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Sin embargo, el descenso de la deforestación no significa que la Amazonía esté fuera de peligro. Los incendios, la degradación forestal, la expansión de las actividades agropecuarias, la minería ilegal y la presión sobre los territorios indígenas siguen siendo desafíos centrales. Mantener los resultados dependerá de la continuidad de los controles, los recursos destinados a la protección ambiental y las decisiones políticas de los próximos años.

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El balotaje: qué puede pasar si gana Lula o Flávio Bolsonaro

El futuro de la Amazonía también está en juego en las elecciones presidenciales de Brasil. Este domingo 25 de octubre, Lula se enfrentará en el balotaje al senador conservador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Aunque el candidato del Partido Liberal promete terminar con la deforestación ilegal para 2029, sus propuestas sobre regulación ambiental abren interrogantes sobre la continuidad de las políticas actuales.

Si Lula consigue la reelección, se espera que mantenga la estrategia de fiscalización, monitoreo satelital y protección de los bosques que permitió alcanzar el récord de reducción. Su programa plantea llegar a la deforestación neta cero para 2030, fortalecer las políticas de conservación y promover actividades económicas vinculadas con la biodiversidad. De todos modos, su gestión también ha recibido críticas de organizaciones ambientalistas por iniciativas relacionadas con la expansión de la explotación petrolera, entre ellas los proyectos en la región de la desembocadura del río Amazonas.

Una victoria de Flávio Bolsonaro podría introducir cambios importantes en la política ambiental. Su programa propone revisar el funcionamiento de organismos como el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama), modificar los procedimientos de licenciamiento ambiental y ampliar la exploración de gas mediante fracturación hidráulica, conocida como fracking. También plantea otorgar autorizaciones ambientales si los organismos responsables no responden dentro de los plazos establecidos.

Estas propuestas, junto con sus críticas a las restricciones ambientales, generan preocupación entre especialistas y organizaciones conservacionistas, que advierten sobre el riesgo de debilitar los controles y revertir parte de los avances recientes. El antecedente de su padre refuerza esas inquietudes: durante su presidencia aumentó considerablemente la deforestación y se desactivaron herramientas de control que Lula recuperó después.

No obstante, el resultado dependerá de las políticas que efectivamente se implementen, de la capacidad de los organismos públicos y de las decisiones del Congreso. Aunque Flávio promete eliminar la deforestación ilegal, todavía existen interrogantes sobre cómo compatibilizaría esa meta con su propuesta de flexibilizar determinadas regulaciones.

La elección tendrá consecuencias que exceden las fronteras brasileñas. La Amazonía cumple un papel decisivo en el equilibrio climático mundial y alberga una enorme diversidad de especies y comunidades. La caída histórica de la deforestación demuestra que las políticas públicas pueden marcar una diferencia concreta. El desafío será sostener esa tendencia en el tiempo y evitar que los avances conseguidos se conviertan en una excepción.