Un poco de historia

La producción artesanal de ladrillos es una actividad antigua, de tipo familiar y que actualmente se encuentra fuertemente arraigada a la economía popular. Los orígenes del ladrillo pueden remontarse hace más de 7.000 años A.C (antes de cristo) en las comunidades agrícolas de la Mesopotamia [1]. Aun así, existen indicios de la utilización de ladrillos cocidos al sol en la región de Palestina hace más de 9000 años A.C.[2] A lo largo del tiempo y desde su invención, la técnica de fabricación ha evolucionado según las necesidades y los recursos disponibles de las comunidades.

En tiempos actuales, y de acuerdo con el diagnóstico internacional del Programa Eficiencia Energética en Ladrilleras Artesanales de América Latina (EELA, 2016), existen aproximadamente 45.000 productores ladrilleros ubicados en 9 países. Debido a su bajo costo de producción, versatilidad y durabilidad, el ladrillo, como material de construcción, ha tenido siempre una alta relevancia.

Esta actividad se caracteriza por desarrollarse principalmente en zonas periurbanas, generalmente cercanas a viviendas, y donde existe accesibilidad a la materia prima necesaria. A su vez, es llevada a cabo mediante la utilización de un horno ladrillero u horno de cocción que suele situarse en el mismo sitio donde se localiza la vivienda de los productores. Resulta importante destacar que este oficio representa en muchos casos el principal sustento económico de los artesanos y las familias de los mismos.

¿Cómo es el proceso de fabricación?

El proceso de producción se inicia con la extracción de la arcilla a través de excavaciones pequeñas, las cuales pueden realizarse de modo manual o a través de maquinaria. Es habitual que la localización de los hornos sea la misma donde se realiza esta etapa. Dichos hornos son confeccionados con los mismos ladrillos y de manera artesanal. A continuación se deberá realizar la mezcla de materiales o preparación del barro para posterior moldeado. Esta mezcla es realizada en pisaderos (clásicos pozos circulares) y generalmente se adicionan otros materiales (en proporciones muy variables) como aserrín, viruta de madera, estiércol, ceniza, cáscaras de arroz, entre otros.

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Una vez que la mezcla plástica es moldeada a su forma clásica de ladrillo, el material crudo es depositado en canchas o playas de secado. El paso siguiente es la preparación y carga del horno, que se continúa con el proceso de cocción, el cual puede durar entre 5 y 7 días con una combustión continua y permanente. No obstante, el tiempo de cocción varía según el combustible utilizado y el tipo de horno. Este combustible puede variar desde la utilización de gas o leña hasta aserrín, hojas y diversos artículos de plástico y neumáticos usados.

Existen distintos tipos de hornos ladrilleros que varían en su forma (generalmente trapezoidal o rectangular), tamaño, capacidad y eficiencia energética (la mayoría poseen la problemática de generar combustión incompleta). Durante la cocción pueden alcanzar temperaturas de hasta 1000 °C. Una vez finalizada la cocción y pasado el tiempo de enfriamiento, el cual puede durar algunos días, se procede a la descarga del horno.

¿Qué problemáticas ambientales y sociales trae acarreada esta actividad?

La producción artesanal de ladrillos, aun siendo la principal actividad socio económica y de subsistencia de los artesanos, posee diversos impactos tanto ambientales como en la salud humana. Esto transforma a este oficio en una actividad en muchos casos tan necesaria como controversial. Por esta razón, en muchos países de Latinoamérica (Argentina, México, Bolivia, entre otros) ha sido foco especial de estudio con el objetivo de lograr la implementación de mejoras en términos de infraestructura y condiciones generales de realización.

En primer lugar, la fabricación artesanal de ladrillos se caracteriza por ser, en la mayoría de los casos, una actividad con condiciones de trabajo y de vida de extrema precariedad, elevada informalidad, y tecnificación muy baja. Esto genera, ciertamente, una problemática social muy marcada y difícil de abordar.

En términos ambientales, la extracción de arcilla y tierra genera no solo un impacto paisajístico sino también una decapitación de la capa superficial y más fértil del suelo, con la consecuente generación de cavas de distinto tamaño. Si bien existen diversos impactos asociados a este oficio, el impacto ambiental tal vez más significativo se constituye de las emisiones de gases tóxicos, material particulado y gases de efecto invernadero a la atmósfera. Dichas emisiones están compuestas de material particulado, monóxido de carbono (CO), compuestos orgánicos volátiles (COV), dióxido de nitrógeno (NO2), dióxido de azufre (SO2), metales pesados, dióxido de carbono (CO2), hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), bifenilos policlorados (BPC) y dioxinas, entre otros [3].

Si bien las características de las emisiones dependen de los tiempos de cocción y el tipo de horno, el combustible juega un papel clave, considerándose el principal problema económico y ambiental que afecta a esta microindustria [4]. La utilización de diversos elementos plásticos y neumáticos usados como combustible genera la emisión de gases especialmente tóxicos como dioxinas, furanos y distintos tipos de hidrocarburos.

Es importante destacar que la vida de los productores se desarrolla en el mismo sitio y generalmente gira en torno a esta actividad artesanal. De esta manera, los artesanos se encuentran expuestos a emisiones de gases altamente tóxicos durante tiempos muy prolongados. Sumado a esto, dichas emisiones pueden afectar significativamente las viviendas circundantes.

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En muchos casos, la emisión de los contaminantes se ha correlacionado directa e indirectamente con diversas afectaciones en la salud humana (enfermedades cerebrales, sanguíneas, irritación ocular, síntomas respiratorios, entre otros) [5,6,7,8] . A su vez, la manipulación manual de arcillas, dependiendo de cómo se realice la mezcla, puede también producir diversas problemáticas en la salud.

Si bien las problemáticas ambientales y sanitarias en torno a la actividad son significativas, existen medidas que pueden implementarse para mitigar los impactos mencionados. Algunas de ellas pueden ser la modificación del tipo de horno (para mejorar la eficiencia energética y eliminar la combustión incompleta), utilización de combustibles adecuados y seguros, mejoramiento de las condiciones laborales y socioeconómicas, obtención de materia prima habilitada, entre otras. No obstante, resulta imprescindible que dichas medidas, agrupadas en planes y programas integrales orientados al sector, sean impulsadas y llevadas a cabo por autoridades municipales y/o provinciales y articuladas con los mismos productores.

REFERENCIAS

[1] Quiteño, A.A. 2015. La cal como elemento que mejora la resistencia en la producción del ladrillo de adobe en el departamento de Ahuachapán. Facultad de Ingeniería y Arquitectura Universidad Católica de El Salvador, El Salvador.

[2] Lopez-Arce, P. 2012. Caracterización de ladrillos históricos. En Fort, F y Perez- Monserrat, E (coor). La conservación de los geomateriales utilizados en el patrimonio. Curso posgrado CSIC. (75.86). Madrid: Universidad complutense de Madrid, Universidad de Alcalá y Consejo superior de Investigaciones Científicas.

[3] Skinder B, Sheikh A, Pandit A, Ganai B. 2013. Brick kiln emissions and its environmental impact: A Review. J Ecol Nat Environ. 6(1):1-11. https://doi.org/10.5897/JENE2013.0423.

[4] Bruce C.W., Corral A.Y., Lara A.S. 2007. Development of cleaner burning brick kilns in Ciudad Juárez, Chihuahua, México. J. Air & Waste Manage, 57, 444–456.

[5]Aponte Coronado C. H.; Silva Vinazco J. P.; Laín Beatove, S. 2010. Inventario de emisiones de contaminantes atmosféricos primarios de fuentes fijas puntuales en la Comuna 4 de la ciudad de Cali. El Hombre y la Máquina, 34, 106-144

[6] Guttikunda S. K.; Goel R. 2013. Health impacts of particulate pollution in a megacity-Delhi, India. Environmental Development, 6, 8-2.

[7] Munawer E. M. 2018. Human health and environmental impacts of coal combustion and post combustion wastes. Journal of Sustainable Mining, 17, 87-96.

[8] Kampa M, Castanas E. 2008. Human health effects of air pollution. Environ Pollut. 151(2):362-7. https://doi.org/10.1016/j.envpol.2007.06.01