Yamay significa sentirse bien. Y no, no se trata de un simple artilugio de marketing que vendría al dedillo en estos tiempos de (post)Covid donde todo el mundo anhela el bienestar. Yamay logró eso de “sentirse bien” desde sus inicios, hace ya varios varios años, en gran parte porque además de todo lo lindo que hay para ver y para conectarte con la naturaleza, aquí te recibe Pipi, el mejor anfitrión que te puede tocar. Sí, Pipi te recibe en Yamay, donde puedes quedarte a dormir, hacer astroturismo, aprender de permacultura, tomar mate con coco y miel (es una gran experiencia, no te preocupes) y visitar el almacén con productos elaborados por artesanos y productores del lugar.

Todo esto lo puedes apreciar aquí a 220 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina  donde puedes vivir toda una experiencia de turismo sustentable, construcción natural y, a la vez, dormir en una yurta, una carpa (fija) hermosa, gigante, con piso de madera y con parte del techo transparente para que puedas mirar el cielo mientras estás acostado (de noche se ven las estrellas). Es glamping, sí, pero más cálido todavía. Hay 4 yurtas de distinto tamaño.


En Yamay vas a encontrar compromiso con el ambiente, conexión con la naturaleza, comida simple y rica y paz mental. Si hace mucho calor tienes la piscina que antes solía funcionar como un tanque australiano, con las típicas paredes de chapa ahora reconstruidas con ladrillo. ¿Y sabes qué? te puedes bañar sin sentir que estás malgastando agua ya que para evitar la utilización de químicos, una vez que el molino llena la pile el excedente sigue su camino hacia el parque y se reutiliza para riego, reverdeciendo el lugar e invitando a las especies de la zona a visitarlo. Es el pequeño oasis de Yamay.

Además de todo esto, si te quedas un par de días y de pronto te dan ganas “de urbanidad”, en unos pocos kilómetros estás en la ciudad de Las Flores, donde puedes ir a tomar una cerveza, ver un espectáculo, o darte una vuelta por el Museo Histórico, que está muy bueno.

Pero si todo lo que quieres es naturaleza y silencio, tu lugar ya sabes dónde está. Conozcamos a Pipi, su gentil anfitrión: 

Es una vivienda que tiene en cuenta dónde se va a ubicar y qué materiales hay en la zona para su construcción. También planifica cómo optimizar todos los recursos renovables que hay al alcance.


Varios años. Y lo sigo eligiendo.

Rara vez me ocurre. Además, suelo tener muchas visitas.

Claro, de vez en cuando me doy una vuelta. Pero como aquí hay muchas cosas que me gusta hacer, me entretengo bastante estando solo en casa.

Sí, a veces también con nueces, que va genial con la miel que se produce por aquí.

Vivo en el mejor lugar del mundo. Además, no hay dónde escapar: si hay algo que aprender, nos va a seguir a todos lados.

Fotos: LL y Yamay