La industria textil genera 1.200 millones de toneladas de dióxido de carbono al año y sus cadenas de producción son responsables de un altísimo consumo de agua, según un informe de la Fundación Ellen MacArthur.

En este contexto, en el que naturalizamos el consumo desmedido y la industria del fast fashion -un sistema en el que se extraen enormes cantidades de recursos no renovables para producir prendas que se usan por poco tiempo y se descartan inmediatamente después-, cada vez son más los emprendimientos de ropa que proponen llevar el mundo de la moda hacia uno más sustentable.

Con el fin de favorecer la economía circular y reducir los residuos de la industria, ya existen algunas startups que le permiten a sus usuarios suscribirse a cambio de un surtido de ropa que pueden usar durante un mes.

En España es posible alquilar ropa en plataformas como Ouh Lo Là, Pislow o Rental Mode. Aunque también hay aplicaciones, como Wardrobe, que permiten alquilar prendas directamente del armario de otra persona.

La idea de alquilar ropa en lugar de comprarla empezó gracias a Rent the Runway, una compañía fundada en 2008 con un valor de 1 billón de dólares en la actualidad.

Hacia una industria de la moda más consciente

¿A qué se debe el éxito de este nuevo mercado de la moda? En gran parte, a un cambio de mentalidad en las nuevas generaciones, que comienzan a tomar más consciencia del impacto ambiental de esta industria.

Por el mismo motivo, el mercado de segunda mano -o de ropa vintage- también ha crecido mucho en los últimos dos años y sigue creciendo a un ritmo 24 veces más rápido que el de la nueva confección, con unos ingresos de 24.000 millones de dólares en Estados Unidos durante 2018.

En la industria de la moda, se pierden más de 500 mil millones de dólares cada año debido a la subutilización de la indumentaria y la falta de reciclaje: todo para que el 70% de la ropa que compramos acabe en la basura en un par de años, hasta el punto de que el 35% de microplásticos que flotan en el océano provienen de todas esas prendas abandonadas, sostienen desde la Fundación MacArthur.

Estas propuestas se contraponen al modelo lineal predominante: en una economía circular, la ropa, los textiles y las fibras nunca terminan como desperdicios. Esta perspectiva basada en los valores de la sustentabilidad -que, en este caso, también puede llamarse "moda circular"- promueve el uso de recursos renovables, usa la energía de una manera más eficiente y preserva la naturaleza.

Los productos y materiales en sí mismos se conciben y diseñan con el objetivo de ser aprovechados al máximo, reutilizados y portadores de ciclos de vida mucho más largos. El modelo circular, entonces, tiene en cuenta las necesidades del negocio, pero también los costos ambientales y sociales de la producción.

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