Cada vez que quiero pensar una idea nueva o crear algo nuevo, me voy a un sitio tranquilo, silencioso. Todas las mañanas me levanto, hago yoga, ejercicios de respiración y medito. Todo eso me lleva una hora aproximadamente, así que me levanto temprano.

Después de las prácticas, me preparo un mate y me siento a mirar para el jardín, siempre con un cuadernito, y leo libros que contienen la sabiduría de la India en lenguaje muy simple escritos por mi maestro. Este texto surge de ese estado de paz, antes de agarrar el teléfono y que se activen todas las conexiones con el exterior.

EL BUScADOR SINCERO: Silencio

Lo primero que hacemos al llegar a este mundo es tomar una gran inhalación y lo ultimo que hacemos es exhalar y descansar, dice mi maestro.

Todo momento esta sostenido por nuestra respiración. Cuando te contienes para no decir algo, cuando largas todo, cuando te atraviesa una emoción, fíjate como respiras.

El enojo hace la respiración más agitada, la calma, más pausada. Los celos, el entusiasmo, cada emoción y situación tiene su propio ritmo de respiración. Si cambiamos el ritmo, ¡transformamos la emoción!

Observa tu respiración ahora, mientras lees. Quédate observando. Observar nuestra respiración es el primer paso para la meditación. Solo eso, es meditar.

Pero, ¿la meditación no es una técnica milenaria que tiene varios pasos para poder poner la mente en blanco?, me preguntan. La única vez que nuestra mente va a estar en blanco es cuando realicemos nuestra última exhalación.

La naturaleza de la mente es pensar. No intentemos que deje de pensar. Nos vamos a quedar trabados ahí, esforzándonos, sin avanzar. Dejemos que la mente piense, mientras observamos los pensamientos pasar como si fueran nubes, inhalando y exhalando.

Y sin expectativas, en ese ejercicio de observar la mente y los pensamientos, ¡ya estamos meditando!

¿Quién es el que observa los pensamientos? Hay alguien dentro nuestro que puede mirar a los pensamientos aparecer e irse. A ese alguien lo llamamos “el observador” o el “ser”. Ese alguien somos nosotros.

Al inicio, dimos una gran inhalación, nuestro pulmones se llenaron de oxigeno y exhalamos; dejamos ir el aire. Generamos espacio para volver a llenar los pulmones en la siguiente inhalación, y exhalamos.

Y otra vez generamos espacio para que entre el aire. Comenzó el baile, comenzó esta experiencia humana. Nos damos cuenta de que el espacio es tan necesario como el aire.

Para que la vida se mantenga en funcionamiento, para que la energía se mantenga fluyendo necesitamos espacio. En casa, en las conversaciones, en las relaciones, etc.

Cuando hablamos estamos en la exhalación. Cuando inhalamos estamos en el silencio, y es ahí donde escuchamos, es ahí donde observamos. Hay mucho más que palabras para escuchar. Hay sensaciones, percepciones, pensamientos, memorias, gestos.

El silencio es como un océano lleno de vida, de vibraciones. Pasa de todo, todo el tiempo, y sumergirnos en él es lo que llamamos autoconocimiento. Sumergirnos en él es meditación.

El silencio mantiene los espacios en nuestras vidas, está siempre presente. Aunque no dejemos de hablar, siempre hay que detenerse a tomar aire para seguir.

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Breathing words: palabras para respirar

Anímate a mirar a través de las palabras, que expresan mucho más de lo que significan. Una vez fui a una clase de latín, algo que quizás parecería inútil, siendo una lengua muerta. El maestro habló sobre la palabra "fenestra", que significa ventana, y me acorde de la expresión "defenestrar a alguien", tirarle su imagen abajo, tirar su imagen por la ventana. A partir de allí es que miro mas allá de las palabras, y al hacerlo amanecen otros significados. Es un juego que nos abre al universo de la comunicación. Acá les comparto una:

Fuente: cortesía de Miguel Brea