¿Habías escuchado alguna vez el término cultura del descarte? Quedate tranquilo, hasta hace poco yo tampoco lo conocía. Cuando empecé a investigarlo, me di cuenta que estaba frente a una expresión que podría definir el mundo con tan solo tres palabras.

El Papa Francisco fue el primero que comenzó a hablar de la cultura del descarte desde su ascenso al cargo máximo que un líder religioso puede tener. Esta idea parte de una denuncia moral que realiza en defensa de la madre tierra, que nutre y sostiene a los seres humanos, acusando que la sociedad está regida por la lógica del descarte.

Contaminación basura y cultura del descarte

La contaminación producto de la basura es un problema que viene acechando el planeta Tierra desde hace ya varios años. De hecho, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cada año en el mundo se generan más de 50 toneladas de basura electrónica y se producen más de 400 millones de toneladas de plástico en el mundo y sólo un 9 % de los desperdicios producidos son reciclados.

Lo cierto es que la contaminación implica daños en el suelo, aire y agua por la acumulación de residuos no deseados que provocan impactos, muchas veces irreversibles, en el medioambiente.

Claramente, la cultura del descarte forjó durante décadas, la naturalización de utilizar algo y tirarlo sin tener conciencia de donde va a parar y cuál es el impacto que genera en el entorno.

Frente a este contexto, el Papa Francisco afirmó que el hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad: "No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente".

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Cultura del descarte: Papa Francisco

Al recibir a la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Papa Francisco habló sobre el valor intangible de la vida humana. Su testimonio, viralizado por Vatican News fue vital para entender este nuevo concepto de la cultura del descarte: “En realidad, una sociedad merece la calificación de "civil" si desarrolla anticuerpos contra la cultura del descarte; si reconoce el valor intangible de la vida humana; si la solidaridad es activamente practicada y salvaguardada como fundamento de la convivencia”.

¿Esto que quiere decir? Que para él, la sociedad actual es extremadamente consumista, que tiene como prioridad la maximización de las ganancias y que descarta productos e incluso la vida humana: los pobres, los inmigrantes, los ancianos, los niños no nacidos, las personas económicamente vulnerables. Es decir, todos aquellos que no tienen voz.

De hecho, en una entrevista a Henrique Cymerman, el pontífice explicó que: “Creo que estamos en un sistema mundial económico que no es bueno. En el centro de todo sistema económico debe estar el hombre, el hombre y la mujer, y todo lo demás debe estar al servicio de este hombre. Pero nosotros hemos puesto al dinero en el centro, al dios dinero." Y agregó que: "La economía se mueve por el afán de tener más y, paradójicamente, se alimenta una cultura del descarte."

Este testimonio revela que para él la vida humana y el medioambiente ya no son percibidos como valores primarios que hay que respetar, cuidar y proteger, sino como instrumentos de lucro en favor de la economía y el consumo globalizado.

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Cultura del descarte ejemplos

Un claro ejemplo de la cultura del descarte es la clásica botella de plástico. ¿Alguna vez pensaste cuánto tiempo tarda en degradarse una simple botella luego de utilizarla? Seguramente no. Pero lo cierto es que según ciertos estudios, una botella de plástico en el fondo marino tarda 500 años en degradarse. Mientras que un humano quizás solamente la utiliza durante una hora.

Este tipo de descartes desmedidos e inconcientes fue el motivo que llevó a producir en los últimos 10 años más plástico que durante todo el primer siglo de producción. De hecho, las Naciones Unidas predice que para 2050 va a haber más plástico que peces en los océanos, tanto peces como aves aparecen muertos con el tracto digestivo repleto de plástico.

Estas cifras realmente asustan y por ello figuras como el Papa invitan a la reflexión colectiva y una acción de cambio. Pero ¡A no perder la esperanza! Hay personas que siempre intentan colaborar con su granito de arena para hacer de este mundo un lugar mejor. Un verdadero ejemplo es Jerónimo Batista Bucher, un joven científico argentino que creó un vaso biodegradable compuesto de algas con el objetivo de remplazar los descartables y evitar la acumulación de plástico.

Su desarrollo lo llevó a ser elegido por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y por la Universidad de Harvard como uno de los 100 líderes jóvenes del futuro.

¿Y tú qué haces para reducir la basura que generas?