Ingredientes:

-Objetivos: claros sobre lo que voy a decidir.

-Información: acerca de aquello que voy a decidir

-Conocimiento: conocimiento personal además de conocer sobre lo que voy a decidir.

-Selección: entre todas las opciones o la gran mayoría de ellas.

-Elección: la/s mejor/es alternativa/s

-Reflexión: consecuencias positivas y negativas que obtendré decidiendo.

-Análisis: fortalezas y debilidades.

-Coherencia: entre lo que pienso, siento y hago decidiendo.

Hay tantas recetas como personas para tomar decisiones. Esta es una entre ellas, y te puede resultar útil para esos momentos cruciales en los que no sabes como hacer para decidir de la mejor manera.

Toda buena decisión requiere primero ser consciente de que voy a tomar una decisión, esto parece una obviedad pero en realidad no lo es ya que muchas veces lo hacemos de manera automática y como tal no nos damos cuenta, terminando generalmente tomando no tan buenas o malas decisiones. Es el recipiente ideal para esta receta: sin él para contenerlos, los ingredientes se desparraman, la receta no sale bien.

[También te puede interesar: ¿Existe realmente una edad para encontrar tu vocación?.]

Comienza trazando claramente tu objetivo u objetivos, necesarios para que sepas qué ir a buscar porque cuando te lances a investigar seguramente encuentres mucha información además de varias opciones disponibles, entrando a situación dilemática en donde puedes llegar a perderte o confundirte .

Luego, entre todo el material recabado, entre todas las alternativas tenidas en cuenta, selecciona aquello que coincida con tus gustos, intereses, capacidades, habilidades para lo cual mientras más te conozcas y mientras más sepas acerca de lo que vas a decidir, mejor.

El autoconocimiento te permite, además de lo mencionado anteriormente, conectar mejor con lo que piensas y sientes, si a eso le sumas el conocimiento de los pros y los contras, los costos y beneficios, los riesgos y las ganancias de las alternativas que se te presentan, te puedes ir encaminando hacia poder elegir la mejor o las mejores opciones para ti.

Para que la receta salga bien no hay que saltarse los pasos, por lo tanto es muy importante ordenar bien tus ideas, tener claro el o los objetivos, informarse, seleccionar, y conocer sobre la problemática o situación, teniendo siempre presente qué piensas y qué sientes para poder elegir bien.
La elección no será fácil porque tienes que renunciar a todas o casi todas las posibilidades que has encontrado, que muchas veces resultan atractivas, evaluando prioridades para quedarte con sólo una o dos alternativas.

Entonces llega el momento de reflexionar acerca de cuáles serán las consecuencias positivas y negativas, no sólo para tí sino que también para tu entorno, entre las alternativas que has elegido, para luego analizar minuciosamente las fortalezas y debilidades de las mismas además de verificar que todo ello esté de acuerdo con tus sueños y tus valores personales.

Esta mezcla facilita la cocción de una sola opción que trae consigo un cambio o transformación que es coherente, ya que hay correspondencia entre lo que piensas, sientes y haces, porque esta receta ha tenido en cuenta el proceso de elaboración, sacando provecho de cada uno de sus ingredientes para obtener como resultado la decisión más beneficiosa, gratificante y certera posible.

Durante el proceso de elaboración se puede contar con ayuda de otras personas o colaboradores pero a la hora de decidir nadie mejor que tú para hacerlo para así producir mejores resultados en tu vida.

[También te puede interesar: Soltar el miedo y abrazar el cambio.]

Detrás de toda receta, como en este caso la de tomar una buena decisión, está la mano del cocinero o cocinera, su creatividad, capacidad, habilidad, esmero y dedicación para lograr un plato único.