Se llamaba Smoky. Una perrita que estuvo entre los campamentos norteamericanos de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. Su presencia era entretenida, una mascota sanadora para los soldados heridos.

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Una heroína: salvó a 250 hombres

Es una anécdota poco conocida. Mientras los soldados de EEUU estaban en Filipinas, fueron bombardeados por aviones japoneses. Dos unidades militares habían quedado incomunicadas y era necesario recuperar esa comunicación.

Resulta obligatorio colocar un cable telefónico entre los campamentos incomunicados… pero los aviones japoneses detectaban a los soldados intentando cablear y les disparaban. Entonces, usaron a la perrota Smoky para llevar el cable.

Smoky pasó inadvertida, por un tubo de apenas 20 cm de ancho, de un campamento a otro, llevando el cable amarrado a su torso. La perrita dudaba, pero le daban voces y ánimo para que siguiera… y finalmente salió hasta el otro campamento.

Fuente: Fotografía de William A. Wynne

Luego, se convirtió en una “perrita de terapia”

Smoky pertenecía a un soldado llamado Bill Wynne, de 22 años. La había comprado por poco dinero: el animalito estaba desnutrido, aturdido en una trinchera. El soldado quiso quedarse con aquella inesperada mascota.

Fue Bill Wayne quien propuso que su perrita llevase el cable. Luego de esta acción, se convirtió en la mascota consentida de todos. Pero, algo pasó: Bill enfermó de dengue y estuvo varios días bajo cuidados médicos.

Los compañeros de Wayne llevaron a la perrita al sitio donde era atendido por su salud. Pero, la perrita no solo alegró a Bill. Los demás enfermos y heridos se alegraban de verla. Además, las enfermeras adoraban a la perrita.

Algo inusual pasó: los convalecientes mejoraban su estado de ánimo. Esperaban, cada día, que Smoky fuese al hospital. La perrita encantaba a todos cuando perseguía mariposas o labraba respondiendo preguntas.

Bill Wayne quiso asumir aquello como una tarea. Enseñó a Smoky trucos: dar vueltas ante una indicación con sus dedos, quedarse quieta, a rodar sobre una patineta, a ladrar cierta cantidad de veces cuando se le decía un número.

Fuente: Srperro

Smoky se volvió imprescindible entre los heridos y enfermos

En medio de la guerra, la perrita llevó un aire de alivio y alegría. Pero, los soldados también la quería. La tropa se alegraba de verla, de oírla ladrar. Un ejemplo de que acariciar una mascota es una eficaz terapia, tanto en tiempos de paz como en tesituras bélicas.

La anécdota de Smoky es tenido como el “primer caso de perros de terapia”. En la actualidad, se usan canes para tranquilizar a personas con ansiedad. O bien, para ayudar a los niños en procesos de recuperación de salud.

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¿Qué opinas de la historia de la perrita Smoky? Una guerra es algo terrible, pero el simple corazón juguetón de una mascota puede aliviar esa experiencia.

Fuente: nationalgeographic.es.